Díaz Canel no asiste al acto del MEP, el “estado mayor de la economía cubana”

El máximo dirigente del régimen lleva tiempo distanciándose de la brega diaria contra los problemas económicos que angustian a la población, como la inflación, la pérdida de poder adquisitivo, la debilidad exportadora o la reducción de subsidios, y deja que sean otros los que paguen el alto precio de justificar lo indefendible.

Miguel Díaz-Canel Foto © Cubadebate

La economía cubana no anda bien en estos dos primeros meses del año. Se trata de un asunto complicado del que se puede salir quemado. Sobre todo, con un congreso comunista a pocas semanas en que algunos se juegan mucho. Un buen ejemplo ha sido el zar de las reformas, Murillo, al que hace unos días la publicación de una encuesta en Cubadebate sobre la Tarea Ordenamiento, lo dejaba fuera de combate antes de empezar. Sin embargo, Murillo es una pieza suelta que cuenta con el apoyo de Raúl Castro, un superviviente hecho a sí mismo. 

El juego político se encuentra a un nivel mucho más alto. Y ya hay pistas para analizar lo que está ocurriendo. Basa echar un vistazo al encuentro con trabajadores y directivos del Ministerio de Economía y Planificación MEP, destinado a insuflar ánimos, y recogido en la prensa oficial. De paso, se calificó este ministerio como “el estado mayor de la economía cubana”.

Pues bien, Murillo fue invitado a este acto, que fue liderado por el primer ministro Marrero, con la presencia del ministro Gil, y al que también asistió un elenco de dirigentes, como Cuevas Ramos, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido, acompañados de otros ministros y dirigentes como Ricardo Cabrisas Ruiz, Marta Wilson del Banco Central de Cuba, Meisi Bolaños de Finanzas y Precios; Marta Elena Feitó de Trabajo y Seguridad Social, y Rodrigo Malmierca del Mincex.

Sin embargo, la pregunta es importante, ¿por qué no asistió Díaz Canel?

En realidad, el máximo dirigente del régimen lleva tiempo distanciándose de la brega diaria contra los problemas económicos que angustian a la población, como la inflación, la pérdida de poder adquisitivo, la debilidad exportadora o la reducción de subsidios, y deja que sean otros los que paguen el alto precio de justificar lo indefendible. Para él es más importante, en un momento como el actual que exige su máxima dedicación y atención a los temas, andar exponiendo una tesis sobre la relación entre investigación y gestión pública, que, por otra parte, debería servir para orientar su acción de gobierno. Lanzar balones fuera del campo.

Pues bien, que Díaz-Canel no haya participado en este evento del MEP ha levantado todo tipo de sospechas. Marrero, jefe del gobierno, y poco dado a estos eventos, porque su ambición no está en el Partido Comunista sino en otro sitio bien distinto, asumió el liderazgo del acto, y expuso en un discurso de más de una hora, los principales desafíos del acontecer económico nacional en los que el MEP tiene un papel protagónico, como la Tarea Ordenamiento, la producción de alimentos, las exportaciones, las importaciones, la descentralización y los encadenamientos productivos. Justo de lo que Díaz-Canel habla cada vez menos.

Un discurso institucional, posiblemente escrito para una autoridad superior que no participó, en el que se insistía en el papel de los municipios en la brega económica y la autonomía que les corresponde en el desarrollo económico y social, con especial atención a las direcciones municipales y provinciales de Economía y Planificación, en un llamado a contentar a la burocracia ante los cambios que se están produciendo. Pensando en los municipios, los dirigentes comunistas quieren hacer realidad lo imposible, perdiendo de vista las enormes ventajas que tiene aprovechar la unidad de mercado y generar economías crecientes de escala en todos los negocios. Ellos se lo pierden, incluido Díaz-Canel que no estuvo en el acto.

Marrero señaló con tono enfático que “2021 tiene que ser un año para desarrollarnos, buscar soluciones a los problemas y dar pasos concretos para elevar la calidad de vida de la población”, un discurso que se repite de forma insistente por todos los dirigentes comunistas con la mira puesta en el congreso del partido que se va a celebrar en solo unas semanas, pero que la población, desesperada, ya no se cree, Tal vez por eso, Díaz-Canel no quiso asistir.

También habló el ministro Gil, para remachar lo dicho por Marrero, y dijo al respecto, que 2021 “será un punto de inflexión de la economía cubana, debido a la implementación de la Tarea Ordenamiento, el fortalecimiento de la empresa estatal socialista, y el perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia y las otras formas de gestión no estatal”. Mucho anuncio triunfalista sobre algo que realmente se desconoce si va a ocurrir. Compartir este tipo de mensajes es cuanto menos, comprometido.

En términos de carrera ciclista, se podría decir que el ministro de economía sigue circulando con el mismo piñón fijo para subir la empinada cuesta que tiene por delante, y debería empezar a revisar el argumentario, porque la única inflexión que se va a producir en la economía es una grave crisis si se mantienen esos factores citados por él. Luego, no podrá justificar nada.

Después habló del “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030” como una de las prioridades de su ministerio, al tiempo que perdió una buena ocasión para ofrecer algún planteamiento de acción a corto plazo que necesitan realmente las familias que ya no llegan a fin de mes, es que no llegan a la primera quincena. 

Además, dedicó parte del tiempo a defender, por enésima vez, las bondades de la planificación central, y los trabajos que realizan para su perfeccionamiento, “con un enfoque más financiero y menos asignativo”. Esta afirmación genera no pocas dudas y dificultades para su interpretación. Realmente, el Plan es una de las rémoras de la economía, uno de los verdaderos obstáculos del embargo interno que impide a los cubanos prosperar. Lo mejor sería olvidarse de él.

Continuó realizando una enumeración de las prioridades del MEP “perfeccionar la planificación territorial, impulsar el desarrollo local y contribuir a la autonomía municipal; avanzar en la eficiencia del servicio de informatización, y garantizar el desarrollo organizacional para un desempeño exitoso del trabajo, de acuerdo con las transformaciones de la economía”. Nada en este enunciado de prestar atención a las necesidades de la población o mejorar las condiciones de vida y prosperidad de los cubanos, con actuaciones concretas. Al MEP le interesa el MEP, y no conviene pedir peras al olmo. Las cosas, como son. Tal vez por eso Díaz-Canel no hizo acto de presencia.

Que nadie crea que el ministro de economía hizo el vacío a su presidente. De hecho, reiteró en su discurso el mensaje de Díaz-Canel, referido la “unidad, coherencia, disposición, sin miedo, con el pueblo, sin esperar orientaciones, sin demoras, con firmeza, con pulso firme, con inteligencia, con decencia, con lucidez y con apego a nuestra Constitución y a los principios que defendemos, podemos vencer siempre y cada vez de manera más contundente”. Ante el próximo congreso mensajes al jefe de esta naturaleza van asociados a la búsqueda de la permanencia en el cargo, confirmando la obediencia política. Pero el jefe no estuvo presente en su acto.

Y acabó afirmando que en 2021 “no renunciamos a ningún objetivo o meta, por más difíciles que sean las condiciones", y que la "participación de todos los actores económicos es fundamental para el desarrollo económico y social del país”. Un mensaje que viene a confirmar ese viejo refrán castellano de “quien mucho abarca, poco aprieta”. Alguien debería explicar al ministro lo importante que es priorizar cuando los recursos son escasos. Díaz-Canel lo comenta con detalle en su trabajo de investigación.

Volviendo al tema que nos preocupa, la inasistencia de Díaz-Canel a este acto del MEP, tan importante, es una incógnita. Se puede especular sobre los motivos.

Hay quienes piensan que el mal momento económico lo explica todo. Empezando por las afectaciones de la pandemia del COVID-19 y la tercera ola que se enseñorea por la Isla sin remedio, también la agudización del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de EEUU, se incluyen también los efectos de la Tarea Ordenamiento, la crisis económica mundial y el turismo, la ausencia de inversiones extranjeras, la flexión de las remesas procedentes de las familias, entre otros.

Todos estos factores configuran un escenario de pesadilla para cualquier gobernante que acuda a buscar una elección en cualquier congreso, incluidos los cónclaves comunistas cubanos en los que todo está prefijado de antemano. Esta puede ser otra razón, al parecer que Díaz-Canel se está concentrando en el congreso para lograr el relevo de Raúl Castro, dejando en manos de sus colaboradores el día a día del gobierno. Tal vez un consejo del mismo Castro que parece convencido de continuar su apuesta por Díaz-Canel y dejar toda la herencia del régimen en sus manos.

A ello también puede colaborar la posible apertura de relaciones, de momento confidenciales y secretas, con la nueva administración de EE.UU. lo que recomienda salir de los focos a los protagonistas, huyendo del mensaje de confrontación que tan buenos réditos ha dado a los comunistas cubanos y que nadie se cree en la actualidad, con tantas actuaciones que lejos de producirse, son inexistentes. 

Y, por último, que quizás Díaz-Canel reconoce en privado que el verdadero enemigo está dentro del modelo económico y social del país, pero no quieren reconocer que es así. En cierto modo, dar la cara por algo que es prescindible, tiene poco sentido. Incluso hay quienes justifican la inasistencia al acto, por el bajo perfil de los participantes en el mismo, integrados por representantes de los Organismos de la Administración Central del Estado (OACE) y entidades nacionales, cuadros y trabajadores del MEP, de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC), de la academia y de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana.

Cualquiera que sea el motivo, Díaz-Canel tiene perfecto derecho para elegir aquello que considera más conveniente para su perfil político, y por desgracia para él, en estos tiempos, no hay muchas oportunidades. Habrá que ver si esto se repite.

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Elías Amor

Economista, Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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