Lo que hay que ver: Immigration nation

Por uno de los últimos episodios, aparece un grupo de cubanos.

Cartel de Immigration Nation Foto © Netflix

Este artículo es de hace 1 año

Está en Netflix pues, es de su producción.

Acaba de estrenarse este mes.

Es una mini serie documental de seis capítulos, de más o menos, una hora, cada uno.

Si usted es de los que le interesa saber sobre lo que acontece en el mundo -y más concretamente, en Estados Unidos- olvide el perseguir ficciones, inverosímiles, insulsas, inútiles o traídas por los pelos y béquese, de lleno, en este magnifico material, que le contará sobre casos y cosas horribles que suceden a diario en nuestro entorno.

¡Y que son aún más tremendas, que lo que pueda sufrir la suerte de Ironman, o de cualquiera de los ñoños y desabridos héroes de la Marvel.

Tengo entendido que, después de haberles abierto las puertas para filmar, libremente, durante tres años -algo sin precedentes en la historia- el departamento de Inmigración, conocido por sus siglas ICE, se arrepintió y trató, por todas las vías posibles, de impedir su estreno, hasta que se eliminaran escenas "incómodas".

Por suerte, aquí está todo.

Y sus realizadores CHRISTINA CLUSIAU y SHAUL SCHWARZ, intentando ser imparciales, muestran, en casi todas las ocasiones, el mismo problema, desde sus dos lados opuestos: el de las víctimas y el de sus persecutores.

Pero, es difícil, para ellos, como para todo espectador con sensibilidad y sentido de lo humano, que no se tome partido del lado de los que sufren.

Aclaro -e insisto y reitero- no se trata aquí de una discusión partidista.

No importa el color de una corbata, si quien la usa miente, degrada, humilla y/o hace daño. A mansalva.

Hablo de compromiso, de denuncia ante la injusticia más descarnada que se expone ante nuestros ojos y que lleva años consumándose, en lo que crece. Hablo de HUMANIDAD.

La serie no deja de mencionar la implicación de los gobiernos anteriores y de cómo todo este atropello se ha arreciado con la actual administración de Donald Trump.

No interesa comentario alguno que vaya en esa dirección, cuando aquí se trata de un asunto de vida o muerte.

Son entendibles las leyes migratorias, e incluso, se entrevista a muchos agentes del orden, que no están de acuerdo con lo que hacen pero, indigna DEMASIADO ver cómo, algunos otros, se regodean y disfrutan el execrable acto de separar familias y regir, impunemente, sobre el destino de otros seres humanos.

Lo que verá aquí, es IMPOSIBLE que Hollywood, esa fábrica boba de forros, pueda reflejarlo con hondura igual.

Aquí hay algunos momentos simpáticos. Bien pocos. Mucha intriga, o suspenso. Y tragedia a pulso. La realidad al desnudo.

Soy propenso a abrir la boca cuando algo me asombra y aquí me resultó difícil, en varios casos, mantenerla cerrada.

Recomiendo, en especial, el capítulo tres, con el drama de un veterano de la guerra, dispuesto a morir por su país, que es deportado y regresa indocumentado. Hay una escena en que va a reclamar la ayuda de una senadora. Y no hay, ni habrá, actor en el mundo que supere la hondura del desconcierto y el sufrimiento de ese hombre frente a cámara.

Lo escribo y otra vez me erizo.

¡Es increíble lo que uno puede encontrar en esta impresionante y necesaria serie corta!

Porque todo el material está muy bien organizado y hay más tensión que en una película de agentes, asesinatos, tensiones, robos, persecusiones, drama y alguna que otra semillita de esperanza.

Por uno de los últimos episodios, aparece un grupo de cubanos. ¡No podíamos faltar! Mas, es sólo una pincelada en un tema que, creo, a Netflix, le daría para una serie interminable: la emigración cubana.

Catalogado por una crítica importante, como el documental más impactante del año, como simple espectador, inmerso en el torrente cinematográfico, me atrevo a afirmar que es una de las series que más me ha tocado y considero urgente que todo el mundo la vea y "disfrute". Aunque este no sea el término exacto, que se pueda aplicar a la irritación, o el pesar amargo que provoca.

Ojalá tenga usted la misma vivencia. O cambie de canal y se haga de la VISTA GORDA. En ese caso, también, cierre su boca y ni me dirija una palabra.

Soy de los que piensa que quien comete una injusticia, debería ser castigado sufriendo, exactamente, por lo mismo que hizo.

¡El mundo anda muy jodido!

Si esto es lo que se ha podido filmar y mostrar, ¡cuánto horror no ha de andar oculto!

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.