Díaz-Canel conversa con trabajadores en Holguín. Foto © CubaTV.

Díaz-Canel comienza a gobernar escuchando

Este artículo es de hace 1 año

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, una vez cumplido los rituales de “continuidad” previstos en la puesta en escena de su mandato, empieza a gobernar escuchando a la gente y en 48 horas ha rectificado dos decisiones que afectaban la vida de los ciudadanos.

Primero fue el congelamiento y reformulación del reglamento del trabajo privado con un articulado lleno de absurdos ideologizados por ese afán castrista de combatir la riqueza por tierra, mar y aire. Durante una reunión en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, el mandatario anunció que cambiaba de palo pa' rumba y se ganó el aplauso de los asistentes.

Pocas horas después, la Contrainteligencia –haciendo honor a su nombre operativo- apresó a varios intelectuales opuestos al Decreto 349 que no convencía a casi nadie en los aledaños del gobierno cubano, como alertó Silvio Rodríguez, avisando que había sido cocinado por unos pocos y que se lo habían puesto delante al presidente para que firmara.

Más allá del ridículo mundial por pretender fijar por decreto el número de sillas de un restaurante o predecir qué es arte y que no y dónde puede exponerse; las rectificaciones presidenciales revelan el forcejeo que se vive dentro del Palacio de la Revolución entre miedosos y realistas.

Los miedosos, incluidos dinosaurios y cincuentones, creen que una vez superado lo peor de la crisis económica que provocó la dependencia de la URSS y hacer determinadas concepciones tácticas, ha llegado la hora de meter en cintura a la gente, especialmente a los artistas, colectivo del que siempre recelan al considerarlo quintacolumnista y avanzadilla del imperialismo.

Causa sonrojo que los inventores de los mítines de repudio y de la diplomacia de la chusmería pretendan rasgarse las vestiduras, fingiendo malestar por la supuesta vulgaridad de algunos creadores

Los realistas, también integrados por dinosaurios y cincuentones, saben que el mundo ha cambiado y que su supervivencia política dependerá de su habilidad para ir asumiendo en el ámbito oficial lo que es normal en la calle y entre la gente.

Causa sonrojo que los inventores de los mítines de repudio y de la diplomacia de la chusmería pretendan rasgarse las vestiduras, fingiendo malestar por la supuesta vulgaridad de algunos creadores. Cuba era un país educado hasta que la violencia castrista y la pobreza subvirtieron valores burgueses, pero que llevaban a las personas a vestir lo mejor posible, a ser amables y respetuosas.

El descampado actual responde a muchos años de prácticas violentas, de exclusión del discrepante y de la guapería insensata que suplantó el razonamiento por la imposición, el insulto y la chabacanería. Si el Buró Político del Partido Comunista y el Ministerio de Cultura están atormentados por la vulgaridad que corroe a la sociedad cubana solo tiene que pensar en quién ha gobernado en los últimos 60 años y cuáles han sido sus señas de identidad.

Cuba no debe seguir suicidándose colectivamente con altas tasas migratorias, ilegalidades variadas y problemas estructurales como son una población envejecida, baja tasa de nacimientos, familias monoparentales femeninas; fruto de la cultura de la pobreza que impulsó el castrismo, con esa combinación de comunismo y su espíritu monacal, heredado de curas falangistas.

Tania Bruguera, Luis Manuel Otero Alcántara, Amaury Pacheco, Lía Villares y sus compañeros se han opuesto pacífica, pero resueltamente al atropello que implica el impopular Decreto 349.

La noticia no está en que el presidente rectifique, que es una buena señal, sino que una Cuba silente comienza a movilizarse en defensa de sus intereses y que el poder ya no tiene la legitimidad de Espíritu Santo de la que disfrutó durante largos años de castrismo, en que la palabra de Fidel sobre el azúcar, Elvis Presley, café caturra o vacas sin cencerro eran dogma de fe.

Curiosamente, también Fidel Castro comenzó a gobernar yéndose por las tardes-noches a la Universidad de La Habana, donde improvisaba parlamentos de ocasión con estudiantes de las carreras de Humanidades, principalmente, aunque luego impuso el monólogo totalitario que aún colea en la Isla.

Tania Bruguera, Luis Manuel Otero Alcántara, Amaury Pacheco, Lía Villares y sus compañeros se han opuesto pacífica, pero resueltamente al atropello que implica el impopular Decreto 349, que pretende escudarse en el ruido, el mal gusto y el control económico para reprimir de manera indirecta a los creadores incómodos para el poder.

Cuentan que un equipo del Gobierno cubano habría estado en el Complejo de La Moncloa (oficinas anexas al palacio de igual nombre en Madrid) para ver cómo comunican los gobernantes españoles y que Cubadebate ha recomendado a Díaz-Canel mensajes cálidos, positivos y cortos en las redes sociales; no hace falta venir a Madrid, simplemente hay que aplicar una lógica de libertad y decencia, que es la mejor manera de defender los intereses políticos de un partido, grupo o gobierno.

Las comparecencias de un viceministro y de otros burócratas del Ministerio de Cultura para explicar la “reformulación” del 349 y la ministra de Trabajo explicando los cambios en el trabajo privado marcan el comienzo de lo que puede ser un nuevo estilo, al que se opondrán los miedosos y la poderosa burocracia cubana, enriquecida con la desdicha de su gente.

Hace unos días, un ingeniero cubano que pretende trasladarse de Argentina a España comparaba las tasas públicas españolas aplicadas a sus documentos de homologación con las “multas” cubanas para los trámites previos que deberá hacer para tener sus papeles en regla.

Descartadas ya las delirantes cifras del turismo norteamericano que esperaban recibir (¡vaya ironía! los yanquis salvando al tardocastrismo), la zafra azucarera sí o sí de Machado Ventura, uno de los más grandes humoristas cubanos; el empobrecimiento de Venezuela y la precipitación ante Bolsonaro por el lío de los médicos, ahora toca renacionalizarse y apostar por un consenso cubano.

La gente comienza a estar harta y si de algo no pueden quejarse los gobernantes es de la paciencia de los sufridos cubanos, que encaran la Navidad con menos pan, menos papas y menos cervezas.

Quizá la ovación que recibió Díaz-Canel en la Universidad de La Habana iluminen al presidente en el sentido que quiere una mayoría sensata que se hagan las cosas de ahora en adelante. Y un político sensato no debería desperdiciar la oportunidad de oro que le está brindando gente que cree en una Cuba diferente.

Y a los empeñados en seguir inmutables, sería bueno recordarles que cada vez que un artista es detenido por la policía, la imagen de Cuba se empaña, sobre todo, cuando ellos mismos saben que los apresan no por el 349, sino para evitar que sean la chispa pequeña que incendie un barrio, una ciudad y la Isla; razones sobran y los fuegos no deben apagarse con gasolina, o sí, pero asumiendo las consecuencias.

Este artículo es de hace 1 año

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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