Diana Fuentes: Hay que respetar a quien no tiene el mismo criterio que uno

En exclusiva para CiberCuba, la cubana de 35 años, que proviene de una familia matriarcal hasta los huesos que “lo es todo, el premio más grande que nos da la vida, que nos da Dios”, reconoce la importancia que tiene educar la mente, el cuerpo y la voz.       

CiberCuba entrevista a la cantante cubana Diana Fuentes Foto © Asiel Babastro / Cortesía de la entrevistada

Recuerdo la primera vez que oí a Diana Fuentes. Cantaba junto a Carlos Varela en el Museo de Bellas Artes de La Habana. Su voz inundaba con suavidad la pequeña sala. Por aquella época emprendía su camino en solitario, ya con una intensa trayectoria a las espaldas.       

Cabe decir que fue de esas cantantes que “subió como la espuma”. Estuvo Amarga pero dulce, nos llevó a su Planeta Planetario y ahora anda Libre. Tres discos después de atreverse a hacer una carrera propia, la artista radicada en Miami intenta seguir conquistando el panorama internacional también como compositora. Aunque aún no puede adelantar mucho asegura que está preparando música nueva. “Estoy escribiendo mucho, no solo para mí, sino para otros intérpretes”.

En exclusiva para CiberCuba, la cubana de 35 años, que proviene de una familia matriarcal hasta los huesos que “lo es todo, el premio más grande que nos da la vida, que nos da Dios”, reconoce la importancia que tiene educar la mente, el cuerpo y la voz.

Cortesía Diana Fuentes / Foto Asiel Babastro

Acerca de la reciente colaboración con Erick Iglesias, conocido artísticamente como Cimafunk, explica que la invitó a formar parte de lo que será su nuevo álbum Cun Cun Prá, trabajando una canción que se llama La Papa. “Fue una súper colaboración que ya está disponible en todas las redes sociales. Nos divertimos muchísimo desde que estábamos grabando: yo, en Miami, y Erick, por Francia. Luego él viajó aquí para grabar el video que estará listo el próximo año. Fue un proyecto que me encantó”.

¿Por qué empezaste a estudiar música tan pequeña? ¿Tenías claro qué era lo que querías?

Empecé practicando ballet en la compañía de Laura Alonso, pero quedaba muy lejos de mi casa. Estábamos en los noventa y los ensayos terminaban extremadamente tarde, entre las nueve y las diez de la noche. Una noche que regresaba con mi papá a la casa me quedé dormida en la parrilla de la bicicleta en la calle Línea. Aunque gracias a Dios no pasó nada, pudimos haber tenido un accidente. Tras ese incidente mis padres me dijeron que la compañía había cerrado y no pude seguir yendo al ballet. Después una amiga de mi mamá, Delia Díaz de Villegas, una gran cantante cubana que radica aquí en Estados Unidos hace mucho tiempo, me oyó cantando y le sugirió a mi mamá que me llevara a unas pruebas de aptitud en el Conservatorio Alejandro García Caturla. Así comencé en la música. Pero creo que cuando uno es niño no tiene realmente, completamente claro qué es lo que quiere. Uno fantasea con muchas cosas. A mí me gustaba mucho la danza, la música, actuar. Me gustaba todo lo que tenía que ver con el arte. Pero cuando terminé la secundaria, que fui a empezar el preuniversitario, tuve una conversación más seria con mis padres sobre a qué me iba a dedicar.  

¿Qué ha significado el piano en tu vida?

El primer piano que tuve fue un acontecimiento no solo para mí, sino para toda la familia. Fue algo especial. Todavía está en casa de mis padres en Cuba. Recuerdo que tuvimos que montarlo en una carretilla para poderlo transportar. Representa el sacrificio de mis padres, de toda mi familia, sobre todo en aquellos momentos difíciles que vivíamos en Cuba, que se siguen viviendo en Cuba. Algo como eso solo se logra con el esfuerzo y el trabajo de todos. De él han salido muchas canciones, muchas horas de estudio. Para mí tener un piano es siempre indispensable. 

¿Te ha dado tu carrera algo malo?

Todo lo que me ha dado mi carrera es bueno. La música todo lo que da es bueno, positivo. Absolutamente todo. La simple sensación de terminar una canción es un premio, es muy gratificante para uno mismo. Es imposible que en la música haya algo negativo. 

¿Qué consejo le darías a aquellos que aspiran a ser cantantes y que tal vez lo ven como algo inalcanzable?

Toda persona que tenga una meta, una aspiración en la vida, de lo primero que tiene que estar clara es de que va a haber muchos procesos, muchos períodos, muchos episodios, en el camino para lograr lo que quiere. Hay a quienes les tocan más fáciles, hay quienes los tienen más difíciles, pero lo importante es tener una idea clara de a dónde se desea llegar. 

A lo largo de tu carrera se te ha visto siempre rodeada de grandes artistas. ¿Cuánto han influido eso en tu formación y tu desarrollo como artista?

Rodearse de buena música es igual que rodearse de buenos amigos. Y cuando te rodeas de buena música y de buenos amigos aprendes mucho, todo es un saldo positivo para uno. Al codearte de personas maravillosas obtienes de ellas muy buenos consejos que te ayudan a emprender tu camino sola. De alguna manera eso fue lo que me pasó. El trabajo con otros músicos, en diferentes proyectos, me impulsó a comenzar una carrera yo solita. 

¿Cómo se ha descubierto la Diana compositora?

Estoy componiendo desde el año 2007 que saqué el primer sencillo Música de fondo, que es una canción mía, que produjo Descemer Bueno. De entonces para acá lo que he hecho es escribir, escribir y escribir. Eso me ha dado la oportunidad de tener cada vez más canciones en mis discos, como Libre, donde excepto una canción que se llama ¿Qué pasará?, que es de Vicente García, todas las canciones son mías, algunas en coautoría con otros compositores. Escribir me encanta y me llena igual que cantar.

Cortesía Diana Fuentes / Foto Asiel Babastro

¿Cómo surgió la colaboración con un artista tan popular internacionalmente como lo es Pablo Alborán? 

A Pablo Alborán lo conocí hace casi dos años. En aquella primera sesión escribimos una canción (Si hubieras querido) que increíblemente hoy es el primer sencillo de su nuevo disco Vértigo. La canción la escribimos el maestro Julio Reyes, que es el productor del álbum, Pablo y yo. Y a inicios de este 2020, antes de que empezara el problema de la pandemia, Pablo viajó a Miami y nos reunimos por segunda vez. En esa ocasión Julio Reyes, Pablo, un súper productor argentino que se llama Fede y yo escribimos otra canción: Hablemos de amor. Les agradezco a todos por la confianza. Honestamente ha sido uno de los mejores regalos de este año poder escuchar estas dos canciones en un artista y un ser humano tan increíble como es Pablo. Adoro esta faceta de compositora.

¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu vida?

El nacimiento de mi hijo, Marcel, que cambió mi existencia completamente. 

Te casaste, pariste, pero no detuviste tu trabajo. ¿Cómo hiciste para conjugar todo eso? 

Para cualquier mujer que sea madre, tenga la carrera que tenga, lo más importante es tener apoyo y yo he podido continuar la mía gracias a mis padres que están conmigo y que me apoyan en todo al 300%. El amor hacia ellos y hacia mi hijo me ha mantenido en forma, en el camino correcto.         

Tus tres primeros discos han sido bien acogidos por el público y la crítica. ¿Le temes a haberte puesto la “parada” muy alta tú misma?

Nunca había pensado en eso de la parada. Lo más importante es ir trabajando a gusto, con lo que uno siente, siendo honesto y consecuente con uno mismo y con lo que uno quiere trasmitir.

¿Tu último disco Libre es el lenguaje que habla una Diana divorciada? ¿Qué es para ti la libertad? 

Libre es muy especial porque es un disco que tiene tres canciones maravillosas de mi mamá, y grandes colaboraciones con músicos que yo quiero y admiro mucho como Tommy Torres, los integrantes de Gente de Zona, Vicente García y el brasileño Seu Jorgey.

Libre no tiene nada que ver con el divorcio, no está relacionado con ser una mujer divorciada o no. La palabra libre es mucho más grande y mucho más bonita que eso. De todas formas, hay quien lo puede pensar así… Cuando uno entrega una canción cada quien la va a interpretar y la va a adaptar a su vida de acuerdo a sus propias experiencias. Libre es eso, es tener la capacidad de ser tú sin autocriticarte, aceptando quien eres y respetando el criterio de los demás, pero siendo tú. No puede haber esa completa libertad si no existe el terreno fértil para poder ser, donde tú puedas desarrollarte como persona. Eso es Libre y por eso se lo dediqué a las mujeres de mi familia, a las latinas, porque estamos siempre sobreponiéndonos al medio que nos rodea y a nosotras mismas, siempre tratando de crecer, de aprender, de mejorar, de renovarnos. 

¿De qué está compuesta tu esencia?

Nací en Cuba, pero también he vivido en muchos lugares, entonces me siento una ciudadana universal, y creo que todos deberíamos sentirnos así, aunque tengamos claro de dónde venimos; soy cubana dondequiera que vaya. Me encanta poder decir que soy latina, que tengo una cultura bien marcada como es la cubana. No tiene nada que ver que uno no viva en su país para que su música cambie. Creo que estamos viviendo tiempos en los que las redes sociales nos dan muchas más oportunidades de poder experimentar, de fusionar, de investigar.

Últimamente se te ha visto más activa en las redes sociales. ¿Qué crees de un espacio así?

Las redes sociales han abierto una ventana que es muy productiva para todos los artistas y los comunicadores, pero es una ventana que hay que medir muy bien porque puede proveernos mucha información o desinformación. Creo que lo más importante es que estemos conectados y atentos a las redes sociales adecuadas y a personas que tengan la responsabilidad para llevar esas redes sociales. Dejas un mensaje y ese mensaje se queda en la vida de los demás. No obstante, en esta era las redes son fundamentales y me acercan más a los seguidores y a los que se sienten conectados con mi trabajo. 

¿Cómo describirías un mundo perfecto?

Un mundo con respeto, sobre todo. Un mundo en el que respetemos nuestros criterios, con libertad de expresión, que no es lo mismo que libertinaje. Asumir esa postura de ser una persona libre también tiene una responsabilidad de respetar que todo el mundo no tendrá el mismo criterio que uno y que eso no quiere decir que uno esté bien y otro esté mal. Para mí un mundo perfecto sería un mundo libre, de mente y de espíritu. 

¿Cuál es tu mayor virtud? ¿Y el mayor defecto

(Sonríe) ¿La virtud? Que me gusta el café y que lo hago bien. Y el defecto, que me gusta dormir mucho (Vuelve a sonreír).  

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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