Caracol Gigante Africano (Lissachatina fulica) Foto © IPK vía Granma

El Caracol Gigante Africano se apodera impunemente del entorno cubano

Este artículo es de hace 1 año

Aunque Laura es doctora, no ha podido hacer mucho por librarse de los caracoles gigantes que desde hace dos años son "un riesgo para mi familia" porque invaden el patio de su casa, ubicada al Sur de La Habana.

Con el rostro afligido me dice que "ya he escrito a todos los lugares a los que podía quejármeles y nada he resuelto". Los vecinos que me rodean están en la misma situación. Estamos desesperados porque estas especies se multiplican constantemente dondequiera que encuentran tierra, incluso en plena ciudad.

"El peligro mayor del Caracol Gigante Africano (Lissachatina fulica) radica en que trasmite enfermedades parasitarias y actúa como plaga de cultivos. Se trata de uno de los moluscos terrestres más peligrosos del planeta y puede infectar a los que lo ingieren crudo o a quienes consumen vegetales mal lavados", afirma la médico, de 35 años.

A tenor con Rafael, el esposo de Laura, "la alerta que se hizo a partir de su descubrimiento hace cuatro años fue insuficiente. Llevamos rato requiriendo un programa que informe a la población y que logre controlar urgentemente esta plaga, un plan al que se unan los miembros de la campaña anti vectorial, que deben revisar cada pedazo habitado de todo el país.

"Uno puede matar dos o tres si sabe hacerlo con mucho cuidado, pero se reproducen enseguida. Parece que los recursos necesarios para acabar con esta invasión son demasiado caros: desde guantes para la manipulación hasta las bolsas de nylon en que se recolectan antes de incinerarlos. Mantenemos a nuestros hijos alejados del patio; ellos saben que no pueden ni tocarlos", explica Rafael, de 40 años.

Tal como comprobaron los primeros informes publicados sobre el arribo de la especie a la isla en 2014, el Caracol Gigante Africano llegó a Cuba a través de un turista nigeriano para ser utilizado en ceremonias religiosas.

De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, este molusco aparece entre las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo, debido a que es altamente resistente a variables ambientales.

Además de contar con un crecimiento corporal acelerado y un elevado potencial reproductivo (se trata de una especie hermafrodita, que tiende a la fecundación cruzada), se alimenta de más de 200 tipos de plantas (cítricos, coco, plátano, arroz, hortalizas, etc.) y de materia orgánica en descomposición.

Los estudios parasitológicos realizados por el Laboratorio de Malacología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), encargado de monitorear todas las especies de moluscos que pueden crear problemas de salud, han detectado que la mayoría de los individuos de L. fulica establecidos en las localidades cubanas "se encuentran infectados con el Angiostrongylus cantonensis, nematodo causante de Meningoencefalitis Eosinofílica en los humanos".

Si bien se ha confirmado su presencia al menos en La Habana, Artemisa, Mayabeque y Villa Clara, fuentes del citado laboratorio han reconocido que "no dudamos que se haya extendido a otras provincias, pues las invasiones biológicas generalmente comienzan de forma inadvertida".

Para los expertos, la mayor preocupación está en que como este caracol llega a ser muy grande (su concha puede alcanzar los 20 centímetros de largo), puede albergar una mayor cantidad de larvas de A. cantonensis.

“Aunque no es venenoso o tóxico al contacto, no pocas personas piensan que es mejor ni tocarlos para no arriesgarse a que el mucus o baba del animal, donde se encuentran las larvas infectantes, haga contacto con la boca. Muchos no saben que el parásito no entra por la piel”, considera Alberto, un vecino de Laura que se ha dedicado a estudiar los moluscos que también ocupan su patio.

El Caracol Gigante Africano es considerado exótico fuera de su área de origen, el este de África, y su distribución alcanzó todo el cinturón tropical, tras una invasión comenzada en el siglo XIX y facilitada por los humanos. En Cuba se detectó por primera vez en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo.

Este artículo es de hace 1 año

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