Feria del Libro 27 en el Pabellón Cuba | Foto © CiberCuba
Feria del Libro 27 en el Pabellón Cuba | Foto © CiberCuba

Pagar a sobreprecio, el recurso del lector ávido para comprar un libro… si lo encuentra en la feria


Publicado el Jueves, 11 Abril, 2019 - 16:12 (GMT-5)


Desde el 2010 Javier no se pierde ni una Feria Internacional del Libro. Es el evento que, cada año, espera como cosa buena pues no le gustan las citas cinematográficas, ni las dedicadas a la danza o al teatro. Para él no hay mayor placer que el olor a tinta fresca en un texto que atrape sus horas y le haga recrear, en su mente, mundos, castillos, casos de asesinatos, escenas eróticas, aventuras, romances…

Pero en esta incursión por el mundo de las letras aprendió muy temprano un recurso que siempre le ha sido efectivo hasta ahora: pagar a sobreprecio el libro añorado pues de otra forma corre el riesgo de no tenerlo en las manos.

“Hasta dos mil pesos me he gastado yo cuando hacen la Feria del Libro en Santiago de Cuba, mil en libros y otros mil pagándolos a sobreprecio, dando dinero para colarme en la nave principal, o pagando para que me guarden unos títulos específicos, hasta he pagado a gente que viajan a otras provincias porque en Santiago de Cuba no llegan todos los títulos que sacan las editoriales”, asegura.

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Cliente pagando en la 27 Feria del Libro en La Habana / CiberCuba

El año pasado, este ávido lector llegó a dar 10 CUC por un libro que se decía era muy polémico y que, además, se especulaba no llegaría a la ciudad de Santiago de Cuba. Se trataba de Fabián y el caos, polémica novela de Pedro Juan Gutiérrez, bajo el sello Unión, y que “valió cada centavo, realmente muy bueno, lamentablemente mis amigos lo han leído porque yo se los presté, no porque lo sacaran en la Feria”.

“Lo mandé a buscar a La Habana. Muchas veces los buenos libros, los polémicos, los títulos que de verdad merecen la pena… ni llegan a Santiago de Cuba, y eso que aquí finaliza la feria. No es ni la primera ni la última vez, siempre ha pasado históricamente desde que asisto a este evento cultural en mi ciudad, y para serte sincero no sé la razón. Entiendo, por ejemplo, que sellos territoriales de otras ciudades no vengan, pero no comprendo por qué no llegan títulos de editoriales nacionales”, comenta.

Muchas veces los buenos libros, los polémicos, los títulos que de verdad merecen la pena… ni llegan a Santiago de Cuba, y eso que aquí finaliza la feria

Feria del Libro / CiberCuba

Javier lamenta, además, que en las últimas ediciones de la Feria Internacional del Libro es difícil encontrar una novela que le sorprenda, que no sea una reedición de las ya acostumbradas como sucede con Papá Goriot y Cumbres borrascosas, más que conocidas y publicadas en Cuba. Aquello que pasaba antes de esperarse un título por la notoriedad que le anunciaba, a duras penas sucede en la actualidad, y cuando pasa, no siempre llega a todas las ciudades.

Té con Limón, Fumando espero, Los malditos se reúnen, Cándido habanero… son algunos de los libros que logré llevar a casa pagándolos a sobreprecio, que buscaba y llegaron a la ciudad. Me paro por detrás del stand y les ofrezco cuánto le voy a dar y ya está, casi siempre el doble, los que venden me dicen que espere que la cola se ponga suave y ya, me lo dan por detrás o me lo llevan donde se paga y ahí les doy el dinero.

"También voy a las presentaciones de los libros y localizo al que los tiene en una caja y antes de empezar todo les explico qué le doy por encima y me lo dan ahí mismo si no hay mucha gente. Con Mañana no habrá más trenes, libro que me hizo llorar, fui a la presentación y se lo dije al muchacho de la caja. Él me lo dio al instante y una persona le requirió y dijo, es periodista. Yo reí y me callé. También tengo un amigo, trabaja en la Feria, y con su pase él entra y sale sin hacer cola, le doy un dinero y los libros que quiero, siempre le doy de más, me los compra. Eso es lo que he hecho este año”, explica.

Este, igual que otros lectores, están ávidos de buscar textos nuevos, que le hagan salir de casa y aventurarse a luchar con el insufrible transporte y, además, a batallar con las inmensas colas en los stands de libros.

Colas en la Feria del Libro / CiberCuba

Pero la Feria del Libro, más allá de estrategias de un lector ávido, plantea retos que a veces son insondables.

La literatura infantil es siempre una de las más buscadas, y también la que más decepción causa. “Fundamentalmente por los precios”, asegura Roxana, madre de dos niños de seis y ocho años, que acota “me criaron en una época donde leer no era tan caro y era más atractivo.

Feria 27 del Libro / CiberCuba

Hoy, primero resulta difícil comprar libros infantiles que sean atractivos, a veces te topas con cada ilustraciones horribles, que no dan ganas de comprar; y segundo, que estos sean asequibles es casi imposible, por no hablar de la calidad de las impresiones y el papel. Si es bueno, es caro, si es malito, es menos caro. En mi caso, el problema es doble”.

Feria 27 del Libro. Niñas con libros, sentadas en el suelo / CiberCuba

En no pocas ocasiones encontrar títulos icónicos, como La Edad de Oro, Había una vez, Cuentos de animales…, es el gran sueño de quien visita la Feria del Libro, y es, además, casi siempre la misma decepción: no los hay, o si los encuentras, las colas son inmensas con el riesgo de toparte con el desagradable «no hay» o «se agotó», “entonces perseguirlos de stand en stand se convierte en una cacería, y recorrer la Feria del Libro lejos de ser agradable, se convierte en una tortura.

"Vas con aquellas personas que venden libros particulares, y te topas que un Había una vez puede costarte 100 pesos o más si es La Edad de Oro. Es complicado, pero de todas formas me pregunto, ¿La Edad de Oro, un libro completamente cubano y que siempre se vende pues les gusta a los jóvenes y viejos, y es de los que todos queremos tener en casa, por qué este, y otros, no se reeditan con mayor frecuencia? Digo este que es cubano”, se pregunta Roxana.

La XXVIII Feria del Libro ha dado protagonismo a los temas históricos en su capítulo de Santiago de Cuba, con paneles, presentaciones y ventas de libros relacionados a esa arista, sin embargo, es justamente esta temática una de las que menos interesa a los jóvenes, algo reconocido por personalidades y medios de prensa oficiales.

Y en contraste, muchos han notado que en esta y en cada edición pasada, hay poca variedad de géneros en los catálogos de las editoriales, escasea la novelística nacional y extranjera, aunque predominan también textos que todos saben son de años anteriores y estos inundan los anaqueles, mientras que es evidente que otros, como los volúmenes de cocina por ejemplo, protagonizan los listados de novedades a sabiendas que se editan por ser los más vendidos.

La XXVIII Feria del Libro llega en el justo momento en que se entroniza el rumor de un segundo período especial en Cuba, bola que de boca en boca circula y es apuntalada por inquietantes noticias como la reducción de páginas de las ediciones impresas de los periódicos en el país caribeño, medida que décadas atrás también se acompañó de una disminución de los volúmenes de libros.

“Sería muy doloroso que estuviésemos asistiendo a una de las últimas Ferias del Libro de los últimos años, o de las mejores si consideramos que las que vienen serán peores, esperemos que eso no suceda”, sentencia Javier.

La Feria Internacional del Libro, en su edición número 28, inició este miércoles en Santiago de Cuba y termina el próximo 14 de abril.

Este año, la República Argelina Democrática y Popular es el país invitado y está dedicada al escritor cubano Eduardo Heras León, Premio Nacional de Literatura (2014) y de Edición (2001).


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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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