Una anciana de 98 años, de origen cubano y que lleva varias décadas viviendo en Estados Unidos, nunca ha querido regularizarse por voluntad propia.
Ello supone que, en medio de la complicada situación migratoria que atraviesa el país, la abuelita es en la práctica una indocumentada, según dio a conocer el periodista de Univisión, Javier Díaz, quien omitió la identidad de la nonagenaria por razones obvias. Tampoco reveló la ciudad o el estado en que reside.
Según detalló el comunicador, la cubana decidió no acogerse a la Ley de Ajuste Cubano ni optar por la residencia permanente porque emigró “con la intención de regresar a su país cuando Cuba fuera libre”.
Sin embargo, lo que parecía ser una espera temporal, acabó extendiéndose durante décadas.
Lamentablemente, hoy su situación es, además de inusual, potencialmente riesgosa dadas las nuevas circunstancias en el país.
El periodista calificó el caso como increíble y único; una historia que, en su opinión, inspira por sus “sentimientos de amor a la patria y de patriotismo”.
Lo más leído hoy:
Sin embargo, en el apartados comentarios de su publicación, las opiniones fueron divididas.
Críticas, dudas y preocupación: Así reaccionaron los cubanos a la historia
Lejos de generar un consenso, la historia de la anciana despertó un amplio debate en redes sociales, especialmente en las plataformas de Instagram y Facebook, donde fue compartida por el propio periodista.
Si bien algunos reconocieron el gesto como una muestra de fidelidad a la patria, la mayoría de los comentarios fueron críticos, señalando imprudencia, ingenuidad o incluso una visión poco realista del exilio.
“Discúlpame, pero creo que eso fue una total ignorancia de su parte”, escribió una usuaria, reflejando un sentir común.
Otro comentó: “Yo no lo llamaría principios, es falta de astucia”.
Las dudas sobre cómo pudo vivir sin papeles durante tanto tiempo también se repitieron: “¿Cómo trabajó? ¿Tiene licencia? ¿Seguro médico? ¿Cómo sobrevive sin documentos?”, se preguntó un internauta, cuestionamiento replicado en numerosos mensajes.
Algunos calificaron la decisión como irresponsable, especialmente en un país con un sistema que exige legalidad para acceder a servicios básicos.
Otros apuntan que muchos cubanos mantuvieron una actitud similar en los primeros años, hasta que se dieron cuenta de que el tema iba para largo. Otros sí llevaron hasta el final su espera, solo que no han vivido como la anciana de esta historia, 98 años.
“Mucho amor a la patria, ¿y a qué vino entonces?”, ironizó alguien.
También se manifestaron preocupaciones sobre las consecuencias que podría enfrentar la adulta mayor tras hacerse pública su historia.
“Que se cuide de ICE, que no cree en nada”, sentenció alguien.
Varios cubanos coincidieron en que la historia, más que inspiradora, es triste e incluso frustrante.
“Me parte el alma pensar que pueda terminar sus días en una situación tan incierta”, comentó una usuaria.
Otro, sin perder el humor ácido, escribió: “Si deportan a una señora de 98 años, se jodió el mundo”.
Aunque hubo algunos mensajes de apoyo o empatía, como “Dios la bendiga y que no la deporten”, o “Esa es una patriota de verdad”, fueron los menos. La mayoría de los usuarios se inclinó por criticar la falta de previsión legal, incluso quienes dijeron compartir el deseo de regresar a una Cuba libre.
“Yo también quiero volver a mi país cuando sea libre, pero mientras tanto tengo que estar bien aquí. Una cosa no tiene nada que ver con la otra”, afirmó un usuario.
Otro comentó con resignación: “Pobre abuela, lo que ella espera de Cuba ya no lo verá en vida”.
En resumen, la historia ha desatado un reflejo colectivo de los dilemas del exilio: entre el apego emocional a la isla y la necesidad de construir una vida estable lejos de ella, aunque implique decisiones difíciles.
Archivado en:
