Cola para el pan Foto © CiberCuba

Sin pan, a los cubanos les queda algo de amor y mucha fantasía

Cuba sigue siendo víctima de lecturas apresuradas de los hechos cotidianos y extraordinarios, que persisten en la reiteración del discurso de buenos y malos, que el castrismo inauguró en 1959, y que contribuyen a escamotear la terrible vida de la mayoría de los cubanos, incluidos los enfoques de diplomáticos norteamericanos, analistas al servicio de la casta verde oliva, gusañeros, mercenarios a megas de ETECSA y la algarabía de Internet.

La Encargada de Negocios de Estados Unidos en Cuba, Mara Tekach, acaba de descubrir al agua tibia, tan rara en el Caribe, diciendo que los "cubanos fueron recibidos con el puño duro de la Seguridad del Estado", frase obvia desde que un músico cubano avisó que hay que desmayar al que se pase de rosca.

El pueblo cubano no se va a movilizar por la desdichada muerte de Hansel Ernesto Hernández Galiano porque sus prioridades son poder comprar algo para comer, bañarse, aliviarse dolores y enfermedades e intentar mantenerse a salvo del coronavirus ese que anda con 59% de asintomáticos que, en epidemiología, es una bomba de relojería.

La oposición, activistas y periodistas anticastristas desempeñan un papel de vanguardia sociológica en la movilización anticastrista, pero la Contrainteligencia Interna (CI) no les teme porque sabe que la mayoría son gente con criterio, que ha ido madurando políticamente y con los que habrá que contar para negociar una transición a la democracia.

Por tanto, carecen de fundamento las alegrías simuladas de los ciberguerrilleros aludiendo a la eficacia de la Seguridad del Estado y las ineficacia de sus vigilados; teniendo en cuenta que la CI y el poder sienten pánico a un levantamiento popular por hambre, hastío y desesperación; de ahí la rapidez con que abortan cualquier intento de actividad enemiga.

La casta verde oliva y la CI usan a los agitadores y bobos solemnes, incluidos gusañeros emigrados, que simulan defender al tardocastrismo, mientras negocian viajes, remesas y recargas con amigos y conocidos de la plural geografía cubana y, a la hora de las mameyes, todos esas ciberclarias, especialmente, las más gritonas, serán puestas bajo estricta vigilancia de los Funcionarios Honorarios (FH) y demás fuentes del sistema represivo por si alguno resbala y hay que partirle el tentén.

Una noche remota en La Habana, se abrió antes de tiempo una puerta interior del Palacio de la Revolución y un intelectual, al ver a Fidel Castro Ruz, conversando con un grupo de colaboradores, exclamó: ¡Comandante, aquí estamos un grupo de intelectuales jóvenes y veteranos dispuestos a morir por la revolución!

Castro saludó con la mano y musitó: ¡Ya se ha puesto solemne el viejo cabrón... como si yo me fuera a creer que quiere morirse... Pepe (Abrantes) no dejes de vigilarlos que estos nos venden, si aparecen los yanquis...

Los esfuerzos baldíos solo conducen a la melancolía y Cuba está harta de lecturas excesivas y erróneas; una mayoría de cubanos, incluido los emigrados, prefiere que la oposición y los activistas independientes, aguanten los palos del tardocastrismo que, mientras el juego se reduzca al toma y daca con sus adversarios dormirá tranquilo; malo será el día que la periferia mísera emprenda la marcha hacia esos barrios congelados para la guara y subguaras del oeste de La Habana y el Nuevo Vedado.

La Seguridad cubana será eficaz en la medida en que la OFICODA siga manteniendo la cuota de ese instrumento de ¿justicia? revolucionaria que es el reparto de pobreza; los opositores y activistas independientes, son cubanos llenos de luces y sombras, pero que llevan en si el decoro de sus paisanos silentes, por ahora.

Más le valdría a Díaz-Canel mandar a callar al espía del Rolex obsesionado con las calabazas de contén y azotea y pedir a Mara Teckach que su gobierno designe a un funcionario con peso específico para negociar el precio de las cabezas de los compañeros Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Fidel Castro Ruz, el papá de todos aquellos que se proclaman sus continuistas, lo habría hecho mejor que Michael Corleone bautizando al hijo de su hermana Connie; mientras sus sicarios le daban matarile a los traidores e incómodos; para salvar la revolución, el socialismo y la familia, que es la célula fundamental de la casta verde oliva; tras destruir al resto de familias cubanas.

Cuando pases unos meses, Hansel Ernesto será un muerto más de Cuba, que seguirá viviendo con las tres incógnitas más perdurables del castrismo: Desayuno, almuerzo y comida; hasta un día.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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