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¡Ay, pero qué cómico se ha puesto el Granma!

Pretender ahora culpar a humoristas de la situación cubana, aparte de ejercicio estéril, es otro acto de cobardía típico de los poderosos atemorizados, que ya no saben a qué acudir para mitigar su inquietud.

Personajes de Vivir del Cuento leen ejemplares de la Constitución cubana © Facebook/Vivir del Cuento
Personajes de Vivir del Cuento leen ejemplares de la Constitución cubana Foto © Facebook/Vivir del Cuento

Este artículo es de hace 4 años

En Granma, periódico del Partido Comunista de Cuba, aflora el dolor que sienten algunos tardocastristas cuando ven ridiculizados a dirigentes intermedios en series de televisión y en shows humorísticos, y no tiene peor ocurrencia que sugerir, como contrapeso, que se ridiculice también a los ladrones y otros ejemplares de la fauna amamantada por la dictadura, que suplantó valores permanentes como el trabajo eficaz, la lealtad y la solidaridad, por la fidelidad inquebrantable al máximo líder, aun cuando fuera fingida.

Lógicamente, lo que se esconde detrás del artículo publicado en Granma este jueves son torpedos en la línea de flotación de programas como Vivir del cuento y de espectáculos de humor, que alivian al cubano de la grisura comunista, ajena a su idiosincrasia y manera de concebir el mundo.

Podríamos estar ante la enésima ofensiva revolucionaria, típica en coyunturas como la actual, cuando la mona no carga al hijo y Cuba sufre las consecuencias de su miope política de dependencia externa en el terreno económico, a cambio de que la casta preserve el poder.

Rara vez Granma se ha preocupado de la virtud de esos cuadros de la administración que soportan notables cuotas de desgaste y desprestigio por la falta de resultados tangibles en su labor.

Y, como es usual, Granma exagera en su invectiva, asumiendo pose de niña ofendida; pues el humor cubano es manso frente al poder, al que podría criticar, por ejemplo, por su discurso totalitario; por las erróneas decisiones económicas que siguen empobreciendo a los cubanos y por su discurso repleto de contradicciones; como es el hecho de verbalizar un discurso social y ejercer una política económica neoliberal.

El régimen cubano es el mayor humorista de la Isla, como se empeña en demostrar cada día con la solemnidad boba de sus puestas en escena, el andar recetando consejos de pluralidad y democracia que no consigue poner en marcha, o cuando se sumerge en la tómbola de cifras victoriosas que cada año crecen en porcentaje con respecto del precedente.

De hecho, sería oportuno que levantaran un poco el pie del acelerador del crecimiento económico, no vaya a ser que el ritmo actual provoque hambruna y desesperación en la mayoría frustrada y dolida por las agresiones estatales en materia de precios y calidad de los productos, que les venden en una moneda valorada 25 veces más que el peso cubano, con el que paga pensiones y salarios.

Pretender ahora culpar a humoristas de la situación cubana, aparte de ejercicio estéril, es otro acto de cobardía típico de los poderosos atemorizados, que ya no saben a qué acudir para mitigar su inquietud.

Y Granma soslaya un aspecto crucial en el humor que reclama contra “macetas” y otros lumpenes, todos ellos, absolutamente todos, son Made in castrismo, que los produjo a golpe de escasez crónica y los toleró con la salvedad de que no se metieran en política y con la doble ventaja de usarlos como proveedores de la incesante bolsa negra y, al mismo tiempo, como rehenes, pues si pitan regao van a la cárcel por merolicos y no por su hartazgo político.

Los recursos que mueven los “macetas” y sus buquenques, incluidos generales y doctores, son robados de los almacenes estatales, que supuestamente son propiedad del pueblo trabajador; con cortar ese grifo bastaría para acabar con los maceticas y dejar que la mayimbada y sus proles sigan jugando al capitalismo estalinista que tan contentos los tiene.

¡Qué cómico! Los que venían a salvar a Martí en el centenario de su muerte han acabado con timbiriches en sus residencias fruto de la apropiación indebida, y fomentando un sistema represivo que juega con el hambre ajena y con aquellos símbolos de diversionismo ideológico que tantas noches desvelaron a Raúl Castro.

Menos mal que con Prío y Batista había diferencial azucarero y seis por ocho; ahora los mandamases les roban el 75% de sus salarios a los médicos internacionalistas, y retozan en Varadero y en los cayos con la certeza de que el tiempo muerto está asegurado.

¡Ay, pero que cómico se ha puesto el Granma amenazando a Pánfilo, Facundo y demás humoristas con dejarlos sin trabajo!, pues comprando el órgano oficial del partido comunista, los cubanos ya tendrían asegurada su cuota de carcajada limpia.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Pérez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.


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