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Affaire Lavastida-Bisquet aumenta desprestigio tardocastrista

Un rasgo característico de la dictadura es su bipolaridad política, hasta el extremo que -cuando actúa en foros internacionales- simula defender libertades, resolución pacífica de los conflictos y derechos ciudadanos, pero en Cuba llama a la guerra civil, promueve apaleamientos, emplea el ejército y la policía en la represión de manifestantes pacíficos y mantiene secuestradas las libertades judicial, de prensa y opinión y migratoria.

hamlet Lavastida, desterrado por el gobierno Díaz-Canel © Facebook / Katherine Bisquet
hamlet Lavastida, desterrado por el gobierno Díaz-Canel Foto © Facebook / Katherine Bisquet

Este artículo es de hace 2 años

El gobierno Díaz-Canel acaba de protagonizar su enésima marcha atrás con el destierro forzoso de Katherine Bisquet y Hamlet Lavastida, tras un proceso de negociación bilateral, no exento de chantaje, pero que puso en evidencia la creciente debilidad de la dictadura más antigua de Occidente y la pujanza de la sociedad cubana.

El destierro de Bisquet y Lavastida provocó un mayor desprestigio y hartazgo del mundo democrático con La Habana -aunque algunos aun disimulan en público y otros juegan al cinismo político- porque se trata de dos personas decentes, jóvenes cubanos con valores cívicos e intelectuales reconocidos y formados dentro de la revolución castrista.

Obviamente, los mangueros de Baraguá de ambas orillas saltarán para que el 20N se rompa el corojo y tratarán de manchar la reputación de dos cubanos valiosos como Katherine y Hamlet, acusándolos de negociar con los esbirros y, a los esbirros, de flaquear ante la gusanera proyanqui, pero son minoría; la mayoría está por el cambio democrático pacífico, aunque huérfana aun de liderazgo político.

Hace poco, Humberto López -el Otto Meruelo del tardocastrismo- anunció que sus amos juzgarían a cubanos emigrados -incluso en ausencia- que critiquen al gobierno; pero todo quedó en un alarde más, pues Lavastida no fue juzgado pese a que, previo a su destierro, fue acusado de ser malo, malísimo; mientras que Bisquet estuvo presa en su propia casa durante dos meses. Cosas del socialismo martiano, que ilumina al compañero Díaz-Canel.

Como CiberCuba tiene muchos lectores jóvenes que no conocieron a Otto Meruelo, nada mejor que Ecured para establecer el paralelismo con Humberto López, martillo de herejes, que cobra por ladrar:

"Se mudó a La Habana, y en 1952 logró introducirse en el mundillo de la dictadura batistiana (1952-1958). Nunca necesitó estudiar ni obtener título de periodista: sin ser colegiado, Meruelo tuvo un programa de televisión durante varios años, denominado Por Cuba, desde el cual de manera sistemática defendía al gobierno de Fulgencio Batista y difamaba, calumniaba, amenazaba de muerte e incitaba al asesinato de todo opositor al régimen".

Antes de dar marcha atrás con Katherine y Hamlet; el tardocastrismo se había envainado la Tarea ordenamiento, que degeneró en la desaparición del CUC y la ficticia tasa de cambio de 24 pesos cubanos por un dólar norteamericano, que no se la cree ni Murillo, autor intelectual del penúltimo palo pa rumba del socialismo próspero y sostenible que multiplica la pobreza y la desigualdad como panes y peces bíblicos.

Previamente, la maquinaria represiva, incómoda con la visita del cardenal de Boston ofreció una imagen faulkneriana de José Daniel Ferrer, dejó en suspenso la aplicación de los Decretos leyes 349 y 370, ante la repulsa mundial y de muchos cubanos contra su pasión Anníbal Lecter en materia de libertades; aunque el presidente Díaz-Canel reivindique unidad en la diversidad en el ámbito internacional.

Un rasgo característico de la dictadura es su bipolaridad política, hasta el extremo que -cuando actúa en foros internacionales- simula defender libertades, resolución pacífica de los conflictos y derechos ciudadanos, pero en Cuba llama a la guerra civil, promueve apaleamientos, emplea el ejército y la policía en la represión de manifestantes pacíficos y mantiene secuestradas las libertades judicial, de prensa y opinión y migratoria.

Díaz-Canel y López-Calleja, dúo nefasto para la nación, tienen tanto miedo, que encarcelan y destierran a cubanos que piensan democráticamente y, desde la rebelión del 11J, no consiguen un momento de sosiego y, para aliviar su cobardía política, invocan a San Joe para que Biden suelte las sabrosas remesas y seguir lucrándose con el trabajo y solidaridad de la noble emigración cubana, angustiada por sus familias rehenes en la isla.

El imperialismo norteamericano no da ni un tantico así a la élite comunista de La Habana, temerosa hasta de su propia sombra y que, cual cabeza de familia que ha perdido autoridad, cada vez tiene que gritar y reprimir más para simular que sigue mandando.

Nada desprestigia más a un gobierno que se pretende de humildes, por los humildes y para los humildes que apalear, encarcelar y desterrar a los pobres de la tierra, con los que José Martí su suerte quiso echar...

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Pérez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.


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