¿Ignorancia o crueldad? La prensa oficial cubana sobre la pesca de langostas

Este artículo es de hace 4 años

Un extenso artículo publicado por el medio oficial Granma sobre la producción langostera en La Coloma ha responsabilizado a la ausencia de frentes fríos de las afectaciones en los planes previstos pues incidieron en que la langosta no “caminara hacia la superficie en los meses de la corrida” y determinaron que se no “llegara a las 2 mil 123 toneladas planificadas para el año”.

Para muchos cubanos, leer en la prensa oficial notas dedicadas al exquisito, pero vetado crustáceo, supone mayormente leer una especie de literatura de ficción sobre una realidad que desconocen y que no les compete, pero si se pasan la indiferencia y desagrado iniciales y se decide entrar de lleno en la nota, se recibirá en recompensa una presentación vergonzosa y desfachatada de cómo se trata y se concibe al consumidor cubano.

Basta con tomar una de las primeras frases donde se indica que “la mayor capturadora de esos crustáceos en el país busca en el año recién nacido alternativas para saciar las demandas domésticas”, para preguntarse si es desconocimiento, ingenuidad, oportunismo o simple crueldad lo que motiva a hablar de satisfacción y de demanda de un consumo doméstico de langosta en Cuba. Deberá volverse al logotipo y tipografía de la publicación para comprobar que, en efecto, la frase ha sido pronunciada en un medio cubano y se refiere a las langostas.

Tan insostenible es hablar de demandas domésticas en Cuba de langostas que el párrafo siguiente deja en clara evidencia que la producción del crustáceo en la Isla no se destina a consumo doméstico -tampoco son necesarias contradicciones como estas para que quede en evidencia el sin sentido de la frase-. Si de la captura de langosta “normalmente se exporta entre un 90 y un 95% y el resto se envía al sector turístico”. ¿Dónde ha quedado, de pronto, escondido el porcentaje que correspondería satisfacer las demandas domésticas? ¿Acaso se ha ido con las afectaciones productivas de alrededor de 300 toneladas? Sabemos que no.

Sin embargo, es de agradecer que se hable tan directa y abiertamente de a dónde van a parar las cosas y se señalen los productos que nunca llegarán a la canasta básica del cubano.

“Hoy la prioridad de la pesca es el mercado interno en divisa porque el turista cuando llega a Cuba pide pescado”, declara al medio cubano Midalys Naranjo, directora de producción, tecnología y calidad de la Empresa Pesquera Industrial La Coloma (EPICOL)

Llama la atención la naturalidad, casi desfachatez, con que se declara que los productos de peor calidad son los que se destinan para el consumo nacional.

Las mejores capturas de cualquier especie se dirigen al turismo en diferentes presentaciones: pescados eviscerados, escamados, en minutas o filetes o, en menor medida, hechos picadillo.

El artículo, igualmente, apunta a un panorama más halagüeño en la captura de los túnidos, incluido el bonito “en parte enviado al mercado en divisa y con bastante representación en la red nacional”, pero no aclara si por tal se refiere a los sitios de venta en moneda nacional o los de divisa.

Refiere por último, un tercer grupo de peces o “escama –que abarca al resto de las especies de peces-” , a partir de una “escala de siete grupos de pescados, calificados de acuerdo con la calidad de las escamas” en cuyo punto superior se hayan especies como el pargo, el peto o la cherna y en último la sardina y el machuelo, esos que precisamente son los que “se venden de forma liberada y no en la distribución normada a la población”.

Una vez más, son los consumidores nacionales los que se llevan la peor parte, pues no solo ni las langostas ni los pescados con mejor calidad de escamas son los que se les venden liberados sino aquellos que se ganan el peor lugar del escalafón.

Aunque el propósito de la nota no fuera este, constituye, sin dudas, una presentación certera y ajustada de los productos que se destinan para el consumo nacional y el maltrato que padece cliente cubano.

(Imagen tomada de Pinaescudero)

Este artículo es de hace 4 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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