Marinaleda, el último bastión comunista en España: "Esto es una dictadura"

"Aquí el que abra la boca y diga algo en contra, firma su sentencia de muerte... Aquí no hay libertad de expresión", consideró una vecina del pueblo.

El alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo Foto © Twitter / Fonsi Loaiza

Marinaleda, un pequeño pueblo de la provincia de Sevilla considerado como el último bastión comunista en España, vive un régimen de terror construido por su alcalde-dictador desde hace más de 40 años, según el reportaje publicado por el medio Ok Diario.

“Como hablemos nos zurran. Nos hacen la vida imposible. Por eso hay que tener cuidado. Por eso no quiere hablar nadie… Y no es el simple hecho de que te peguen, sino que a lo mejor te hacen la vida imposible, o amaneces con el coche quemado, o te rayan la puerta”, relató un joven vecino atemorizado por las preguntas del periodista.

Con más de 2.300 habitantes, es casi imposible encontrar en Marinaleda alguien que se atreva a hablar a cara descubierta sobre las presuntas irregularidades que se vienen cometiendo bajo el mandato del alcalde comunista Juan Manuel Sánchez Gordillo, quien llegó al poder en 1979 y desde entonces rige con mano de hierro el destino de un pueblo en el que la gente le llama ‘el cacique’ o, sencillamente ‘el dictador’.

Los vecinos no dan la cara ante los medios y rehúyen ofrecer declaraciones por temor a posibles represalias. Los partidarios de Sánchez Gordillo y el mismo alcalde están sobre aviso desde que en las últimas elecciones 847 votantes le dieron la espalda y prefirieron a la candidatura de Avanza Marinaleda, una formación también de izquierdas.

Los llamados “traidores” surgieron del gesto de protesta protagonizado por seis empleadas públicas del servicio de ayuda a domicilio que iniciaron una huelga para exigir unas condiciones laborales dignas. Algunas de ellas llevaban 20 años trabajando sin que se les reconociera la antigüedad, pues los contratos con el Ayuntamiento se firman anualmente.

“En 2012 ya hicimos un intento de huelga y protestamos por nuestras condiciones laborales a Gordillo. Exigíamos lo mismo de ahora: derecho a vacaciones y conciliación familiar. Él pegó un golpe en la mesa y nos dijo que por sus cojones no pagaba vacaciones. Entonces agachamos la cabeza por miedo a perder el trabajo. Pero ya no podemos más, nos hemos hecho mayores, queremos un futuro digno y vemos las cosas de otra manera”, declaró en octubre de 2020 una de las empleadas en huelga, Mari Cruz Sierra, a El Confidencial.

“Esto es una dictadura, explicó a Ok Diario Margarita, madre de una de las empleadas públicas despedidas por negarse a insultar a una persona en uno de los habituales actos de repudio contra los disidentes y críticos con la gestión de Sánchez Gordillo. “Aquí el que abra la boca y diga algo en contra, firma su sentencia de muerte”

Margarita contó que, tras el susto pasado con Avanza en las pasadas elecciones de 2019, el entorno próximo al alcalde valoró la posibilidad de un cambio de estrategia, diciendo que había que empezar a “meter sustos. Que había que cortar cabezas; que había que salir a la calle, y que si había que llegar a las manos, se llegaba”.

“Aquí no hay libertad de expresión. Él la pregona mucho. La utopía hacia la paz, la libertad de expresión, la democracia… Yo soy una analfabeta, pero la libertad de expresión quiere decir que cada uno tenga libertad para opinar y para decir lo que piensa. Y la democracia es eso, ¿no? Ser libre para opinar y para decir. Pues aquí no puedes”, concluyó Margarita.

La situación en Marinaleda ha sido denunciada en la prensa española en otras ocasiones, pero Sánchez Gordillo sigue en el poder y promociona la imagen de un pueblo en pos de una utopía. Con el pueblo sevillano plagado de símbolos y monumentos al comunismo -como la calle Che Guevara o los múltiples grafitis- el alcalde pretende hacer creer que la totalidad del municipio apoya a esta ideología y a su liderazgo.

Sin embargo, tal y como concluye el reportaje de Ok Diario, en la Marinaleda real los “ciudadanos tienen miedo a contar la lacra en la que viven, en la que Sánchez Gordillo tiene atemorizado a una gran parte del pueblo”, mientras otros muchos prefieren callar por temor a perder los puestos de trabajo, los alquileres baratos, las tarifas subsidiadas y otros “privilegios” que -según les han inculcado- dependen de que el sempiterno alcalde siga rigiendo los destinos del pueblo.

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