Sepultado el Cardenal Jaime Ortega en el Cementerio de Colón / Ofrenda floral de Raúl Castro Foto © Collage: Facebook Palabra Nueva Cuba y COC

Desaire de Raúl Castro y prudencia de la curia confirman congelamiento mutuo

Las ausencias de Raúl Castro Ruz y Miguel Díaz-Canel Bermúdez en los funerales del cardenal Jaime Ortega Alamino y la excesiva prudencia de la Iglesia Católica al no promover un entierro popular confirman que las relaciones entre la Curia y el Gobierno cubanos siguen congeladas desde 2015.

La Iglesia Católica cubana habría rechazado la oferta oficial de realizar casi un funeral de Estado, negativa entendible porque proviene de una entidad que se proclamaba atea hasta antes de ayer y sigue siendo laica y con un Partido Comunista como suprapoder, pero la cobardía de no haber realizado un entierro popular resulta inexplicable para católicos y no católicos.

Solo con el aporte de las parroquias de La Habana, sin contar el de las vecinas provincias de Mayabeque y Artemisa, habría sido suficiente como demostración de la fuerza del catolicismo en la sociedad cubana, pero la Iglesia se ha mostrado torpe y huidiza a la muerte de su Cardenal.

Ni una sola voz de la Iglesia cubana se ha escuchado condenando el atropello del tardocastrismo contra Dagoberto Valdés, prohibiéndole su asistencia al funeral de Ortega Alamino, pero en cambio –entre las fotos divulgadas de la ceremonia en la Catedral de La Habana, eligió una en la que solo aparece la Corona de flores enviada por Raúl Castro, que nunca tuvo química personal con el recién fallecido.

Díaz-Canel podría haber dormido una hora menos o retrasado su viaje al retozo del Foro de Sao Paulo -que ahora se celebra en Caracas y puede acabar en La Habana- y haber acudido a la catedral capitalina y cumplimentar a los deudos de Jaime Ortega y a los jerarcas de la Iglesia católica.

La continuidad como fórmula de supervivencia política resulta adecuada y útil, pero no implica imitar en todo a los mayores, y el presidente cubano ha desperdiciado una oportunidad de oro para desmarcarse de la indiferencia raulista y haber hecho un guiño a los millones de católicos cubanos, de dentro y de fuera de la isla.

El liderazgo de Díaz-Canel debe construirse generando el más amplio consenso porque carece de la “legitimidad” histórica, lo cual también es beneficioso porque lo pone a salvo de episodios traumáticos, que son responsabilidad de la generación histórica.

El tardocastrismo estuvo representado por el vicepresidente del Gobierno, Salvador Valdés Mesa y el Presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández; ambos negros y sin relación con el catolicismo; el Ministro de Cultura tampoco asistió a las honras fúnebres.

La frialdad en las relaciones entre la Iglesia Católica y el tardocastrismo, datan de 2015, cuando se produjo el primer frenazo a las reformas económicas, que Ortega Alamino había apoyado con entusiasmo, desoyendo incluso a parte de sus compañeros de fe que aconsejaron prudencia, escaldados de frustraciones anteriores.

Luego ocurrió la marginación de la Iglesia en las negociaciones entre Obama y Raúl Castro, aunque después acudieron a ella para apaciguar a los católicos cubanos de Miami, Nueva Jersey y Puerto Rico, fundamentalmente.

En esa Navidad de 2017, volvieron a ponerse de relieve, por un lado la antipatía que sentía Raúl Castro Ruz por Jaime Ortega Alamino y el voluntarismo del Cardenal en aprovechar el Obama's deal para consolidar la posición del clero en el escenario pre transición; pero también desoyendo a obispos como Emilio Aranguren, quizá el más político de los sobrevivientes.

Una fuente próxima al Partido Comunista de Cuba comentó a CiberCuba que no haber tenido que negociar con obispos de prestigio y mayor solidez teológica y cultural que Jaime Ortega Alamino “fue una ventaja inicial; pero luego vimos que la iglesia se escindía y ahora creo que no tenemos interlocutores, o sí. Pero cada negociación y conversación la convertimos en un acto de fe porque no nos fiamos el uno del otro”

La pérdida de confianza mutua entre dos interlocutores cualificados en el escenario cubano, en las actuales circunstancias, es un factor de riesgo importante para Cuba y, y los jóvenes dirigentes tardocastristas carecen de la cultura teológica que atesoraron Fidel y Raúl Castro en sus años estudiantiles en colegios de Curas, incluidos falangistas españoles.

Díaz-Canel tendrá que rehacer los vínculos con la Iglesia Católica, y medir bien los excesos oficiales en sus guiños a la brujería y a otras denominaciones cristianas, dominados por personas afines al tardocastrismo, su maquinaria de poder y su aparato de propaganda.

Caridad Diego Bello, la discreta jefa del Departamentos de Asuntos Religiosos del Partido Comunista, debe limitarse a mantener el hilo de comunicación con los Obispos cubanos, con el hándicap de que es solo una empleada del tardocastrismo, sin peso específico para restaurar los daños infligidos a la relación Iglesia-Estado; aunque puede hacer de curadora su actúa con lealtad a Cuba.

La figura del Papa Francisco I, aparece disminuida en este empeño porque también sufrió el soslayo de Washington y La Habana, por su convencimiento íntimo de que el tardocastrismo no siempre es de fiar, por sus obligaciones para con los fieles cubanos y por su pacto con el Opus Dei, extraño compañero de viaje para un jesuita, obligado a hacer de la necesidad virtud para cumplir la misión asignada: impedir que más ovejas se descarríen.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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