Una cubana muestra varias de las monedas que circulan en la isla Foto © Twitter

Tarea Ordenamiento: ¿un "corralito cubano"?

Para los que fueron capaces de soportar la verborrea de anoche, con la que el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel vino a decir (sin decirlo) que sí, que la reforma monetaria está al caer, tal y como habían adelantado filtraciones previas, sobreviven un par de dudas, envueltas en el ambiente neblinoso de las justificaciones oficiales.

En palabras del mandatario, los tres jinetes del Apocalipsis económico cubano son una menor entrada de ingresos, la contracción del turismo y la incertidumbre sobre el abastecimiento del combustible. Tras invocar estas "causas" e hilar los tradicionales eufemismos, se acabó por admitir "una contracción de las producciones con lógico efecto en la oferta de bienes y servicios, desabastecimiento en las redes del comercio, una inflación “reprimida” que se evidencia en las colas, insuficiencias en la producción de alimentos y crecimiento en las afectaciones a los trabajadores a causa de la pandemia".

Ante este escenario, continuó Díaz-Canel, se tuvo que “introducir una necesaria y no deseable parcial dolarización en la economía”.

Visto así, uno casi le coge lástima.

Pero de pronto recuerda que hace años que la economía cubana está dolarizada. Al menos en la esfera que sí funciona.

Y es imposible no sospechar alevosía gubernamental, cuando poco a poco, desde hace meses, se le viene cerrando el camino al CUC. El mercado cubano lo sabe, y de ahí la última subida en la tasa informal de cambio.

Una reciente resolución, dirigida directamente contra las mulas, trata de impedir que se saquen dólares de la isla para comprar bienes en el extranjero y revenderlos luego. Ya no es importante la cantidad (el tope de 5 000 dólares o su equivalente en MLC, que se mantiene igual que hace años). Ahora basta con que la Aduana sospeche de manejos de export/import o trasiego de remesas de exiliados que no quieren pasar por el sistema oficial de entrega, que paga en CUC, para que las divisas sean embargadas sin mucha explicación.

Cuba se ha convertido en una extraña centrifugadora, donde el Estado chupa dólares por todas partes, sin tener ya la posibilidad de devolverlos. Un país donde ya solo es posible comprar alimentos, electrodomésticos o piezas de autos con tarjeta bancaria en MLC. Una país donde las transferencias familiares desde el exterior no acaban en dólares circulantes, sino en sus equivalentes locales devaluados.

Con las fronteras cerradas, la actividad económica detenida y un salario mensual promedio de 40 dólares, el billete verde escasea. También en bancos y casas de cambio, que se apresuran a recogerlo.

A través de sus cuentas monitorizadas, los empresarios privados de la isla no pueden emplear el dinero en lo que deseen. Reciben el 80% de sus ganancias en moneda libremente convertible y el 20% restante en pesos cubanos, pero el importe en divisas, al estar en una cuenta asociada a la importación y exportación, suscita dudas. Es una "ganancia fantasma", como casi todas en Cuba.

Y aunque técnicamente no habría ninguna prohibición para que las personas naturales extrajesen de sus flamantes cuentas moneda libremente convertible, la verdad es que sacar dólares de un banco cubano es una "misión imposible": la excusa de las disponibilidades de estas monedas en las sucursales bancarias sirve para justificar un "corralito cubano" en toda regla.

"Vamos a hacer la unificación monetaria y cambiaria y vamos a suprimir parcialmente subsidios indebidos", dice ahora Díaz-Canel, mientras critica que se haya filtrado los detalles de la reforma y confirma lo que esa filtración también aseguraba: que el proceso incluirá una reforma salarial, de pensiones y de precios.

Uno se pone a temblar cuando ve que Díaz-Canel invoca a Fidel y a Raúl Castro como las divinidades tutelares de los supuestos derechos y garantías monetarias de los cubanos.

Porque debajo de frases como "Tarea Ordenamiento", "carácter interdisciplinario y transversal", "proceso gradual", "subsidios indebidos", "elevación de la productividad del trabajo y desempeño más eficiente de las fuerzas productivas” está la cruda realidad de un Gobierno quebrado, rapaz e incapaz que ha escogido el peor momento para una devaluación significativa del tipo de cambio oficial.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Ernesto Hernández Busto

Periodista y ensayista cubano. Fundador del sitio Penúltimos Días.

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