El Peje distrajo a Díaz-Canel con Catarino, cerró la vía Nicaragua, comió y se fue

El gobierno cubano sabe que una distensión bilateral pasa por la reactivación de los acuerdos migratorios, congelados por Trump desde 2017, y que la avalancha migratoria lanzada contra Estados Unidos es un acto inamistoso e insensato, que lo pone contra las cuerdas.

Estudios Revolución
Presidentes de México y Cuba, en La Habana. Foto © Estudios Revolución

El presidente de México, Andrés Manuel El Peje López Obrador, culminó en La Habana una gira por Centroamérica y Cuba, donde reiteró a sus gobiernos un mensaje de la Casa Blanca: No hay camas pa tanta gente, cada estado debe controlar sus flujos migratorios y apostar por democracia y desarrollo, si quieren tener una relación cordial con Estados Unidos y recibir apoyo financiero.

El gobierno cubano sabe que una distensión bilateral pasa por la reactivación de los acuerdos migratorios, congelados por Trump desde 2017, y que la avalancha migratoria lanzada contra Estados Unidos es un acto inamistoso e insensato, que lo pone contra las cuerdas y, que aun la complicidad del sátrapa Daniel Ortega no debe generar inestabilidad en el resto de Centroamérica y dentro de México, como viene ocurriendo, desde su acobardamiento ante el 11J.

La agenda habanera del Peje fue intensa, hasta el punto que no hay constancia de un encuentro suyo con Raúl Castro, vinculado históricamente a México y que soñaba pasear con su hermana Emma por el Caribe mexicano, una vez jubilado; como tampoco hay testimonio de una entrevista con el trovador Silvio Rodríguez, amigos y admiradores mutuos.

López Obrador es -junto a Guatemala- alguacil migratorio de Estados Unidos, desde un acuerdo trilateral fraguado con el presidente Donald Trump y ratificado por la vicepresidenta Kamala Harris, que establece inversiones en ambos países a cambio de hacer de muro migratorio; lacayos del imperialismo los llamaría Fidel Castro.

El Peje -que no es de izquierda ni la cabeza de un guanajo; solo un político ambicioso y pragmático- anunció al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez que cerró la vía Nicaragua, cortando el paso a los emigrantes cubanos camino de Sacramento, agradeció la orden José Martí, comió y se fue, con la tranquilidad del deber cumplido y sabiendo que su anfitrión no fue pillado por sorpresa con malas noticias porque ya las habian adelantado el vicenciller Carlos Fernández de Cossío, tras su visita relámpago a Washington, y el Secretario de Relaciones Exteriores azteca, Marcelo Ebrard, declarando ante su homólogo estadounidense, Antony Blinken, que México no es tolerante con la emigración ilegal.

El guiño del Peje, comprometiéndose a no cejar en el empeño de mediar entre Estados Unidos y Cuba y su elogio de la revolución cubana fueron brindis a la orilla izquierda de MORENA, la coalición de partidos y grupos que lo aupó y sostiene en el poder; pero sin más recorrido, porque sus retozos izquierdosos están limitados por ley, es decir, por el ventajoso Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá y porque la mayoría de la influyente ciudad letrada mexicana sabe que la isla padece la dictadura totalitaria más antigua de Occidente; y los ciudadanos -en general- admiran al vecino del norte y rechazan al tardocastrismo.

De ahí su clave esperanzada en que la "revolución renazca en la revolución" y su negativa a contribuir a su derrocamiento; pero el problema que tiene López-Obrador y quienes creen que el comunismo es reformable, es que siguen sin admitir que la revolución se fue a bolina y pretenden desconocer la historia, incluso la bilateral, porque 41 años después, la jugada se repite; es decir, El Peje simuló el papel de mediador real, desempeñado por Miguel López Portillo y su canciller Jorge Castañeda, que en 1981 promovieron un enfriamiento de las tensiones, acogiendo una entrevista secreta entre el secretario de Estado Alexander Haigel americano feo (León Cotayo dixit), y el vicepresidente cubano, Carlos Rafael Rodríguez, en 1981.

Carlos Salinas de Gortari, medió entre Bill Clinton y Fidel Castro, durante la Crisis de los Balseros (1994), es decir, casi treinta años después, el castrismo sigue siendo eficaz potencia productora de pobreza, desigualdad y emigración hacia Estados Unidos; pero al menos aquella vez el comandante en jefe hizo reformas parciales, mientras que Díaz-Canel y López-Calleja -a quien no se le vio durante la estancia de López Obrador, pese a que fue a México (2021) estrenado rol de asesor presidencial- están instalados en la resistencia creativa y coleccionando negligencias e insensibilidades.

Los convenios sanitarios firmados son continuidad de otros anteriores -los previos (2017) los firmó el entonces ministro Roberto Morales Ojeda con el gobierno del PRI, de Enrique Peña Nieto y- aunque representan un salve para el tardocastrismo- López Obrador tiene cada vez más difícil tener gestos hacia la casta verde oliva y enguayaberada por la sensibilidad mexicana, más proclive a la democracia y la riqueza del Potomac que a viejos boleros y sones de Buena Vista Social Club.

Si alguien tiene el cuidado de repasar el alquiler de brigadas médicas cubanas a México, durante la pandemia de coronavirus, verá que los contratos no fueron suscritos por el gobierno federal, sino por los de Ciudad de México y Mérida y, en esta última apenas tuvieron presencia, debido a las protestas del gremio médico nacional, que conoce perfectamente el desastre sanitario de Cuba y su pugilato propagandístico forrajeando dólares.

Cuando López Obrador llegó a La Habana, tras visitar  Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice, ya todo el pescado estaba vendido y por eso distrajo a Díaz-Canel y al resto de los anfitriones con una extensa glosa al héroe y periodista mexicano Catarino Garza Rodríguez, que a punto estuvo de dormir a los oyentes, porque en realidad el mandatario mexicano apenas tenía que decir, salvo insistir en su propuesta de "Sembrando vidas", un programa de fomento del empleo en la región como antídoto migratorio; otro brindis al Sol porque en Estados Unidos los salarios y los derechos sociales son infinitamente mayores que en sus vecinos, incluido México.

Por ejemplo, El Peje, que alardea de progresismo y humanidad, ha militarizado a México como nunca antes, ha llenado las arcas de la medicina privada, excluyendo a unos 16 millones de mexicanos de la cobertura sanitaria estatal y -durante la pandemia de coronavirus- cerró los colegios, sin generar una alternativa para el más de medio millón de niños pobres, que comía en sus escuelas, paliando el hambre en sus hogares; pero se pasa la vida criticando al capitalismo, al colonialismo y la militarización, aunque se alinea con Rusia en la invasión a Ucrania.

Pero La Habana, sus agentes de influencia, exégetas y gusañeros generaron la ficción de que el supuesto izquierdista López Obrador llegaba como un aliado; recordando la letanía de que México fue el único país que no rompió relaciones diplomáticas con Cuba ni se sumó al embargo norteamericano; que es una verdad incompleta porque también fue la principal vía de "actividad enemiga", facilitando la penetración de la CIA; el general Fabián Escalante y muchos otros en retiro, pueden contarlo mejor.

A estas horas, no sabemos si El Peje sacó un hueco de la apretada agenda para encontrarse con Silvio Rodríguez; que sería fantástico por la posibilidad de verlos cantar juntos Se perdió en Nicaragua otro hierro caliente porque el águila daba su señal a la gente... 

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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