El Mundial que yo veo: Músculos en blanco y negro

Fue aburrido. Ni en el bando africano afloró nunca la tenacidad ofensiva de aquellos Leones de la Teranga que vencieron en 2002 a Francia –la campeona del mundo por entonces-, ni su par europeo aportó el más elemental destello de la casta del grupo exquisito que formaron Boniek, Lato y Zmuda.

Rusia 2018: Equipo Senegal Foto © Facebook/ FIFA World Cup

Este artículo es de hace 2 años

Cada cual entiende el fútbol –y el Mundial- como le viene en ganas. Es un derecho que nos asiste a todos. Esta columna sintetiza mis impresiones de cada jornada en la fiesta mayor del deporte más hermoso del mundo.

La jornada

Cuando chocan dos toros, el espectáculo puede ser emotivo, épico, trepidante, pero difícilmente se le pueda distinguir la veta lírica. Y cuesta, entonces, describirlo, porque la pluma solo vuela como ala cuando debe narrar cosas grandiosas (Martí dixit en su Pelea de Premio).

Hace solo minutos, el césped del Spartak acogió un duelo puramente físico. Unos negros enormes vestidos de verde y unos blancos enormes de pantalones rojos salieron a ver quién soportaba mejor los impactos, las cargas hombro a hombro, el forcejeo. Senegaleses y polacos, par de rocas de colores encontrados, jugaban a embestirse como Sullivan y Ryan en el memorable combate que el Apóstol nos contó.

Fue aburrido. Ni en el bando africano afloró nunca la tenacidad ofensiva de aquellos Leones de la Teranga que vencieron en 2002 a Francia –la campeona del mundo por entonces-, ni su par europeo aportó el más elemental destello de la casta del grupo exquisito que formaron Boniek, Lato y Zmuda.

Se veía venir, aunque en el fondo (porque la esperanza merece vivir siempre) muchos pensamos que tal vez Lewandowski y Mané podrían sacarnos del sopor. Sin embargo, los debutantes no lucieron.

El del Liverpool empezó efervescente, mas se fue desgastando con el avance del encuentro y acabó siendo uno más en el terreno. El del Bayern, en tanto, remedó al ‘9’ patético que se ahogó en la Eurocopa. Quizás sea que todavía está en Varsovia.

Más que enseñanza, el partido lo que nos ha dejado es la confirmación de que el ranking de la FIFA es menos creíble que los cacareados milagros del noni y la moringa. Porque si esta Polonia es octava del planeta, yo soy el carrusel del Parque Lenin.

El gol

El testarazo espléndido de Grzegorz Krychowiak.

El equipo

Senegal, que por lo menos fue más incisivo.

La individualidad

Kalidou Koulibaly, la toalla qué ‘secó’ a Lewandowski.

El fiasco

La dupla de ataque polaca ni siquiera alcanzó la categoría de inofensiva.

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Michel Contreras

Periodista de CiberCuba, especializado en béisbol, fútbol y ajedrez.

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