Camara de video-vigilancia frente al domicilio de Luis Manuel Otero Alcántara Foto © CiberCuba

Transformar la violencia en arte: el gasto en represión y los problemas económicos de Cuba

Resulta imposible saber cuánto dinero destina el régimen totalitario de Cuba a mantener sus capacidades de vigilancia y represión. Patrulleros, furgones policiales, vehículos encubiertos, motos, policías, material antidisturbios o cámaras de video-vigilancia, constituyen parte del gasto en represión de un sistema que, en su transformación de socialista a capitalista de Estado, se preocupa más por perfeccionar el control de sus cada vez más empobrecidos ciudadanos, que por consolidar políticas de creación de empleo o de asistencia social.

La falta de transparencia sobre el gasto público en Cuba impide saber con exactitud ciertos datos que, de ser accesibles, contribuirían a esclarecer las prioridades de gasto de la hacienda pública de unos gobernantes que se niegan a debatir con la sociedad civil el uso que hacen del dinero público de un país en el que la falta de recursos e inversión afecta desde la salud pública hasta la cultura o la educación. Problemas de viviendas, derrumbes, hospitales precarios, escuelas sin materiales didácticos, desabastecimiento de farmacias constituyen una realidad cuya solución se posterga mientras se destinan recursos a la represión.

En días recientes se conoció la noticia de que el artista plástico Luis Manuel Otero Alcántara inició un proyecto para dibujar la cámara de vigilancia que la seguridad del Estado puso frente a su domicilio en Damas 955, sede del Movimiento San Isidro (MSI). La cámara, instalada poco después del desalojo de los huelguistas de hambre que permanecían plantados en la sede exigiendo, entre otras demandas, la liberación del rapero Denis Solís, se ha convertido en el objeto de una reflexión creativa por parte del artista.

Mediante sus dibujos y performances realizados ante el objetivo de la cámara que apunta a la puerta de su casa, Otero Alcántara expone el régimen de terror que impera en una sociedad cada día más orwelliana, en la que el gran hermano de la seguridad del Estado controla los movimientos y la vida íntima de cada ciudadano sospechoso de cuestionar el orden establecido y el poder instituido. “Transformando la violencia en arte”, tituló el artista la serie dedicada a su cámara de vigilancia.

Tanto él, como otros activistas e integrantes del MSI, han visto aparecer estos sistemas de video-vigilancia frente a sus domicilios. La reportera de CiberCuba, Iliana Hernández, o el rapero contestatario Maykel Osorbo han denunciado la instalación de equipos similares al que la seguridad del Estado colocó frente a la sede de Damas 955, donde junto a otros activistas protagonizaron la huelga de hambre.

Obtenidas por CiberCuba imágenes detalladas de la cámara que vigila a Luis Manuel Otero Alcántara y cotejadas con listas de precios publicadas en Internet, esta redacción pudo comprobar que por sus características externas y detalles de fabricación, la cámara instalada frente a la sede del MSI puede costar entre 400 y 4 mil dólares, según las especificidades técnicas del aparato, fabricado por el gigante chino de las telecomunicaciones Huawei.

Aunque también se recibieron imágenes de las cámaras que vigilan a Iliana Hernández, no se pudo establecer con claridad el fabricante del aparato. En cualquier caso, una cámara de uso exterior, con sensor de movimiento, rotación, conexión inalámbrica (por wifi) e infrarrojos supera los 300 dólares de coste en el mercado.

La proliferación de cámaras de vigilancia en Cuba es un fenómeno que comenzó a expandirse desde que el MININT iniciara en 2016 una nueva estrategia de lucha contra los delitos “comunes”, detrás de la cual la seguridad del Estado ha camuflado la vigilancia de objetivos de su interés.

En marzo de 2018, Martí Noticias daba a conocer que el régimen cubano había instalado 250 cámaras de video vigilancia en la ciudad de Guantánamo. Si se considera que la población en la ciudad de Guantánamo asciende a unas 215 mil personas y se divide por el número de cámaras que daba la noticia citada, se obtiene una ratio de una cámara por cada 860 ciudadanos. Teniendo en cuenta que en Cuba viven casi 4 millones y medio de personas en ciudades de más de cien mil habitantes y aplicando la ratio anterior de manera automática, se podría decir que el MININT ha instalado más de 5 mil cámaras por las mayores ciudades del país.

Partiendo de esta estimación hipotética y tomando como referencia el valor de 300 dólares por cámara, sería razonable conjeturar que el régimen cubano ha gastado más de un millón y medio de dólares en la compra de esta tecnología. Si a eso se le añade los monitores de las salas de control, la tecnología necesaria para instalarla, la mano de obra, los efectivos de la policía dedicados en exclusiva a ello y demás gastos asociados (mantenimiento, etc.), se estaría hablando de un gasto en video-vigilancia que supera los dos millones de dólares, en un cálculo aproximativo.

Con estas estimaciones en la mano, nos fijamos en la Resolución 139 de 2020 que establece los precios minoristas de “los materiales de construcción y otros materiales para la reparación y conservación de viviendas”, y entre los cuales se fija el precio del Cemento P-35 a granel en 2,50 CUP el kilogramo. Partiendo del cambio nominal del CUP frente al dólar, podría decirse que con los dólares destinados a video-vigilancia en Cuba se habrían podido destinar más de 20 mil toneladas de cemento a la reparación y construcción de viviendas, uno de los graves problemas que aquejan a los ciudadanos de la Cuba de hoy.

Transformar la violencia en arte, tal y como hace Otero Alcántara, es un gesto creativo de un valor incalculable, con un gran poder simbólico que subraya la naturaleza del régimen cubano. Si además de una obra que reflexiona sobre su naturaleza represiva, los vecinos de San Isidro y otras barriadas populares de Cuba tuviesen acceso a la información de cuánto dinero destina el régimen a reprimir en vez de a reparar sus calles y sus casas, el cuestionamiento del poder dejaría el terreno simbólico y entraría en la zona que más teme la cúpula gobernante: la del cuestionamiento de su eficacia y, por tanto, de su legitimidad para permanecer en el poder.

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Ivan Leon

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en Relaciones Internacionales E Integración Europea por la UAB.

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