Juan Carlos Cremata Foto © Cortesía del autor

Memoria del Exilio: Crítica a la razón pura - mente gorda - de Budha y otras supercherías del montón

Este artículo es de hace 2 años

La semana no pudo empezar más terrible.

Valga que sabemos, desde hace mucho tiempo, qué, lo bueno, es lo malo, en lo que, “la cosa”, se va convirtiendo.

Tras mi última publicación, recibí el aliento sincero, desinteresado y por privado, de una Facebook-amiga, que se me anunció como pitonisa, adivinadora, o cartomántica. Lectora del porvenir. Virtual. A distancia. ¡Di tú! Divertidísima ella, con todos mis textos, me aseguró qué, esta semana, sin falta, me “caería” – ¡por fin! – “lo mío”. Lo veía clarísimo. Se le había presentado, la solución, a mis problemas, en sus remotos sueños.

Yo me pregunté, ¿es que ellos, no tenían mi dirección? Pero, no se lo hice saber.

Y, en cambio, me dejé arrastrar por su desbordante esperanza. Qué, parecía venir, incluso, con una comisión de embullo. Pues, de las cartas, y vaticinios gitanos, pasamos a dialogar, sobre la Virgen de la Guadalupe, la del Rosario, la de Lourdes, el niño de Praga, la Macarena “eeeee, Macarena”, el horóscopo - según Walter Mercado, y demás chicas equivalentes - el Dalai Lama y algo del profeta Alá. Cerrando, por supuesto, y con broche de oro, con nuestras raíces africanas: ObbataláyYemayá. ¡Siento un bombo, mamita…!

Comprendí que hay gente, mucho más invasiva – teológicamente - que mi madre. Quién, de manera muy lógica, y ahorrativa, realiza una especie de Asamblea General Divina, de santos y vírgenes, cada lunes – como si fuera de méritos y deméritos, para otorgar equipos electrodomésticos, o un fin de semana en Boca Ciega – con una misma vela, y rezo en común. Para que todos pongan de su parte. Estableciendo, una especie, de responsabilidad colectiva-celestial, puesta en función de nuestro bienestar, salud y protección.

Y a veces, funciona, pero, en esta ocasión: NO.

Lo que recogí en el buzón, a las 9 de la mañana, fue la devolución, por cuarta vez, de mi solicitud de renovación del permiso de trabajo.

¡El acabose!

¿De nuevo? – se preguntará usted.

¡Bueno, pues, así mismo, me interpelé yo!

Enseguida llamé al abogado, pro bono, que me tramitó los papeles. Y me personé en su oficina. La muchacha que atiende mi caso, me explicó que, de nuevo, teníamos que reenviar los papeles, de vuelta. Pero, esta vez, aportando pruebas de que yo no trabajo. A mí lo único que se me ocurrió - y le propuse - fue mandarles un selfie, durmiendo, en una caja de cartón, bajo un puente en el Turnpike. U, otro par, mendigando, o haciendo de estatua viviente, en Lincoln Road.

Entonces, me solicitó, más responsablemente, que recopilara, como pruebas, todos los documentos, relativos a mis ayudas médicas, gratuitas - lo cual significa, que no tengo seguro médico - constancias de que, todavía, recibo ayuda alimentaria - food stamps - y una fotocopia de mi famélica, y simplicísima, declaración de impuestos – o taxes - del pasado año. Qué dan lástima, dolor, risa y un poco de pena*.

* bastante menos que la de María Elena.

Eso, sumado a una carta, de mi amigo americano, dando fe de que, vivo en su casa y le pago una renta. Más otra, del propio abogado, cuestionándoles, cómo es posible, que se me haya exonerado del pago, de ese fee, para la residencia, y no para la reposición, de mi Employment Authorization.

Esperemos que todo funcione.

Por última y definitivamente vez.

Por tu madre.

Por la mía.

Por lo que más quieras.

Pero mientras…

A esperar, otras tres semanas, por la dichosa respuesta, de que recibieron los documentos.

Y de que los están tramitando.

Sólo, con esa certificación, puedo ser admitido, de nuevo, legalmente, en cualquier sitio.

“Adiós felicidad, casi no te conocí…” – me resuena, sonriendo, socarrón, Bola de Nieve, en la cabeza.

¡Y nunca me han llovido más propuestas, que cuando no puedo asumirlas!

¿Qué hacer?

Ahí fue, cuando llamó mi atención, un artículo, en Internet, sobre una de las enseñanzas de Buda, que reza: CUANDO NO SEPAS QUÉ HACER, NO HAGAS NADA.

Qué, me vino de perilla. Me tranquilizó, por un rato.

Pero, después de analizarla bien, también, me parece una cagada.

Resulta qué, según el cuento, el pachorro y rollizo, dios oriental, caminaba por una tierra estéril y seca - ¿les suena, a un lugar, parecido? – tal cual una de esas visitas, de Secretario General del Partido, en la Provincia, a las zonas afectadas, o el personarse/dirigente - más que diligente - en el lugar del siniestro.

Como habían andado mucho, el obeso tenía sed, por supuesto.

E imagino que, una peste a grajo tremenda, también. Y hasta churre, negrito, entre sus, repetidos, continuos rollitos. ¡Con el calor que siempre está haciendo!

Y le pidió, a uno de sus asistentes, que le trajera agua, de un oasis cercano.

El muchacho fue. Y, con tan mala suerte, qué, en el momento en que intentaba hacerse, con el preciado y solicitado, líquido, pasaba una vaca, sobre el mismo charco- ¿en el desierto?, ¡mira, qué cosa! ¡estos cuentos chinos! - Caminando y enturbiándolo todo, a su paso, cual res perdida, alienada, pazguata, apática y lela.

El subalterno, entonces, se tomó la atribución, de no llevar, consigo, agua alguna. Y fue a explicarle, el problema, al bendito inflado, de ojitos estirados, con sonrisita tierna.

Otra vez, el regordete chino, que tenía el esófago envuelto en llamas, volvió a mandar, al mismo seguidor, a buscar, con qué aplacar, su pronunciada sequedad.

Quién, de nuevo, al llegar, encontró túrbida el H2O.

Y una vez más, sin nada, se regresó.

Cuando, en una última ocasión, fue mandado a hacer, otra vez, lo mismo - ¡a ver por qué no mandó a otro! y es que la tenía cogida, con el pobre muchacho – éste se encontró, con que el bovino, ya no estaba allí. Y que el agua se había vuelto cristalina. Como era, originalmente.

Que la marea, invariablemente, toma su nivel, es la moraleja, de ese cuento tan largo, con tantas idas y venidas.

¡Linda parábola! Aunque un poco conformista, la verdad, acomodaticia, complaciente y amoldable.  

Porque, por otro lado, ¿por qué, si era Buda el de la sed, no fue a buscar el agua, él mismo?

Es más, si es tan divino, como dice, podía haber hecho, muy bien, que el agua – y hasta la vaca frita - vinieran servidas, con dos acompañantes, a su boca.

¿Y si al pobre chiquito, luego lo acusan, de causarle una leptospirosis, al santurrón?

Y todo ese almacenamiento de líquido en el desierto…  ¿Ya lo visitó la gente de la Fumigación?

¡Toca joderse!, es cierto. Pero no me vengan, con una historieta, asiática, a convencerme, de qué es meritoria, la inercia.

Algo hay que hacer. Por lo menos, contárselo a todos. Y por eso, aquí, se los disparo. A bocajarro.

Para colmo, se anunció, por las redes sociales, la devolución, de las más recientes, residencias otorgadas, hace unos meses, por un error de Inmigración.

“Algo huele a podrido…”, escribiría Shakespeare.

“Se desató la mierda”, exclamaría, aún mejor, una mía tía-abuela.

Hubo hasta quién me dijo: ¡Mira, tuviste suerte! Si te hubieran dado la residencia, hace poco; habrías tenido qué devolverla.

¡Santo consuelo!

Y como ya llevo bastante tiempo, echándome fresco en los cojo… y sin disparar un chícharo remunerado, me he propuesto, al menos, seguir avanzando, todo lo que pueda, en mi obra y superación personal.

Además de un postgrado, en amo de casa, que, ya casi, estoy terminando. 

Ya me harté de rezar.

Elegguá, lleva dos días virado contra la pared. Cero dulces y cero velas.

Pero, hasta eso, me aburre. Quizás, desde que mi padrino, en Cuba, me dejó desamparado, para irse a vivir, de la misma santería - aunque, con más recursos - a la simpar Barcelona.

¡Y no voy a matar ningún pollito gío, más, otra vez, ni más nunca, en mi vida! Pues me costó, mucho, recuperarme del trauma, de ver descuartizar a uno, así como así, como se estruja a un papel, frente a mí, una vez, en un cuartico de consulta, de un santero, en Pozos Dulces, en la Habana de los ochenta. Cierto es que, como pollo, bastante a menudo. Pero, no lo asesino de niño. Y me viene saliendo a la plancha, con arroz. O frito, con maduros*

*cuesta, cada vez más, pedir este acompañante, al plato principal, conociendo la dura situación, que vive Venezuela.

Dios, hace tremendo tiempo, que ni me dirige la palabra. Se las da de creído.

Y a Alá no lo entiendo. Habla y escribe, para mí, muy enrevesado.

No me queda de otra, que creer en la suerte, pero esa que erijo con mis manos y con mi esfuerzo.

La que cultivo en lo que leo, veo, escucho, siento, aprendo y comparto. Con quién puedo y con quien quiero.

Sin embargo, a menudo me contradigo, cuando suelo decir qué, “CREO EN TODO LO QUE NO EXISTE, PORQUE, LO QUE EXISTE, ES INCREÍBLE”.

Ante todo, creo en mí. La fortuna sólo me llegará, trabajando en lo que creo.

Con permiso o sin él.

¡Y qué sea, lo que la vida determine!

Este artículo es de hace 2 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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