Donal Duarte Foto © Radio Guamá

El misterio en torno al caso Donal Duarte

Este artículo es de hace 3 años

En el ocaso de su carrera Donal Duarte no tiene voz ni defensa. Atado de pies y manos, el último pelotero leyenda de Pinar del Río y eterno capitán, transfiguró su status de intocable a culpable y ahora cumple la ridícula sanción de un año por no participar en una Serie Provincial de béisbol.

Cuando Pedro Luis Lazo llegó a dirigir el equipo en la Serie 57 eran los mejores amigos. Eran la pareja de dominó más imbatible que podía existir. Ahora ya no son más amigos y ni siquiera juegan en la misma mesa como oponentes.  

La Televisión Cubana censuró el tema “Duarte” hace algunas semanas, según me informó una fuente interna desde la isla, lo cual explica la primera oración de este texto. Tal vez sea para proteger a Lazo en su conflicto personal con Duarte quien explicó en su última entrevista las razones que lo alejaron de jugar la Serie Provincial y que todo esto iba más allá de ese problema. 

¡Qué triste como terminan todos los peloteros en Cuba! Que tire la primera piedra quien no acabó con alguna insatisfacción o injusticia encima, pero que no tire a dar.

En la extraña cirugía de las injusticias de los peloteros en Cuba, viajando de la no comprobada venta de juegos de Anglada a los 80 dólares en posesión de Cheito Rodríguez, los retiros obligatorios que ahora nadie recuerda quien los ordenó o las suspensiones sin sustancia a Germán Mesa o Eduardo Paret, esta de Donal es sólo una cortada más. No más profunda ni más superficial. Es sólo una más.

Deshabituado a permanecer en la sombra del silencio, Duarte, el que siempre desanudaba las gargantas en la 9na entrada, el de la Serie 50, el que siempre se quedó cuando todos se fueron, el que se puso los arreos en el 5to juego de la final de la Serie 53, el del triple a José Ángel García en la 54 y el que regresó de Canadá y no descansó para incorporarse a su equipo, ahora, permanece en la sombra del silencio. Ha sido el alma de Pinar del R 

Él no tiene un sindicato de jugadores que lo respalde.

¡Qué tremenda enseñanza para los más jóvenes que a un pelotero insignia se trate de esta manera! ¿Qué pensarán? Si después de 17 años dedicados en alma y cuerpo te suspenden por no participar en una Serie Provincial.

¿Resultado? emigración.

En las escuelas siempre nos enseñaron aquel patrón del “no imprescindible”.

Por citar algunos casos: Yosvani Alarcón se peleó en un juego trasmitido en TV Nacional con un lanzador de Matanzas, la sanción de un año se le rebajó a seis meses (por buena conducta) para que participara por Cuba en el IV Clásico Mundial.

Michel Enríquez gestionó (con toda razón) un contrato sin contar con la Federación Cubana y fue incorporado luego de 30 juegos por “actitud positiva”.

Este no era el final que tenía programado el “Lobo de San Luis”. Su final más oportuno hubiera sido retirar el inolvidable número 12 y colgarlo en alguna de las torres del Capitán San Luis, el estadio de siempre donde derrotó a futuros Grandes Ligas como Yasiel Puig, José Abreu, Rusney Castillo, Yulieski Gurriel o Yasmani Tomás. En aquella esquina caliente donde siempre miraba hacia las gradas o donde mientras capturaba una línea se mordía la lengua.

Tal vez Donal ni siquiera vuelva a ese lugar tan íntimo y afectivo al que dedicó todo su talento, el mejor de los talentos que tendrá en toda la vida.

El capitán ni siquiera podrá despedirse, alguien tomará su número 12, ocupará su puesto en el bus, en el banco ya no se mencionará su nombre y el legendario Pedro Luis Lazo tendrá una nueva pareja de dominó. 

Este artículo es de hace 3 años

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Francys Romero

Escritor, reportero y periodista deportivo de CiberCuba. Miembro de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA). Autor de "El sueño y la realidad. Historias de la emigración del béisbol cubano (1960-2018)". Ha sido citado por ESPN Magazine, New York Times, Washington Post, entre otros

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