El Banco Central de Cuba (BCC) volvió a mover ficha. Tras varios días prácticamente inmóvil en torno a los 458 CUP por dólar en el segmento III, la llamada “tasa flotante” oficial registró un salto hasta los 463 CUP este 21 de febrero, en paralelo a la consolidación del dólar informal en 505 CUP.
El gráfico reciente del propio BCC confirma el patrón: estabilidad casi plana entre el 13 y el 19 de febrero y, de pronto, un ajuste vertical en cuestión de horas.

No se trata de una flotación orgánica producto de oferta y demanda transparentes, sino de una corrección administrativa posterior al movimiento del mercado real.
La brecha sigue siendo significativa. Con el dólar informal en 505 CUP y el oficial en 463 CUP, la diferencia ronda los 42 pesos.
En el caso del euro, el mercado paralelo lo ubica en 560 CUP, mientras el segmento III lo fija en 544,67 CUP, con una ligera caída de 0,42 CUP respecto a la jornada previa. La distancia, aunque menor que en el dólar, sigue evidenciando dos referencias cambiarias que no convergen.
El análisis histórico de la tabla del segmento III muestra una dinámica clara: largos periodos de estabilidad seguidos por ajustes puntuales más pronunciados. No se observa una trayectoria gradual ni un comportamiento verdaderamente flotante, sino escalones.
Cada vez que el mercado informal rompe un umbral —500 CUP en el caso reciente— la autoridad monetaria reacciona días después, ajustando parcialmente la tasa oficial.
Esta lógica reactiva tiene varias implicaciones. Primero, envía señales contradictorias: el gobierno insiste en que la tasa oficial pretende ordenar el mercado, pero en la práctica termina siguiéndolo.
Segundo, no logra cerrar la brecha, lo que perpetúa incentivos para acudir al circuito informal, donde la liquidez y la disponibilidad son mayores.
Además, la corrección tardía erosiona credibilidad. Si el segmento III estuviera realmente guiado por condiciones de mercado, los movimientos serían más frecuentes y menos abruptos.
En cambio, los datos sugieren decisiones discrecionales que buscan acortar distancias sin reconocer explícitamente el liderazgo del mercado paralelo.
Mientras el dólar informal se consolida en máximos históricos y el euro se mantiene en su franja más alta del año, el BCC parece atrapado entre la necesidad de no validar plenamente el precio real del mercado y la imposibilidad de ignorarlo.
El resultado es una tasa “flotante” que flota tarde y a medias, confirmando que la referencia efectiva sigue estando fuera del sistema oficial.
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