Existe en Cuba una casa que usted no querrá tener… ni regalada

“Es la única de su tipo en Cuba y una de las 12 que existen en el mundo. Empezó su construcción en 2013 y abrió al público en 2015”.


Este artículo es de hace 3 años

Tiene una piscina de dos metros de profundidad, cinco cuartos bien grandes, aunque no tan iluminados ni ventilados, es de dos pisos y la placa está libre. Podrá ampliarse si lo necesita. Abajo posee una cisterna y el agua llega tres veces por semana. Está en medio de un área wifi y usted podrá acceder a internet desde la comodidad de su morada. La vivienda se ubica en una de las zonas más transitadas de Las Tunas, así que el transporte tampoco será un problema… Y aun así usted no la querrá ni regalada.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

 Sus columnas están viradas. El piso tiene una inclinación de 20 grados y otras de 40 grados que dificulta el caminar. El vértigo y la sensación de caer le acompañan en todo momento, aunque la casa tiene un pasamanos que atraviesa la vivienda completa, de principio a fin. El agua no cae en forma recta y a veces hasta retrocede. Si se muda a esta casa no podrá tener bolas de adornos porque rodarán hacia arriba, por una fuerza mágica o divina, la misma que impide que la piscina no le caiga arriba.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

Pararse de los asientos requerirá destreza más que fuerza, aunque son especiales para castigar a los muchachos mal portados. Eso último no va en el anuncio de la casa. Los columpios se balancean de forma muy curiosa, pero pierda cuidado que nadie se caerá, aunque recomiendan cerrar los ojos. Hay tres peceras y parece que el agua se saldrá de ellas, pero no se preocupe, es un diseño extravagante. Tiene una fuente que funciona muy mal, el preciado líquido casi se desborda, pero por algún artilugio corre contra la pendiente. Los relojes de péndulo funcionarán de forma diferente, casi como si tuvieran libre albedrío.  

Los muebles están inclinados hacia un lado, pero todo lo que se lance encima de ellos van en sentido contrario. Estos, juntos a todo lo demás, va con la vivienda, no hay recargo por ellos. Se regalan, pues solo funcionan en esta Casa Insólita, en Las Tunas, un lugar donde caminarás como en «The Matrix» o imitando el famoso movimiento del hombre de la Luna, de Michael Jackson, y que nunca recibiría la visita de Isaac Newton, de estar vivo este célebre físico inglés.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

***

A tres años de su apertura, la Casa Insólita, de las Tunas, sigue siendo uno de los mayores atractivos de esta ciudad, y motiva que personas de otras provincias y de otras naciones vengan hasta esta urbe oriental a conocer la vivienda que «desafía la gravedad», o “Donde la Gravitación Universal parece no cumplirse…” como bien dice el cartel de la entrada.

“Es la única de su tipo en Cuba y una de las 12 que existen en el mundo. Empezó su construcción en 2013 y abrió al público en 2015”, asegura rápido el guía justo al empezar el recorrido. También un pequeño cartel con los momentos de la historia de la edificación, desde los cimientos hasta lo que es hoy, anteceden el recorrido por las cinco cámaras. En él, en la parte de abajo, una foto del arquitecto que ideó la obra.

Fue el sueño materializado del arquitecto santiaguero Domingo Alás Rosell y radicado en las Tunas, quien hizo de los descubrimientos de Newton la inspiración de tan singular y único proyecto constructivo.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

Ya antes, en la década de los 90, el propio profesional inspirado en las investigaciones de Newton de la luz, diseñó una plaza que utiliza el Sol para señalar fechas significativas de la vida de José Martí.

El recorrido por la Casa Insólita inicia con un pasillo donde se va inclinando el piso, “es para que uno se vaya acostumbrando. Cuidado con las cámaras, se pueden caer, no se puede comer nada dentro porque pueden vomitar, ¿comieron algo hace poco? No se suelten del pasamanos”, asegura el guía.

La Casa Insólita, asegura su personal, no tiene ni magia ni trampas, sino que se emplean, de forma inteligente e ingeniosa, las leyes de la mecánica clásica para crear efectos ópticos, de esa forma contribuyen a divulgar la ciencia y sus principales artífices, también despertar el interés por la Física, pero de una forma amena y divertida y que llegue mejor a las nuevas generaciones. Ese es el truco y el objetivo de su existencia.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

“Cada una de las cámaras está dedicado a una personalidad: Arquímedes, Pitágoras, Newton, Da Vinci y Galileo. No hay barras imantadas ni contrapesos, todo es ilusión óptica y fuerza de gravedad, pero son experimentos que le pondrán a pensar”, asegura el guía.

Sujetarse del pasamanos es imprescindible para quien entra por primera vez. El vértigo y el mareo, son inevitables. El cuerpo siente algo, pero los sentidos dicen lo contrario. Alrededor una serie de objetos devienen experimentos que de alguna forma ponen en tela de juicio algunos de los descubrimientos a quienes se dedican las cinco salas de la Casa Insólita, pero algunos de estos solo están y nadie los explica.

“La primera vez que vine, hace ya un año y medio, me atendió una guía que nos hizo muchos más experimentos, hay objetos que uno ve pero no sabe. Lo otro, sé que cada cámara está dedicada a un científico famoso de la historia, pero además de los detalles de la vida de estos que están en las paredes, no veo otra relación de cada cámara con ellos, o sea, la primera es de Arquímedes de Siracusa, es una enorme piscina, ¿se relaciona con él? No me explicaron”, comenta uno de los visitantes de la Casa Insólita.

Mientras, el guía asegura en algún momento del recorrido “si visita la Casa Insólita dentro de algún tiempo, descubrirá nuevos experimentos”. El «gancho» quizás explique el porqué de tantos experimentos que ni explican durante el recorrido.

“Me gustó la silla esa que se sostiene en dos patas, uno se sienta bien, fácil, y no se cae, y si es el sofá, me encantó, es cierto que es difícil pararse después, estábamos muerto de la risa. Y los columpios, parece que te vas a caer… yo la verdad no entiendo por qué es que pasan todas esas cosas, yo vine a disfrutar y me encantó el paseo, Vale cada uno de los 10 pesos que cuesta entrar a la Casa Insólita”, comenta otra de las visitantes.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

Diversas fuentes apuntan a que la tunera Casa Insólita, de las 14 que existen en el mundo, es la que tiene mayor cantidad de experimentos dedicados a la fuerza gravitacional. Incluso, se ha sugerido que pudiera entrar hasta en el libro de los Records Guinness.

Junto al Cornito y el Parque Temático, la Casa Insólita se une a los pocos atractivos que tiene Las Tunas para mostrar a sus visitantes, y es tan así que sus trabajadores aseguran que reciben más personas de otras provincias que de la propia urbe donde está enclavada la instalación, única de su tipo en el Caribe.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

Sin embargo, esa singularidad no le ha impedido ser víctima de la desidia y el deterioro, que se observa a simple vista, aunque aseguran que, en parte, ha sido por las indisciplinas en la ejecución de la obra.

Una obra de este tipo, de las pocas que existen en el mundo, sin dudas merecería mayor respeto, traducido en cuidado constructivos, mantenimientos sistemáticos y, sobre todo, mayor entrega de quienes hacen los recorridos pues, desde sus inicios, la Casa Insólita siempre tuvo como objetivo la recreación a partir de ilusiones ópticas y con base en la inclinación del suelo, una forma de acercar a las personas a las leyes de la Física y la gravitación universal, y promover el esparcimiento sano y los conocimientos científicos… y guiajes apresurados, para «salir de eso», no contribuyen sin dudas.

Foto: José Roberto Loo Vázquez

 

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.