Una de las obras en La Rampa | Foto © CiberCuba
Una de las obras en La Rampa | Foto © CiberCuba

La galería más pisoteada del mundo


América Latina Cuba

Publicado el Viernes, 21 Junio, 2019 - 16:07 (GMT-5)


Una cuadrilla de trabajadores cubanos ha estropeado la mítica acera de La Rampa, calle principal de La Habana norteamericana, congelada con el triunfo de la revolución y que también es la galería más pisoteada del mundo, desde que en 1963 sus aceras graníticas se salpicaron de mosaicos con reproducciones de cuadros de los principales pintores cubanos de la época.

El daño estructural y estético sería reparable con dinero, pero parte de la opinión pública cubana ha reaccionado con dolor comprensible ante el enésimo destrozo infligido al patrimonio cultural de la nación que ha vivido el castrismo con una combinación de placidez inicial e imploración permanente en el ámbito cultural.

La revolución de 1959 significó un impulso a la cultura cubana, que se benefició del apoyo económico que el nuevo estado ofreció a los creadores talentosos y aficionados, posibilitando hitos como la Escuela Nacional de Arte (ENA), un movimiento teatral vigoroso y un Ballet Nacional que sentó escuela en el mundo; la música popular, la literatura y la conservación patrimonial fuero los paticos feos de una política cultural que identificó lo popular con el pasado reciente, se soliviantó por conflictos con escritores y periodistas desde días iniciales, y el desprecio aparencial –usado como herramienta política– al legado arquitectónico del capitalismo.

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Algunos intentos  de conservar la ciudad y los barrios como espacios de convivencia chocaron con la vanguardia revolucionaria que apostó por lo rural, en un acto de justicia social sin precedentes, pero que arrinconó a La Habana y otras ciudades y pueblos con valores monumentales porque eran símbolos de un pasado ¿decadente?

Los barbudos no escatimaron desprecio y convirtieron la casa de Dupont en la sede del primer cuartel de Guardafronteras de Varadero y aunque la ocupación no fue prolongada, los aguerridos milicianos dañaron el valioso xilófono de la mansión.

Eusebio Leal, que junto a un grupo de arquitectos como Miguel Coyula, Antonio Quintana, Fernando Salinas, Eduardo Rodríguez apostaron por la conservación y mantenimiento de los valores capitalinos, no consiguió espaldarazo oficial a sus proyectos hasta que el turismo extranjero no eludió la oferta de playas, mojitos y rumba que perpetraba el castrismo y reclamó husmear por los rincones preferidos de Nat King Cole, Ava Gardner, Marlon Brando, Meyer Lanski, George Raft, Josephine Baker y Salvador Allende; entre otros.

Por tanto, que un grupo de obreros, ocupados en arreglar una avería no hayan reparado en el daño que infligían a un valor cultural forma parte de una política que priorizó la pobreza como bandera y que luego ha hecho de la conservación del poder su leit motiv.

La Habana ha sido agredida consuetudinariamente por el castrismo y en ese espíritu aniquilador se educaron los obreros que han herido los mosaicos de las singulares aceras de La Rampa, que debe su nombre a la genialidad y el azar de German Pinelli quien –por error– entre grabación y grabación de programas, abrió la puerta de una salón de reuniones en la antigua CMQ y, viendo a los empresarios y publicitas allí congregados, soltó: ¡Pero, todavía están ustedes buscándole un nombre a la rampa esa!

Sería deseable que las autoridades provinciales fueran justos con las sanciones a los obreros y rigurosos con los jefes inmediatos y con ellos mismos, pues no debemos olvidar que La Habana está inmersa en la celebración de su 500 cumpleaños (16 de noviembre de 2019) y que en un sistema vertical la responsabilidad por tamaño destrozo corresponde a los mayimbes y no a los trabajadores.

La Rampa llevaba años perdiendo fuelle por la combinación de la pobreza impuesta y el desplazamiento del turismo extranjero hacia La Habana Vieja, esa urbe española que se esconde del sol y coronada con vitrales y a la que también agredieron con la mole de una iglesia ortodoxa rusa que no pinta nada en el Caribe.

En 2003, con motivo del 40 aniversario del Congreso Internacional de Arquitectura (CIA) de La Habana, fue convocado un concurso para elegir 15 nuevas obras que reproducidas en mosaicos ocuparían nuevos espacios en el entorno de La Rampa, pero –hasta ahora- solo se ha instalado “Guitarra”, de José Miguel Pérez Hernández, en el parque Don Quijote (23 y J).

Algún día podrá hacerse inventario del daño cultural infligido a La Habana y a los habaneros de cuatro generaciones que –como los personajes de Guillermo Cabrera Infante– pisotean Rampa arriba y Rampa abajo para darse un mate en el Wakamba, bajar a deleitarse con una descarga en La zorra y el cuervo o comerse un Turquino en Coppelia, tras una cola alargada como serpiente y bullanguera como el Parisien.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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