Tardocastrismo aterrizando en Cuba tras largo viaje por la Vía Láctea

La maniobra diversionista del Palacio de la Revolución no persigue únicamente intentar esperanzar a los dolidos cubanos sino también evitar que la jubilación del compañero Raúl se vea empañada por un estallido de rabia popular.

Jorge Luis Tapia Fonseca, viceprimer ministro de Cuba Foto © Captura de vídeo TV cubana

El tardocastrismo simula aterrizar en La Habana, tras un largo viaje por la Vía Láctea, y ha descubierto que no hay comida en Cuba porque tiene más burócratas que productores agropecuarios, más de la mitad de la tierra cultivable sigue llena de marabú, los precios de servicios básicos como agua y luz estaban inflados y los bancos y Seguros estatales tampoco ayudan al campesino, que podrá vender "libremente" leche y carnes, una vez cumplan sus contratos con el estado.

Los anuncios de este miércoles no aclararon si los cubanos encarcelados por hurto, sacrificio ilegal de ganado mayor y por venta y receptación de carne de res serán amnistiados o rebajadas sus condenas pero siguiendo la lógica represiva castrista, seguirán presos porque los condenados por tenencia ilícita de divisas no fueron liberados, cuando se despenalizó el dólar norteamericano y en 2019 el Consejo de Estado excluyó de un indulto selectivo a los comisores de estos delitos.

La maniobra diversionista del Palacio de la Revolución no persigue únicamente intentar esperanzar a los dolidos cubanos, carentes de alimentos y medicinas, sino también evitar que la jubilación del compañero Raúl se vea empañada por un estallido de rabia popular por la escasez crónica, las muertes de bebés y niños en hospitales y por falta de ambulancia, y el protagonismo de los movimientos San Isidro, 27N, protectores de animales, la huelga de hambre de UNPACU y el incidente con el cruzado católico en Camagüey, que obligó al esquema represivo a pedir cooperación a la iglesia.

El decapitado ministro de Agricultura es un trozo de carne política arrojado a los pies de los hambreados cubanos, que siguen sin explicarse porqué los titulares de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, de Industria Alimentaria, Manuel Sobrino Martínez, y de Cultura, Alpidio Alonso Grau, siguen en sus puestos, con lo que está cayendo de coronavirus y medicamentos en falta; escasez de comida; y la anemia de ideas y la brutalidad ejercida por el manoteador repentista contra artistas e intelectuales.

Joe Biden, que parecía la salvación del tardocastrismo, se ha puesto remolón porque es presidente de Estados Unidos, no de Cuba, y sigue sin tragarse las tropelías de la dictadura contra cubanos y venezolanos; Europa se ha visto obligada a sacar a su embajador en La Habana por su entusiasmo con los depredadores, que mantienen vigente una Constitución privilegiadora del dominante partido comunista y los decretos leyes 349 y 370.

La bajada del cielo a la tierra se escenificó este jueves en la Mesa Redonda, con el compañero Jorge Luis Tapia Fonseca al mando de la operación, la compañera Meisi Bolaños Weiss en el papel de navegante, teniendo que hacer más fichas de costo en el primer trimestre del año, que en toda su vida, y el debut, como copiloto, del nuevo ministro de Agricultura, cuyo nombre casi bíblico, ¡Ydael Jesús! Pérez Brito invita a rezar por la multiplicación de panes, vacas y puercos, aunque parece que en su ministerio no se han enterado porque en la web oficial sigue apareciendo como segundo, por detrás del sacrificado Rodríguez Rollero, ya camino de la Empresa Consolidada de Otras Tareas Revolucionarias (ECOTRA).

Captura de pantalla web Ministerio de Agricultura / Foto: CiberCuba

La escenificación acabó sepultando la "Tarea ordenamiento" porque el gobierno ha tenido que rebajar un 32% los precios de la luz, el agua, piensos de fabricación nacional y otras canonjías que repercutirán negativamente en el Presupuesto estatal, es decir en el bolsillo de todos los cubanos, justificadas por la urgencia alimentaria.

La Mesa Redonda del miércoles por la noche ha puesto a castañear las dentaduras de los más resistentes hambreados cubanos, porque cada vez que el castrismo ha iniciado una campaña contra el burocratismo y por la jama, las bodegas, supermercados, plazas y agros se han vaciado, aunque en esta ocasión, el vaciamiento viene de 2019.

Las 63 medidas anunciadas este miércoles en La Habana, son fruto de varias y largas reuniones de campesinos, ganaderos y científicos con Díaz-Canel, Valdés Mesa, Marrero Cruz, Machado Ventura y el propio Tapia Fonseca, que solo dejó de hablar cuando pasaban imágenes de las asambleas, con intervenciones que repetían el habitual esquema de que "la tropa no fallará a la revolución", guataquería al presidente como continuador del Comandante en Jefe, y más realistas sobre problemas concretos que limitan la producción de alimentos, como la ausencia de semillas.¡No tenemos semillas!, advirtió un campesino.

La Mesa redonda fue un banquete burlón al estilo de Virgilio Piñera en "La carne de René" porque los actores solemnizaron bocadillos que son obvios en países con comida abundante, de calidad y barata: La venta de carne de res no podrá disminuir la cabaña ganadera, ningún ganadero mata a la gallina de los huevos de oro y -dentro de las terneras- escoge un número adecuado para madres de reposición, y así se hace en las ramas cunícola, porcina, ovina, caprina y avícola, junto a la selección de sementales o compra de semen con valores genéticos.

La compañera Bolaños Weiss hizo de niña caprichosa en Mesa Redonda que no me enoje, arremetiendo contra revendedores a los que culpó de la subida de precios de la carne de puerco, cuando sabe que la mayoría de los productores agropecuarios venden a distribuidores e intermediarios, figura que debe ser reconocida legalmente y que paguen impuestos, como ocurre en cualquier actividad económica; pero había que contentar a la masa simulando la enésima sacudida de mata.

Tapia Fonseca fue el protagonista de la noche en su papel de nuevo zar de la OFICODA, sin explicar por qué no se modifica la estructura de propiedad de la tierra en Cuba, clave para que generar confianza estable y duradera en productores y posibles inversiones de emigrados limitados hasta un millón de dólares por la desconfianza habitual de la dictadura hacia los cubanos y qué harán con el 51% de la superficie cultivable en barbecho de marabú.

Pérez Brito, mostró los nervios del debut, y bailó al ritmo de tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera, dramatizó con la leche de los niños, llamándola alto compromiso; se hizo un pequeño lío con el premio de 25 centavos por litro a quienes mantengan la leche fría durante cinco horas, estableció mejores precios para las carnes de primera y segunda y abordó el encadenamiento productivo con el turismo, mal herido por Marrero Cruz y boqueando por el coronavirus.

Pero, hagamos memoria, ayudados por el comandante Ernesto Guevara de la Serna que, hace 60 años, reflexionaba en la revista Cuba Socialista: " (...) frente a problemas repetidos que no se pueden resolver, (...) los individuos se refugian en el burocratismo, llenan papeles, salvan su responsabilidad y establecen la defensa escrita para seguir vegetando" (...) Es frecuente observar cómo, la única salida encontrada por un buen número de funcionarios, es solicitar más personal para realizar una tarea cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario."

"Las discusiones suelen volverse interminables, sin que ninguno de los expositores tenga la autoridad suficiente como para imponer su criterio. Después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea", advertía Guevara, que remataba con una autocrítica: "la dirección económica de la Revolución es la responsable de la mayoría de los males burocráticos".

Fidel Castro Ruz llamó a 1965, "Año de la lucha contra el burocratismo" y lo justificó así: “creo de todo corazón que el socialismo tiene que cuidarse del burocratismo tanto como del imperialismo. No olvidarse de eso, porque es más peligroso, porque es un enemigo clandestino, es un gravísimo mal, estorba la producción, consume en tareas innecesarias las mejores inteligencias, consume mucho de la energía del pueblo".

El 20 de febrero de 1967, en una reunión con metalúrgicos, Castro confesó: (...) hemos estado predicando en el desierto, arando en el mar (...) porque esta lucha…no se gana con discursos solamente, no se gana con consignas. Y de nada vale que les hagamos a los obreros una conciencia del problema si los funcionarios administrativos de la Revolución no la tienen”.

Tres años después, el entonces primer ministro lanzó su "Ofensiva Revolucionaria", que liquidó los restos de la pequeña y mediana propiedad privada en Cuba y lanzó el eslogan del "Hombre nuevo", cuyos sobrevivientes relevarán a la generación histórica, el próximo fin de semana.

Sin embargo, en 1986, el entonces Comandante en Jefe descubrió que un grupo de "mercachifles" estaba "construyendo el socialismo con métodos capitalistas" y mandó a la ECOTRA a Humberto Pérez González y su grupo de colaboradores en la Junta Central de Planificación que, amparados por Raúl Castro Ruz, trataban de dotar de racionalidad y eficiencia a la economía cubana.

La "Ofensiva Revolucionaria" (1968), el "Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas" (1986), el frenazo en seco a las reformas emprendidas en 1993, ante la aparición de Hugo Chávez como benefactor soviético, y la bofetada de Raúl Castro Ruz a Barack Obama son -junto al persistente comunismo de compadres y la obsesión oficial con empobrecer, exiliar e inxiliar a los cubanos, como fórmula de control político- los principales errores estratégicos del castrismo, destruyendo a Cuba cuidadosa y eficazmente, al tiempo que enriquece y protege a la casta verde oliva.

El hambre es muy mala consejera y la burocracia tardocastrista, viendo lo malo que se le está poniendo el ojo a la vaquita Pijirigua, ha decidido no esperar al inminente octavo congreso del partido comunista para relanzar -una vez más- la pirueta de que el comunismo no está peleado con la carne de res ni con el arroz, y son funcionarios intermedios los que aguan el banquete del pueblo con los tres grandes fracasos de la revolución: Desayuno, almuerzo y comida.

Siempre nos quedará La Lupe, esa viyaya santiaguera descalza, que advirtió: Igual que un escenario, finges tu dolor barato, tu drama no es necesario, ya conozco ese teatro,; mintiendo que bien te queda el papel (...) mentiste serenamente y el telón cayó por eso, ¡hum! teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro...

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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