Tierra: así es el desplome de la actividad agropecuaria en Cuba

En 2020 el PIB del sector agropecuario en Cuba cayó un -23,5%, una cifra solo superada por los descensos registrados en Educación, -28%, y Hoteles y restaurantes, -24,5%. 

Agromercado de Zulueta, en una imagen de archivo. Foto © CiberCuba

Después de un paréntesis temporal, tal vez excesivo, la ONEI acaba de publicar en el Anuario Estadístico de Cuba 2020 los datos relativos al sector agropecuario, sin duda uno de los que ha experimentado una peor evolución en los últimos años, limitando la oferta de alimentos que llega a los mercados, y planteando problemas de suministros que, lejos de ser resueltos, se han visto agravados.

Un primer dato, contundente, lo proporciona la evolución del PIIB en el sector agropecuario que, en 2020, y en precios constantes para corregir los efectos de la inflación, cayó un -23,5%, una cifra solo superada por los descensos registrados en Educación, -28%, y Hoteles y restaurantes, -24,5%. 

La incidencia de la pandemia en la producción agropecuaria ha sido intensa, pero no solo por sus efectos directos, sino indirectos, derivados de la imposibilidad de importar bienes intermedios, abonos, fitosanitarios, equipamientos, al no existir divisas para ello por la caída del turismo. Esa falta de divisas ha limitado la importación de alimentos que necesita el régimen para paliar la incapacidad productiva del sector.

El problema con el sector agropecuario se encuentra, además, en el hecho de que su evolución en los últimos años ha sido muy negativa, con un descenso promedio del 5,44% entre 2016 y 2020. Tan solo se recuerda que en 2019 el sector registró un descenso del -10,9% con relación al año anterior, situándose igualmente entre los que registraron mayor caída de la producción. Entre 2019 y 2020 la producción agropecuaria cubana se redujo en términos acumulativos un -34,4%.

En tales condiciones, no resulta extraño que el sector agropecuario expulse personas naturales dedicadas a la actividad productiva. Desde 2016, el número ha descendido un -3,5%. En concreto, los usufructuarios de tierras han reducido su número un -4,2% en el mismo periodo, 11.345 abandonaron la actividad que se configuró como la reforma estrella del régimen comunista para incrementar la producción agropecuaria. 

Pero mayor es aún la disminución de los arrendatarios, un -54,3% si bien estos representan un pequeño porcentaje del total de personas naturales. Los campesinos dispersos descendieron un -6,5% y los propietarios, un -2%. Lo mismo cabe indicar de las personas jurídicas tenentes de tierras en el sector, que se han reducido un porcentaje incluso superior, de un -21%, con una intensa reducción de la categoría de “empresas y granjas” que de 1.874 unidades en 2016 ha pasado a solo 257 en 2020. Desde el punto de vista productivo, la agricultura no hace más que debilitarse.

Lo que estas cifras indican es que el potencial productivo del campo cubano ha ido en declive por la reducción de los agentes dedicados a esta actividad. Además, como dato curioso, el sector ha logrado mantener su peso en el empleo total, un 17,3% de la población ocupada lo está en el sector agropecuario, con un ligero aumento de los efectivos en 2020, de un 1,2% con respecto al año anterior.

Esto significa que la productividad de la agricultura se encuentra en mínimos, y no solo se halla a un 16% de la media del conjunto de la economía (menos de la quinta parte), sino que el retroceso experimentado en 2020, un -24,4% ha sido prácticamente el doble que el registrado por la economía, -12,2%.

En cuanto a la producción, los datos, en general, son muy negativos. Expresada en toneladas, la producción agrícola cubana alcanzó 6.157.598 en 2020. Téngase en cuenta que es la cifra más baja de los últimos cinco años, como se observa en el Gráfico 1 y que supone una aceleración de la tendencia a la baja iniciada en 2016, cuando Venezuela comenzó a reducir sus suministros de petróleo a la Isla.

Gráfico 1.- Evolución de la producción agrícola (en toneladas)

Evolución de la producción agrícola en 2020. Foto: CiberCuba

La distribución por categorías de productos en 2020 significó que las Viandas alcanzaron el 34,5% del total, siendo la categoría más numerosa. En segundo lugar, las Hortalizas supusieron un 27,4% del total. En tercero, el Plátano (fruta y vianda) alcanzó un 13,9%, porcentaje similar al de Otras frutas, donde se encuentra el mango, la guayaba y la frutabomba. Y porcentajes más bajos alcanzaron los Cereales, un 8,5%, las Leguminosas un 1,1% y los Cítricos, con un 0,7% del total.

Con este cuadro, del que se han eliminado las referencias a Tabaco y Cacao por ser de destino exportador y tener menor relación con la dieta alimenticia de la población, se observa que el capítulo más relevante de la alimentación, las Viandas, con una producción de 2.125.777 toneladas, registró en 2020 una caída del -22,2% respecto al año anterior, con especial incidencia en malanga, -39,2%, boniato, -36,4% y tubérculos raíces, con un -25,5%.

Los datos son malos, sin paliativos, y han obligado a los cubanos a renunciar, como mínimo, a la cuarta parte de la producción agrícola del año anterior, que como ya se expuso, también fue en declive. Nadie entiende cómo es posible que la agricultura cubana no sea capaz de incrementar la producción de viandas.

El segundo grupo de productos, las Hortalizas, registró una producción de 1.685.056 toneladas, igualmente con una caída del -19,8% respecto del año anterior, concentrada en pimientos, -20,9% y cebollas, -20,7% en tanto que la producción de tomate se redujo menos, un -10,1%. Esta es otra categoría de productos de alta demanda en la población y que no deberían tener dificultades para su crecimiento.

En cuanto al Plátano, cuya producción fue de 857.7709 toneladas, también se produjo un descenso de la producción de un -17,2% respecto a 2019, afectando en mayor medida al plátano vianda, -21% que al plátano fruta, -7%.

Por lo que respecta a Otras frutas, con 855.236 toneladas, la reducción de la producción se volvió a intensificar, hasta un -21,9% menos, que afectó de forma intensa al mango, que se redujo un 40,5% en tanto que la frutabomba lo hizo en -15,8% y la guayaba con un -3,4% descensos menores.

En cuanto a los cereales, con una producción de 523.813 toneladas, la reducción de la oferta fue muy intensa, -25,4%, siendo el arroz cáscara húmedo el más afectado con una caída del 37,5%; en tanto que por parte el maíz se redujo un -6,8%. El caso de los cereales es un auténtico problema ya que la producción se ha reducido prácticamente a la mitad desde 2016, siendo una de las categorías más afectadas em el ciclo.

Por lo que respecta a las leguminosas, donde la producción relevante son los frijoles, la caída de la producción fue la mayor de todos los grupos, con un -50,2% que redujo la oferta de 2019 a prácticamente la mitad.

Los datos de la agricultura ofrecen un balance muy negativo para el conjunto del sector, en que no se salva ninguno de los grupos o de los productos seleccionados por su impacto en la dieta alimenticia de los cubanos. Como complemento a lo expuesto, el cacao también redujo su producción un -12,3% y el Tabaco un -9,8%.

En el ámbito de la ganadería, tampoco se salvan las principales producciones de este paisaje descorazonador. La leche de vaca, por ejemplo, redujo su producción en 2020 a 442.100 toneladas, con una disminución del -13,6% con respecto al año anterior, que ya había sido malo (en 2019 la producción cayó un -11% respecto a 2018). Esta tendencia coincide en el tiempo con un fuerte descenso de la producción estatal, que disminuyó un -56% desde 2016, en tanto que la no estatal se redujo en poco más de un -22%.

La entrega a sacrificio de ganado vacuno para consumo en 2020 se redujo un -17,4% con respecto al año anterior, pero si se compara con el resultado de 2017 que con 507.500 cabezas marcó el valor máximo de los últimos años, el descenso fue incluso mayor, un -22,6%.

La entrega a sacrificio de ganado porcino, igualmente, se desplomó en 2020, con 2.166.000 cabezas que supusieron un descenso del -45% con respecto al año 2019.

La producción de huevos se redujo un -3,2% y solo se registró un aumento de la entrega a sacrificio de aves para consumo de un 4,5%.

En cuanto a las capturas de pescado, se registró también un aumento del 1,7% con respecto a 2019 pero dada la estrecha relación con las exportaciones, su impacto sobre la población fue nulo.

El balance agropecuario no puede ser peor y guarda estrecha relación con la tensión social puesta de manifiesto el 11 J en las calles cubanas. Las políticas agropecuarias comunistas han fracasado en sus intentos por incrementar la oferta y parece evidente que es necesario actuar en el ámbito de las reformas estructurales y del modelo de organización de la producción.

Solo así será posible asegurar que un sector privado auténtico pase a ser el propietario principal de los medios de producción y no un mero usufructuario de tierras del Estado, asumiendo definitivamente el liderazgo del sector en términos de producción, empleo y riqueza.

Hasta que no se reconozca la urgencia y necesidad de estas transformaciones, el sector agropecuario cubano irá cerrando años de pésimos resultados en los que, el principal perjudicado, no será otro que el pueblo. 

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Elías Amor

Economista, Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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