Honestidad intelectual de Roberto, hijo de Batista

No es mi intención hablar de Fulgencio sino de Roberto, el hijo que ha accedido a escribir sus memorias y a ofrecernos un honesto retrato de familia del que podemos extraer un par de lecciones para el presente de Cuba, un presente que se resiste a convertirse en futuro por culpa de aquellos que hoy gobiernan a Cuba.

Bobby Batista Fernández, hijo del general Fulgencio. Foto © Cortesía

Las memorias de Roberto Batista Fernández "Hijo de Batista" han reforzado mi convencimiento de que su padre Fulgencio fue un fracaso como dictador porque el antiguo sargento, hombre hecho a sí mismo que influyó decisivamente en la política cubana durante décadas quería ser amado en vez de temido y ese sentimiento resulta incompatible con el oficio "hombre fuerte" que asumió el 10 de marzo de 1952.

No es mi intención hablar de Fulgencio sino de Roberto, el hijo que ha accedido a escribir sus memorias y a ofrecernos un honesto retrato de familia del que podemos extraer un par de lecciones para el presente de Cuba, que se resiste a convertirse en futuro por culpa de aquellos que hoy gobiernan.

Roberto Batista exalta el valor de la ley e insiste en que la supervivencia de una nación está unida al respeto de su carta constitucional "lo que salva a una nación es atenerse a los principios de una constitución democrática y liberal respetada por todos sus ciudadanos".

Bobby reconoce que el golpe de estado del 10 de marzo fue un grave error, porque "... no hubo que sacar los tanques a la calle. Pero ahí no estuvo ni podía estar la solución a la crisis social que nuestra Cuba padecía bajo el mandato del Dr. Prío Socarrás. No lo digo con ánimos de criticar a ese gobierno, lo digo porque un golpe de Estado, desde la perspectiva cubana de entonces era improcedente pues empezaba Cuba a dar imagen de madurez política, respetando sus instituciones democráticas consagradas constitucionalmente en 1940."

Ojalá los cubanos aprendamos del del error de Fulgencio y de la honestidad intelectual de Roberto, que es en más de un sentido una seria advertencia para transitar de la ley a la ley en la necesaria transición que Cuba deberá enfrentar como el mejor modo posible para superar estos 60 años de tiranía comunista y sus dolorosas consecuencias.

La segunda lección que encontramos en "Hijo de Batista" es un absoluto rechazo a la violencia, en particular a la llamada violencia revolucionaria y con el autor pregunto si aquellos que se proclamaban demócratas y accedieron con prontitud a la violencia realmente lo eran; cuando se examinan las más importantes acciones armadas de la oposición a Batista uno tiene el deber de preguntarse sobre la necesidad de tales acciones.

La justificación histórica de estos acontecimientos siempre me ha parecido desmesurada y por tanto irresponsable, tanto la que se hace desde la historia oficial de la Revolución triunfante como la que nos legaron los protagonistas e intelectuales supervivientes de la Revolución traicionada.

Ambos relatos han contribuido a magnificar la violencia, demeritando el valor de negociación y el acuerdo ante las nuevas generaciones de cubanos. entusiastas de "gestas" de J. A. Echevarria, ni Frank País, y otros, víctimas de un conflicto social donde la irresponsabilidad del golpe de Estado y la frívola violencia revolucionaria desataron los demonios de una nación que aún no encuentra la senda de la libertad y el progreso.

Agradezco a Roberto "Bobby" Batista su libro de memorias, un libro que no persigue, en sentido estricto, restaurar la figura de Fulgencio Batista sino la verdad histórica de unos acontecimientos que han marcado, trágicamente, el destino de varias generaciones de cubanos.

No tengo simpatía alguna por Fulgencio Batista, pero me ha conmovido la responsabilidad moral de su hijo, una actitud que resulta esperanzadora ante la mezquindad y la desidia del día a día, un testimonio de vida que estimula mi confianza en que una Cuba libre y democrática todavía es posible.

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Eduardo Mesa Valdés

La Habana 1969. Narrador y poeta. Miembro de la directiva de Cuba Humanista. Fundador de la revista Espacios. Coordinó la revista Justicia y Paz, y el boletín Aquí la Iglesia.

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