Más de una veintena de presos políticos en Cuba han cumplido entre 15 y 27 años de prisión

Se han podido identificar “con el máximo rigor” a 96 opositores o desafectos al régimen y 24 prisioneros que están acusados por emplear o planear utilizar alguna forma de fuerza o violencia para realizar “actos contra la seguridad del Estado”. 

Change.org
Armando Sosa Fortuny Foto © Change.org

Este artículo es de hace 3 años

De los 120 presos políticos que actualmente se reportan en las cárceles de Cuba, más de una veintena ha cumplido entre los 15 y 27 años de prisión, hecho que los convierte en “los presos políticos más antiguos del hemisferio occidental”, según un informe elaborado por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

Aun después de la excarcelación de los presos de conciencia de la Primavera Negra en 2010-2011 (quienes cumplieron entre 7 y 8 años de una condena de 20) al menos nueve opositores encarcelados por motivos políticos continúan en las cárceles de la Isla después de 20 años, mientras que otros 12 llevan más de 15 de condena.

Refiriéndose a estos 21 opositores, la Comisión señaló: “Son, sin duda, algunos de los presos políticos más antiguos del hemisferio occidental”.

“Si se toma en cuenta que en Cuba hay, por lo menos, entre 65.000 y 70.000 personas encarceladas (casi todas por los llamados delitos comunes) es fácil concluir que resulta muy difícil definir una cifra exacta de presos políticos por cuanto están mezclados, con todas las inconveniencias que ello supone, con los presos comunes”, explicó el informe.

No obstante, hasta el 31 de mayo la Comisión ha podido identificar “con el máximo rigor” a 96 opositores o desafectos al régimen y 24 prisioneros que están acusados por emplear o planear utilizar alguna forma de fuerza o violencia para realizar “actos contra la seguridad del Estado”. 

Martí Noticias contactó la persona que se ocupa de atender a tres prisioneros de este grupo que ya están cerca de cumplir 25 años en la cárcel: Graciela Suárez Díaz, la madre de Humberto Eladio Real Suárez, un preso que se infiltró en la Ilsa como parte de un grupo armado del exilio en 1994.

Él y sus compañeros Armando Sosa Fortuny y Miguel Díaz Bouza están presos desde el 15 de octubre de ese año. Los tres siguen extinguiendo largas condenas de 25 y 30 años, “con la salud quebrantada en las condiciones degradantes del gulag cubano”, afirma el portal.

La madre de Real Suárez dijo al referido medio que a Díaz Bouza, encarcelado en la prisión “Pretensado” de Santa Clara, ya le falta poco más de un año para cumplir su sentencia de 25, pero sigue en una prisión de mayor rigor y le han denegado una petición para pasar a una de mínimo.

Por su parte, Sosa Fortuny, de 74 años, se infiltró en Cuba, pero no hizo uso de las armas. Se encuentra recluido en la prisión camagüeyana de Kilo 9 y fue ingresado el pasado 13 de marzo en el hospital de la prisión Kilo 8 por una isquemia que le dejó rígidos el pie y el brazo derecho. 

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha creado una campaña en la plataforma Change.org para pedir la liberación del opositor.

"Su culpa fue defender con las armas  la  libertad que  le arrebataron. Podemos estar de acuerdo o no con el método que Sosa Fortuny eligió para conseguirla, pero coincidiremos en que 36 años  de prisión son demasiados años.  Armando  en cualquier caso recurrió 'al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión',  como expresa la  Declaración Universal de Derechos Humanos", reza el texto de la campaña que suma casi 500 firmas.

Sobre su hijo Humberto Eladio, que recientemente fue trasladado a la prisión de Agüica, Suárez relató que le había implorado que no pidiera traslado a Matanzas, porque ella vive en la provincia y conoce que Agüica es una de las peores prisiones de Cuba.

“Yo prefería no verlo”, contó. “Ahora las llamadas son cada 21 días y las visitas una vez al mes. Le llevé 200 sobres y 200 sellitos para que me escribiera y las cartas no llegan a mí. Mi hijo está ahí desde marzo y no he recibido ninguna”, señaló la mujer.

En palabras de la activista, existes limitaciones de todo tipo en la prisión: “no le dejan pasar un espejo para que se afeite. No le dejan pasar aceite (en la “jaba” familiar de alimentos), casi nada de las cosas que le llevo”. 

“Otros presos me llaman de parte de él para que pueda saber de su papá, que está muy mal de salud. No sé si lo que yo no puedo ver será sofisticado, pero a lo que el pueblo puede ver cuando llega ahí a visitar sus familiares, es deprimente”, aseguró.

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