Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de Cuba Foto © Granma

Los cubanos no necesitan discursos obsoletos, sino vivir como personas

Más de lo mismo. Volver a recurrir al embargo o bloqueo (esta vez al libro de John Bolton) para culpar a Estados Unidos de todos los males, incluido que las tiendas cubanas estén vacías, y después reivindicar documentos que están obsoletos para afrontar un nuevo escenario, no es lo que necesitan ni quieren los cubanos.

Los comunistas lo tienen fácil, si quisieran, arreglar su desastre económico, que tanto daña al pueblo que dicen representar y defender.

Por ejemplo, estableciendo un solo comercio, con unos precios establecidos por oferta y demanda, con los oportunos niveles de regulación del mercado, sería mucho mejor escenario que el actual, donde un inseguro y errático Díaz-Canel anunció la venta de unas cuantas libras de arroz y frijoles, mediante la Libreta de Racionamiento que, desde 1962, machaca a la mayoría de la audiencia de la Mesa Redonda de este jueves.

Y de la anémica libreta, pasó entonces a la primera medida estrella, adelantada por CiberCuba: la apertura, a partir del próximo lunes, de 72 nuevas tiendas que van a vender en divisas, tarjetas electrónica mediante.

Una decisión que busca “poder obtener dinero para fortalecer en la economía”, justificó Díaz-Canel. Pero ya veremos qué y a quienes fortalecerá porque vender lo que no se produce, es cargar de forma innecesaria las importaciones. ¿Y encadenamientos productivos? ¡Cero!

Si Cuba no produce suficientes alimentos hay que importarlos y pagarlos. Si se venden en dólares en las tiendas, se recaudan dólares directamente, y con esas divisas el gobierno puede comprarlos en el exterior manteniendo el ciclo de dependencia externa.

De este modo, el régimen pretende alejar la amenaza de una crisis alimentaria que estaba a las puertas del otoño, como señaló el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, en un informe reciente.

En definitiva, el pago de los alimentos que necesita la población, con acceso a dólares, servirá para obtener divisas con que comprar dichos alimentos. Y poco más. No hay que ver cinco patas al gato. No las tiene.

Díaz-Canel culpó a los “enemigos de la revolución” de lo que calificó como “campaña para dolarizar la economía” y que “intentan sembrar con cizaña un estado de opinión desfavorable”.

 No conozco a nadie que piense que las medidas de venta en tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) van a dolarizar la economía.

Puede estar absolutamente convencido Díaz-Canel que la mayoría de las propuestas económicas de la emigración cubana, incluidas las mías, carecen de cizaña porque están formuladas para ayudar a la economía a recuperar su tono vital.

A un presidente se le presupone valor y coherencia y no se puede descalificar a quienes formamos parte de una emigración exitosa y solidaria que -paradójicamente- apuntala al régimen comunista con remesas y recargas, evitando que su familia muera de hambre.

La venta en tiendas en MLC, dijo Díaz-Canel, es una “medida que, a la larga, beneficia a muchos por su impacto en la economía nacional”, y salió al paso de las críticas de algunos que sostienen “benefician a unos pocos”.

Señor presidente, usted sabe que su medida estrella beneficia a quienes tienen dólares a corto plazo, y pueden abrir cuentas bancarias. El resto de la población lo tiene muy complicado. Una desigualdad en el acceso a los bienes y servicios que no tiene que ver ni con el trabajo, ni el ahorro, ni el patrimonio, ni el esfuerzo o la motivación, que son los móviles del consumo.

El ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández, de quien se esperaba mayor nivel de concreción, empezó con un análisis del entorno general de la economía cubana en el que una vez más volvió a surgir el bloqueo y el hecho de que “llevamos cuatro meses sin turismo”. Y lo que puede quedar, pensé para mis adentros.

Sin turismo, reconocido por el ministro, no hay entrada de divisas de modo que los “gastos adicionales relacionados a la actividad de salud y a la protección de los trabajadores” a los que hizo referencia han debido tensar la gestión del gasto público de modo que la única solución que cabe es “avanzar hacia desarrollo y la recuperación económica”.

Hizo referencia a 16 medidas aprobadas en el Consejo de Ministros celebrado horas antes, y con un planteamiento de carácter general, dirigidas a “eliminar trabas para la economía, y mantener y defender el concepto de planificar, aunque el contexto sea incierto para incorporar a los diferentes actores en la persecución de los objetivos e impulsar la actividad económica del país”.

Los principios de la estrategia se podían ordenar en dos grupos:

Primero, los que representan continuidad, como mantener la planificación centralizada, defender la producción nacional, y desterrar la mentalidad importadora, dotar de mayor autonomía de gestión al sector empresarial o implementar aspectos claves, aprobados y pendientes, fundamentalmente con respecto a las formas de gestión y la política ambiental activa en armonía con el ordenamiento del país.

Más o menos lo mismo de siempre, que se dice en los Lineamientos y otros documentos históricos que siguen pendientes de entrar en vigor.

Entonces, el ministro de Economía, presentó un segundo grupo de medidas, en las que la letra me parecía bien escrita, aunque habrá que esperar a la música. Entre ellas, la regulación del mercado, la complementariedad de los actores económicos, el papel dinamizador de la demanda interna para la economía y una que me provocó una reacción favorable, “incentivar la competitividad, el ahorro, la motivación por el trabajo y el implemento de la eficiencia”.

Esto último es importante, porque exige para su consecución, transformaciones en el marco jurídico de los derechos de propiedad. En una economía socialista, de base colectivista, se ha observado durante 61 años que es inalcanzable, por lo que habría que conocer qué piensan hacer las autoridades, que no aclararon sus intenciones.

A continuación el ministro centró “el área principal de atención en la producción nacional de alimentos”. Se citaron las restricciones de insumos, así como otros “problemas de carácter subjetivo relacionados con las estructuras de financiamiento, la flexibilización de la comercialización, y defender el principio de relaciones de cobros y pagos”, sin atajar la cuestión de los derechos de propiedad de la tierra que es determinante de la solución del problema.

Luego, llegó un punto de especial interés, la autonomía de la empresa estatal. En realidad es un asunto viejo, tocado muchas veces desde la perspectiva comunista. Ahora parece que se plantean “trabajar en el diseño de la micro, pequeña y mediana empresa cubana” y aquí viene lo que llama la atención, “bajo el concepto de que no tienen por qué ser privativas de ningún sector, sino que puedan funcionar tanto estatales, privadas e incluso mixtas”.

Habrá que esperar en qué se traduce esta propuesta, ¿tal vez que las empresas estatales puedan dividirse en pequeñas empresas para fomentar la subcontratación? ¿podrán agruparse empresas estatales y privadas para atender objetivos comunes?

Otra cuestión planteada, de la que ya se ha hablado antes, es la “creación de las condiciones para que las formas de gestión no estatal puedan exportar e importar”. En concreto, señaló que “ya está aprobado y en fase de implementación que las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias puedan vender a la Zona Especial de Desarrollo Mariel, y que puedan cobrar el 80% en divisas”.

Escuchando al ministro ya sabemos la causa del fracaso de Mariel. Las ZED tuvieron éxito en los dragones asiáticos en la década de los 80 del siglo pasado porque su organización atendía las necesidades del tejido productivo previamente existentes, y no al revés, como se ha hecho en Cuba.

Asumiendo el error de planteamiento del modelo, la cuestión inmediata es ¿por qué esta medida no se extiende a los empresarios y los agricultores privados? ¿Qué motivos lo impiden?

En la misma línea, pero sin mayor concreción, aludió a un “grupo de medidas para incentivar la inversión extranjera de forma directa”. Una vez más, nos dejan a la espera de conocer con más detalle este asunto, sería conveniente que se autorizara al inversor extranjero invertir en las empresas de los pequeños y medianos empresarios privados y los arrendatarios de tierras.

Aludió a que se está trabajando “en el perfeccionamiento del trabajo de forma no estatal, dando por concluido el experimento con las cooperativas y se ampliará el trabajo por cuenta propia, se transformará y flexibilizará la forma en que se autoriza”, a ver si llegan a tiempo porque el sector más perjudicado por la pandemia ha sido el de los emprendedores, y ya se verá si vuelve de nuevo a las dimensiones de antes de la crisis.

En cualquier caso, esta es una medida que, según el ministro, tiene su origen en “la atención a las peticiones del pueblo, a las opiniones de los académicos, de forma integral”. Tal vez si escucharan a los agentes económicos privados podrían obtener una perspectiva mucho más coherente de lo que necesitan. Escuchar no cuesta nada, gobernar sin escuchar puede resultar carísimo.

La creación “de un mercado mayorista que ofrezca productos con respaldo en moneda libremente convertible para la base productiva y para el sector no estatal”. Un asunto en el que llevan tiempo y que acaba tropezando con los mismos problemas ideológicos de siempre. Al tiempo que, como complemento de lo expuesto por Díaz Canel, “la venta minorista en MLC no será la oferta que está en los mercados en CUC y CUP”.

Se pretende que en estos establecimientos se incluyan productos que “permitan ampliar las posibilidades del encadenamiento productivo de la industria nacional” para acabar señalando que “siempre se potenciará la producción nacional para la venta en peso cubano y CUC”, insistiendo que “la venta en MLC es una medida secundaria que ayudará a largo plazo a fortalecer la economía”.

También aludió a las ofertas de turismo nacional con pago en MLC con descuentos “para incentivar la compra y beneficiar la circulación de divisas”. Un mecanismo más de captación de divisas, obsesión cardinal y reiterada de los burócratas comunistas.

Gil Fernández aprovechó este punto para concretar el anunció de una decisión largamente esperada y reclamada -sin acritud alguna. Por la academia, las redes sociales y los cubanos: La eliminación del gravamen del 10% al cambio del dólar en el país, que será efectiva a partir del próximo lunes 20 de julio.

Esta medida, sin ser determinante de una mejora notable en el poder adquisitivo de los perceptores de remesas, elimina un agravio que suponía para los cubanos receptores de dólares perder un 10% de la remesa, frente a los que recibían la misma cantidad en euros o yen. El gobierno renuncia al impuesto del 10%, pero con los nuevos planes de tiendas en MLC aborda la gestión de la totalidad de las remesas y fondos.

Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, refirió los planes para “impulsar la economía desde la exportación, no solo del sector estatal, sino de todos los sectores de la economía”.

No está mal. Una propuesta interesante si la economía generase suficiente oferta exportable. De nada sirve autorizar a exportar si las empresas no atienden el mercado interno, que es su prioridad. Una vez más, los comunistas insisten en empezar la construcción de la casa por el tejado.

La fórmula de contratos entre empresas estatales y no estatales para exportar está bien pensada, pero no favorece las operaciones, tan solo las dibuja. La calidad de las exportaciones y el encadenamiento de las importaciones no garantizan, por si misma, la mejora del comercio exterior de un país.

Malmierca plantea actuaciones superficiales que no van a incrementar la base exportadora, porque las empresas estatales, como agentes de la exportación, no han demostrado su competencia, y no parece que lo vayan a conseguir en un entorno macroeconómico tan complicado y con una economía cubana desecha.

Malmierca explicó un complejo procedimiento administrativo que acabará siendo un dolor de cabeza para las empresas que quieran exportar o importar, todo ello para que el estado continúe ejerciendo un control absoluto sobre las divisas.

Por ejemplo, “las tarjetas magnéticas se utilizan para hacer extracciones en efectivo en monedas nacionales, pero no en MLC”, lo que parece problemático para el que deposita MLC y después no puede acceder a la misma moneda, si la necesita, en los cajeros.

Gráfico de la estrategia cubana / Foto: Cubadebate

Si alguien duda todavía de la ceguera ideológica de Díaz-Canel y su gabinete, subordinados a militares y el Partido Comunista de Cuba, solo deberá echar un vistazo al dibujo de la Estrategia económico social, que cita como fortalezas la “planificación central” y el “apoyo del pueblo cubano a la revolución”.

La planificación es un fracaso histórico rotundo, a la vista de la experiencia de 61 años, que no funciona mejor que el mercado en los procesos de asignación de recursos e incluso para fijar la dirección de la economía.

El apoyo del pueblo a la revolución, sin unas elecciones democráticas, libres, plurales y supervisadas por observadores internacionales, es cuanto menos una incógnita.

Cuando el análisis estratégico parte de un punto de partida erróneo, las conclusiones serán catastrófica para el doliente pueblo cubano.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Elías Amor

Economista Presidente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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