Una ciudad entre rejas Foto © Santiago García Abreu

Santa Clara tras las rejas

En los últimos años el gobierno de la provincia de Villa Clara ha despilfarrado millones de pesos en la compra de rejas, lo cual hace pensar en componendas con algunos fabricantes.

Los gobernantes cubanos, presos de criterios estéticos infantiles, se entusiasman fácilmente con todo aquello que desde la retórica panfletaria puedan definir luego como “un bonito regalo para nuestro pueblo”. Los santaclareños lo saben muy bien. En los últimos años el paisaje urbano de la ciudad se ha visto desbordado de extraños ornamentos y elementos anacrónicos, que recuerdan el paso de dinastías políticas precedentes.

Por ejemplo, el anterior secretario del Partido en Villa Clara, Julio Lima, terminó su gestión rebautizado por el pueblo como “Julito Parquecito”, pues el mayor legado que le dejó a la provincia fueron los columpios y banquitos que mandaba a emplazar en cualquier esquina donde se produjera un derrumbe. Pero tan frecuentes eran los desplomes que, si no llegan a sustituir al dirigente, ya Santa Clara anduviera disputándole a Holguín el título de “ciudad cubana de los parques”.

De acuerdo con los caprichos del gobernante de turno, nos han inundado de naranjitas militantes, consignas LED, motivos florales en forma de erizo, macetas con detalles medievales y más recientemente, todo un inventario de rejas, colocadas sin necesidad ni concierto alguno.

“Es como si un día hubieran descubierto que las rejas eran cool y comenzaron a meterle hierro a cuanto espacio abierto pudiera merecer los elogios de un jefe superior”, reflexiona Yerandi Espino graduado de arquitectura en la Universidad Central de Las Villas.

Foto: Santiago García Abreu

“En algunos casos no puedes ni distinguir lo que queda detrás, o sencillamente se trata de una cancela tan adornada que no tiene nada que ver con el estilo arquitectónico que rodea, o que le resta elegancia, como es el caso de las rejas que le colocaron al Palacio de Justicia, uno de los edificios más importantes de la región central”, argumentó.

Además del edificio de la Audiencia, fue enrejada toda una vasta área donde se derrocharon miles de pesos en lo que sería un parque chino de diversiones y que devino en potrero. Enrejaron los alrededores de la Plaza Sandino, el Palacio provincial de pioneros, el campo deportivo, y no faltaron voluntariosos que sugirieron colocar rejas -incluso- alrededor del Teatro la Caridad, en el mismo corazón de Santa Clara.

Por supuesto, los entusiastas precursores de esa estética carcelaria en ningún caso son urbanistas, especialistas en patrimonio o arquitectos. Los autores intelectuales de tales maravillas son nuestros tanques pensantes del Partido y el Gobierno, quienes deciden cómo y en qué ejecutar el presupuesto del territorio.

Foto: Santiago García Abreu

El mismo pueblo que se queja de la falta de alumbrado público, del mal estado de las carreteras y viales, que no tiene agua potable para el consumo diario ni suficiente transporte para moverse de un extremo a otro de la ciudad, es el mismo pueblo que no pierde tiempo para denunciar el exceso de rejas que hoy distingue a Santa Clara.

“A donde quiera que miras te tropiezas con una reja, y llega un momento en que, aunque estén bonitas, porque hay muchas que están bonitas, uno tiene la sensación de estar preso”, opina una vecina residente en calle La Cruz, en las inmediaciones de la Escuela de Economía.

En el perímetro de este centro educacional se han apostado cientos de barrotes de hierro con puntas de lanza, descuidando los serios problemas constructivos de que adolece esa institución, sobre todo en lo que respecta a las redes hidrosanitarias, la carpintería y el alumbrado. No obstante, los gobernantes han priorizado la colocación de las verjas antes que el confort de los estudiantes.

“¿Por qué esas rejas tan agresivas de tres metros? Todo el que encierra debe tener un motivo para encerrar, y nosotros no lo sabemos. En las prioridades uno debe establecer qué es lo más importante, y siempre debe funcionar el pensamiento colectivo”, valoró el director de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos Guillermo Jesús Pérez, en un programa de opinión transmitido por la radio santaclareña CMHW.

Otro de los entrevistados, el destacado arquitecto Roberto Ávalos, advirtió que al enrejar de manera descontrolada no se está respetando el espacio público. “La plaza del Sandino es hoy como un gran catálogo de rejas, hay de todos los tipos, colores y tamaños. Cuando originalmente se concibió como una gran plaza de ciudad, pública, abierta. Hoy, en cambio, le dicen el zoológico de 26, la jaula de los monos, y hasta etcétera”.

Luego advirtió: “No olvidemos que la reja tiene muchos significados desde el punto de vista de la semiótica o de la hermenéutica, y son significados que están en boca de la gente”.

Foto: Santiago García Abreu

Hoy, no pocos santaclareños asumen que el crecimiento descontrolado de las rejas citadinas obedece a una componenda entre los que deciden desde el gobierno y algunos fabricantes particulares.

“Si a mí me costó un ojo de la cara hacer la reja de esa ventana, y es una cosita sencilla, imagínate tú y saca cuentas de todo lo que se ha gastado el Gobierno de Santa Clara que ya ha colocado kilómetros de rejas”, advirtió una entrevistada.

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