"Creo que hoy el teatro para niños y de títeres tiene más salud que el dramático para adultos": entrevista a un titiritero cubano

“Nuestro teatro es familiar, o sea, está dirigido hacia toda la familia, pero con un enfoque principalmente en los niños y adolescentes que serán los hombres del mañana”.

Cortesía del entrevistado
Titiritero cubano Eduardo López Foto © Cortesía del entrevistado

Este artículo es de hace 2 años

Algunas veces te encuentras con personas cuyas profesiones te han sido ajenas o que, simplemente, no han estado comprendidas dentro de tu quehacer diario, y de pronto, al escucharlas, aprendes a amar esas especialidades: tal es el grado de pasión que sienten hacia lo que hacen.

Eso me pasa con Eduardo López González, uno de los mejores titiriteros de Cuba, cuya experiencia de vida toca nuestras fibras más sensibles.

Eduardo nace el 2 de mayo de 1980 en el Hospital “Hijas de Galicia”. Único hijo de Eduardo y Guadalupe, desde niño se inclinó por los libros, el cine y el deporte.

“Entre 5to y 6to grados, mientras estudiaba en la Pre-EIDE ´adezhda Krúpskaya de Alamar, combinaba la pelota con las letras”.

¿Cómo es eso?

“Sencillo: en los horarios libres escribía historias que un amigo de aula, a quién le gustaba la radio (su nombre no lo recuerdo), las narraba como si fuera una novela radial.

“Ya en la secundaria nos mudamos para Arroyo Naranjo y mis padres comenzaron a trabajar en la floristería Los Jazmines, que se hallaba al lado del cine Alegría, actual sede de la compañía Habana de circo.

“Yo iba todos los días a ese cine, y fue tanta mi amistad con los trabajadores que me enseñaron a proyectar películas, pasar los rollos al proyector, pegar las cintas.

“Ahí, en ese cine también radicaba la compañía Integración que, dirigida por Raciel Reyes, integraba como reza su nombre, la música, el teatro y los títeres.”

¿Entonces ese fue el punto de partida de tu amor por los títeres?

“Pues mira tú que no. Ahí comenzó mi interés por el teatro, pues en el mes de noviembre ellos realizaban, conjuntamente con la Casa de Cultura, el Festival de Monólogos y Espectáculos Unipersonales.

“Participé en varias obras hasta que un día, ya yo tenía 19 años y me había graduado de gastronómico del Instituto Politécnico René Ramos Latour, un actor de la compañía, Santiago Ramos, me propuso dirigirme un unipersonal.

“Entonces le dije que quería escribir el texto e hice mi primera versión teatral del Infierno de Dante. Con ese unipersonal, donde interpretaba a Dante, Virgilio, Beatriz y los siete pecados capitales, participé en el duodécimo Festival de Monólogos y Espectáculos Unipersonales, el 14 de noviembre de 1999”.

¿Quién presidía el jurado de dicho festival?

“Nada menos que el señor Armando Morales, director del Guiñol Nacional de Cuba, quien al verme actuar y cambiar las voces entre los personajes, me dijo que estaban haciendo audiciones en el Teatro Guiñol para la obra Momo”.

Que se fijara en ti demuestra que lo impresionaste e, incluso, en algo distinto como el mundo de los títeres. ¿Fue así que comenzó la pasión hacia los títeres?

“En efecto. El primero de septiembre del 2000 llegué a los títeres, que me enamoraron de tal forma que no me he podido separar de ellos en casi 20 años.

“Armando Morales fue mi primer maestro. Él me llevó al Diplomado de Teatro para Niños y de Títeres del ISA donde profundicé sobre este arte milenario con profesores importantísimos del teatro cubano como Fredy Artiles, Ignacio Gutiérrez, Maira Navarro, Rubén Darío y el propio Armando.

“Después de pasar por varios grupos, el primero de enero del 2015 me aprueban mi propio proyecto Títeres Tocororo, el cual fundo junto a mi esposa, Milagros Reyes Trujillo, actriz-titiritera y bailarina.“

A partir de ahí han tejido los dos una linda carrera dedicada al fantástico mundo de los títeres, esos seres que cobran vida por la maestría de los humanos.

“En estos cinco años hemos realizado siete obras de títeres. Siguiendo la tradición titiritera latinoamericana, aprendida de mis dos grandes maestros, Armando Morales y Julio Cordero. Somos una pareja de titiriteros que seleccionamos los textos, hacemos los diseños, construimos los títeres y escenografías y montamos la obra”.

“En nuestras puestas en escena, la producción y el montaje lo hacemos en casa, y las presentaciones en las salas de teatro. En estos cinco años hemos participado en once festivales Nacionales y siete Internacionales.

“Nuestro teatro es familiar, o sea, está dirigido hacia toda la familia, pero con un enfoque principalmente en los niños y adolescentes que serán los hombres del mañana”.

Yo recuerdo en mi niñez, algo alejada ya en el tiempo, las funciones de títeres en el Zoológico, el parque Forestal, en cines. Éramos una cantidad exorbitante de niños ¿Goza de buena salud en estos momentos esta manifestación artística?

“Creo que hoy el teatro para niños y de títeres tiene más salud que el teatro dramático para adultos, y de títeres para público familiar más que el realizado específicamente para adultos.

“Hay más grupos y se dan más funciones de teatro para niños. Aunque para muchos sigue pareciendo un arte menor cuando, bien realizado, debería ser un arte mayor, ya que conjuga todas las artes”.

Miras a Eduardo y ves a un hombre que sabe y cree en lo que dice, defensor de sus títeres como de su vida misma. Y créanme, esa decisión convence.

“A mí me gustan los títeres, no los enmarco en para niños o para adultos. Los primeros títeres (Polichinela, Punch, Guiñol) se presentaban para adultos hasta que los niños se adueñaron de ellos. Sus representaciones varían para los niños, atendiendo al tono y el lenguaje”.

Cuéntame desde cuándo enrutas definitivamente tu camino por este asombroso mundo.

“Desde el comienzo como ya te narré amé los títeres pero fue a partir del 2007, junto a mi esposa, que animé un proyecto comunitario con niños y adolescentes en Las Guásimas: Amor y Esperanza.

¿De qué se trata el proyecto?

“Es muy abarcador. Impartimos clases de Teatro y Danza. Y cada año estrenamos una obra con ellos, habitualmente en el teatro Bertolt Brecht. Hace dos años damos talleres de teatro a personas con Síndrome de Down. Actualmente coordinamos por la ASSITEJ Cuba la Red de teatro inclusivo IIAN (International Inclusive Arts Network).

“Javier Villafañe decía que 'el títere nació cuando el hombre, el primer hombre, bajó la cabeza por primera vez, en el deslumbramiento del primer amanecer y vio su sombra proyectarse en el suelo; cuando los ríos y las tierras no tenían sombras todavía'”.

Para los que lo desconocen, Villafañe fue un poeta, escritor y titiritero argentino, que con su carreta La Andariega presentó su espectáculo recorriendo localidades de la Argentina y también de Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela, donde vivió varios años, según se lee en varios portales en internet. Nació en 1909 y falleció en 1996; en ambos casos en Buenos Aires. Sigues muy bien sus enseñanzas.

“¡Y lo dices! 'Los títeres nunca van a abandonar al hombre y el hombre nunca podrá prescindir del títere… como juguete infantil, como instrumento de comunicación, como forma de arte, como portavoz de crítica y consejo… verdugo de los injustos, doctor de los enfermos, maestro de generaciones…'¿Es cierto o no?

“El teatro es un arte vivo y como la vida, cada obra te deja una huella. La obra del Infierno de Dante marcó mi camino. La magia de ese día me hizo saber que eso era lo que quería hacer en mi vida.

“Imagínate de saltar de una cocina a un retablo de títeres, a un teatro. Yo me había graduado de gastronómico y cuando Armando Morales, director del Teatro Nacional de Guiñol, me dijo lo de las audiciones del Guiñol lo primero que hice fue pedir la baja del trabajo.

“Me presenté el día de la audición y ahí estaba presidiendo la mesa Xiomara Palacios, reconocida actriz de teatro, cine y televisión, fue directora del Teatro Nacional de Guiñol, de la que yo ni siquiera había oído hablar; yo nunca había ido al Guiñol. Mi infancia había sido el deporte, los libros y el cine.

“Pero ahí estaba, de atrevido, en el Teatro Nacional de Guiñol y frente a la gran maestra. Me temblaban hasta los dientes cuando me preguntó si había hecho teatro alguna vez”.

¿Y qué pasó?

“Yo le dije que sí y le conté lo del festival de unipersonales. Ella me pidió que cantara una canción e hiciera un cuento. Interpreté la canción de las vocales al estilo de Erwin Fernández (actor que encarnara sabiamente al payaso Trompoloco) y narré el cuento del Gallo de boda utilizando los objetos escenográficos que habían en el tablado.

“Cuando terminé, ella me preguntó dónde yo trabajaba. Le conté que lo hacía en gastronomía pero había pedido la baja del trabajo antes de ir a la audición”.

Pusiste la carreta delante de los bueyes. ¿Y si no te escogían?

“¿Sabes? Esa misma pregunta me hizo Xiomara. Pero no me amilané y le respondí que buscaría otra audición en otro grupo porque ya había decidido que eso es lo que quería hacer en mi vida y que iba a luchar por lograrlo”.

Dialogas con este hombre, aún muy joven, y puedes imaginarlo aquel día todo vigor y decisión, sabedor de lo que verdaderamente sería su vida desde ese momento.

¿Y qué te dijo la maestra?

“Yo no sé si fue la audición o fue esa respuesta pero me contrataron en el Guiñol y pasé tres años de mucho aprendizaje. Después, Lida Nicolaeva, la directora del grupo Caleidoscopio, me contrató para participar en la obra Pinocho, una versión que ella hiciera de La Llavecita Dorada. Y aquí me detengo para narrarte una anécdota relacionada con un tema nada ajeno a los cubanos: los apagones”.

Es cierto que nosotros nos reímos de nuestras desgracias.

“Estábamos presentándonos en la sala Hubert de Blanck con la obra del Gato con Botas. Era la escena del Palacio del Rey; Alfredo González interpretando a Carabás y yo al Rey, y ahí mismo quitan la corriente.

“Alfredo y yo, sin ponernos de acuerdo, nos quedamos como estatuas hasta que llegara la luz o por lo menos abrieran las puertas y el público pudiera ver.

“Cuando abrieron las puertas, la directora se nos acercó y nos dijo que nos sentáramos a esperar que todo se normalizara, pero nosotros seguimos todo un juego de improvisación sin perder los personajes para tratar de mantener la magia y la atención de los niños.

“Fue una experiencia muy bonita. Lo triste es que no pusieron la corriente y hubo que suspender la función”.

Hay que verle el rostro a Eduardo para poder imaginar aquella fallida función, que se tradujo en desconsuelo y decepción para los infantes.

“No. Pero esa no fue la única. Otra experiencia de apagones fue en el Teatro de La Villa en Guanabacoa, ya con mi grupo Títeres Tocororo y trabajando con mi esposa.

“Presentábamos Francisca y la muerte en clave de clown, una versión del cuento de Onelio Jorge Cardoso. En plena función: ¡¡¡apagón!!!

“Por suerte, coincidió con la escena en que la muerte está persiguiendo al payaso, mi esposa interpretaba a la muerte. Entonces, aprovecho la ocasión para echarle la culpa al público de que habían quitado la luz para que ella no atrapara al viejo.

“Y el público, entre carcajadas, empezó a encender los celulares y alumbrarnos con ellos. ¡Fue algo increíble! Así terminamos la función. Si no te aburro, te narro otra de apagones.”

¿Qué me vas a aburrir si estoy cayéndome de risa? (Ironías de la vida, ¿saben?)

“Pues la tercera anécdota con los apagones fue con los niños del proyecto comunitario. Presentábamos en el Brecht la obra El cuarto Rey Mago.

“Y casi al final de la obra quitan la corriente. Yo pensé que tendríamos que parar la obra pero los niños siguieron actuando como si nada.

“Todo bien, hasta que llegó la escena de la muerte de Altabán, el cuarto Rey Mago, y baja un ángel a buscarlo. Ahí Altabán hace una pregunta y la respuesta estaba grabada. Yo que estaba en la cabina de audio veo cómo la niña que interpreta a Altabán mira al ángel, mira para la cabina donde ella sabe que estoy yo, y de donde debe venir la respuesta, vuelve a mirar al ángel y hace la pregunta.

“ Yo, que me había dado cuenta, corrí para atrás del telón y engolando lo más que pude la voz grité la respuesta. Ahí debía venir una canción y el ángel llevarse volando al cuarto rey mago.

“La niña, que interpretaba al ángel, enganchó la mecánica en el arné de Altabán y los tramoyas empezaron a subirlas. Y en medio de ese silencio empezó a escucharse la voz de la niña cantando la canción a capella.

“Cuando miro a mi alrededor, todos los padres que estaban colaborando atrás del telón con los ojos llenos de lágrimas y cuando miro al público, todos llorando. Fue una de las funciones más emocionantes que he vivido. Esas niñas me dieron una lección de vida. Me enseñaron lo grande que puede llegar a ser todo aquel que realice su leyenda personal”.

Realmente, lo que describes son enseñanzas de vida, sin dudas, ese día nunca será olvidado por los protagonistas y el público, pues éste se sumó activamente a la función.

¿Qué planes tienes en la actualidad?

“Además de lo cotidiano, ofrecemos funciones en el Escambray, lo que forma parte de un proyecto ecológico del PNUD con el cual colaboramos hace tres años”.

Y es que el teatro de guiñol es eso…¡algo increíble!: humanismo, amor, encanto, fantasía. Fundado en 1963 por los hermanos Pepe y Carucha Camejo, el Teatro Nacional de Guiñol es el centro de referencia de los titiriteros cubanos. En él se ofrecen espectáculos de los más variados géneros artísticos.

Espectáculos que no están limitados a una sala, a un teatro; ya que auditorios preferenciales de estos grandes artistas son las salas oncológicas infantiles, las comunidades urbanas y campesinas. En los más disímiles lugares te encuentras una función de títeres.

Tu esposa y tú son simientes del grupo Títeres Tocororo. ¿Tienen hijos, son artistas como ustedes?

“De una forma u otra, sí lo son. Tenemos tres. El varón se llama Jonathan, tiene 26, vive en Suiza y es bailarín de danza contemporánea; la mayor de las hembras, Sirenia, 23 años, es artista circense, y la pequeña, Fátima, con 14 quiere ser modelo”.

¿Premios alcanzados por el grupo? ¿Internacionalmente es reconocido el Guiñol cubano?

“En el 2003 gané el premio de cuento La llama doble con Buscando a Laura. En el 2006 entro al taller de Narración Onelio Jorge Cardoso y en el 2007 me dan mención en el concurso de la revista Palabra Nueva.

“Internacionalmente, el movimiento cubano de títeres es reconocido por su calidad, buen hacer, buen decir; no trasgredimos nuestras normas ni sacrificamos lo que somos a cualquier variante de moda de mal gusto que venga imponiéndose”.

Concluyo este diálogo con una idea del maestro Armando Morales expresada en una entrevista que retrata lo que Eduardo López nos ha enseñado a lo largo de los años:

“El títere es una artimaña: está la maña del titiritero y la magia que lo circunda. Es una formulación plástica, visual, volumétrica, una escultura con un movimiento dramático, que tiene color, texturas. En la relación del actor con el títere se enfatiza la identidad de cada uno. Todo eso unido a la música, al movimiento danzario que puede tener un títere, a la manipulación de la figura. En esa pequeña anatomía ya sea de guante, de varilla, de sombra, están concentrados todos los aspectos de la creatividad del ser humano”.

Palabras sabias sobre un arte milenario que día a día pone en práctica el grupo Tocororo, y que según mi humilde opinión, no es lo suficientemente reconocido en el mundo artístico de nuestro país, al punto de para algunos ser considerado un arte menor.

Se impone tener en cuenta que los títeres no son patrimonio de los niños, aunque por supuesto sean los que más los disfruten y ¡sobre todo! los que le den su justo valor al disfrutarlo como sólo ellos saben hacerlo.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos