Apagones en La Habana Foto © Cubadebate

En algunos barrios de Cuba circulan listados con horarios de apagones

Este artículo es de hace 1 año

Aunque la oficialidad cubana insiste en que la situación de la isla hoy no es la misma que existía en los años noventa, cuando se tomaron decisiones de sobrevivencia, la drástica reducción del consumo de alimentos, transporte y electricidad que se acentúa hoy dice lo contrario.

Si bien el gobierno afirma que el país tiene “reservas” que puede utilizar para “resistir”, de acuerdo con Alina, una mayabequense de 32 años, en Bejucal ya está circulando un listado en el que aparecen los horarios en que nos tocan apagones. Ahora ha empezado suave la cosa y la quitan una o dos veces a la semana, pero la gente comenta que llegará el momento en que sea todos los días como ya ocurrió hasta principios de los 2000.   

“Hablan constantemente de que no se darán pasos que conduzcan a medidas radicales, pero en realidad hace rato se están aplicando y sin anunciarlas. Los medios de comunicación se quedan mudos mientras nos quitan la corriente eléctrica durante tres o cuatro horas ininterrumpidas, denuncia la joven cuentapropista.

Según considera el ingeniero eléctrico Roberto, empleado de una pequeña empresa no estatal de construcción, no hay manera de resolver nuestros problemas sin buscar divisas e impulsar la industria privada para pagarle a los proveedores de alimentos una deuda de más de mil 500 millones de dólares. La enorme contracción de compras de alimentos destinados a la población y la disminución acelerada del plan de consumo energético empresarial y residencial ya es un hecho.

Si no se descentraliza la economía y permiten que todos los cubanos inviertan aquí estaremos hablando de los mismos problemas en los próximos 60 años. Llevamos casi una década en la llamada actualización del modelo económico, que ha reformado la estructura empresarial del país, pero no totalmente las relaciones socioeconómicas. Por eso seguimos sin dar pie con bola para acabar con la penuria en Cuba.

Nadie puede negar la escasez que sufre el pueblo y el deterioro progresivo de su nivel de vida, tanto por su poder adquisitivo como por la calidad de los servicios sociales que se le ofrecen. El desarrollo sigue estancado, como si mejorar fuera una opción que pudiera seguirse posponiendo, como si fuera aceptable que el salario medio no alcance ni para que una persona coma durante dos semanas”, agrega el trabajador particular.

Aunque las autoridades cubanas achacan el desabastecimiento al recrudecimiento de las sanciones de la administración estadounidense e intentan hacer ver que todo estará bien porque la situación es coyuntural, otros factores como la falta de liquidez y la crisis de su principal aliado, el gobierno de Nicolás Maduro, empeoran la crisis de la economía de la isla.   

En tanto, el apagón llega en forma de ahorro a las entidades estatales, donde la mayoría de las veces la climatización no se usa o se pone solo después de la una de la tarde.

Desde la óptica de una de las dependientes del Centro Comercial Galerías de Paseo, es imposible estar de pie más de ocho horas diarias sin tener corriente en la mitad de ellas. Los mismos clientes se quejan y a nosotros no nos queda otra que seguir vendiendo así. Incluso nos exigen venir de completo uniforme porque no son los jefes los que se ahogan de calor detrás del mostrador de un lugar sin ventilación, usando blusa con cuello y chaqueta.

Además, lo peor es que es igual en un banco, una terminal o un policlínico. Uno sale de la casa porque no le queda otro remedio. En cualquier sitio al que uno llega encuentra solo maltrato. La gente está malhumorada, recondenada por tanta necesidad insatisfecha, puntualiza la tendera.

A tenor con lo que explica alarmado un forista en Cubadebate, si se sigue esperando a que haya un presidente bueno en la Casa Blanca por un período lo suficientemente largo como para inspirar confianza, a que todos los negociantes que se acercan al país vengan con propuestas tan lucrativas y convenientes como la colaboración en el exterior, a encontrar otro país hermano que como Venezuela ponga sus recursos energéticos a nuestra disposición, u otra potencia que como la URSS nos mande todo por tubería, nos va a pasar por arriba la rueda de la historia”.

En ese mismo sitio un usuario comenta que en la ciudad de Matanzas las personas andan en la calle como gallinas desplumadas detrás de la comida para el día a día poner algo de proteína en la mesa. La tarjeta de la bodega debe jugar el papel de antaño y dar muchos más productos por la libreta a precios de tienda, pero donde todo el mundo coja, no como pasa ahora que un turno en la cola de la tienda te lo venden en 5 CUC, y todo está subiendo de precio por la especulación y la escasez.

Los salarios son los mismos y todo vale de dos a tres veces más caro: una libra de arroz 15 pesos, una libra de carne de puerco entre 40-75 pesos en dependencia de como se la den al vendedor de la carne, un huevo dos pesos, una botella de aceite de un litro 75 pesos, el saco de cemento en 10 CUC si aparece, una jabita de papas 25 pesos, un aguacate llegó a costar 30 pesos, una libra de frijol 13 pesos, y así todos los precios por los cielos cuando un salario promedio en Cuba es de 500 pesos.

Los que menos ganan quedan desprotegidos en esta corrida de alza súbita de los precios, por eso la libreta de la bodega debe dar lo que necesita una persona para subsistir un mes y dar más cárnicos y proteínas, pescado, frutas, verduras, viandas. Los particulares tienen de todo a precios astronómicos porque se aprovechan de la ineficiencia del Estado que no tiene nada y lo poco que tiene es de mala calidad, añade.

Por su parte, la limpiapisos Dinora, de 39 años, refiere que “los que verdaderamente sufrimos somos los cubanos de a pie que no tenemos familia en el extranjero y que vivimos de un mal salario. Con el regreso de los apagones volverán los tiempos de vivir con un abanico en la mano para que no nos coman los mosquitos y salando la carne para que no se eche a perder cuando se descongelen los refrigeradore”.

En palabras de la contadora Liudmila, de 47 años, “le pusimos parches a los huecos de nuestra economía y por eso ahora se está desinflando. ¿Por qué no puede admitirse que el modelo económico cubano no funciona y que hay que hacer profundos cambios? Este país se está derrumbando porque eso es lo que le conviene a los que mandan, que vivamos con una bota puesta encima.

“Está demostrada la incapacidad de la empresa estatal socialista cubana para revertir desastres económicos. Que si los yankees, que si la sequía, que si las lluvias y los huracanes, que si la burocracia, todas esas justificaciones tienen a este país inmovilizado y ese estatismo nos mata.

Los de arriba consideran las condiciones en que vive el pueblo como un ‘mal necesario’ y no como una vergüenza para los que dicen trabajar por el bienestar de la mayoría, destaca.

Este artículo es de hace 1 año

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