Raúl Castro ordenó ahorcar a haitianos y negros cubanos

Bonifacio Hasa, jefe de la policía de Batista en Santiago de Cuba, fue fusilado para ocultar el pacto secreto al que había llegado con el 26 de Julio.

Raúl Castro Ruz Foto © Asamblea Nacional

José Richard Heredia (Santiago de Cuba, 1936). Consagró su vida a combatir dos dictaduras, la de Fulgencio Batista y Fidel Castro; el primero mandó a torturarlo, el segundo ordenó incluirlo en una lista para ser fusilado en enero de 1961 y lo encarceló durante una década.

Nunca se rindió; pero jamás ha cedido a la pulsión revanchista, trazando perfiles históricos y humanos que deberán ser tenidos en cuenta por historiadores y estudiosos de la revolución castrista porque aborda sin ambigüedades la condición del M-26-7 como organización cerrada, no popular y crímenes de Raúl Castro.

Vive convencido que la dictadura caerá a corto plazo porque el 11J  el presidente Miguel Díaz-Canel cometió el mismo error que Batista cuando ordenó reprimir al pueblo, al son de Tabernilla: "Candela al jarro hasta que suelte el fondo".

Empecemos por Raúl Castro Ruz y el II Frente Oriental Frank País del Ejército Rebelde; ¿cómo es Raúl y cómo estaba estructurada su guerrilla?

Las dotes de Raúl están fundadas en el apellido y en el miedo, porque vivió y vive con la necesidad permanente de ser considerado capaz y valiente; por lo tanto, humillando y sacando del medio a quien entorpezca sus aspiraciones. Fue un hermano fiel, capaz de dejarse humillar en público. Raúl es como aquel bufón que hace ruido para evitar que el público lance tomates al protagonista de la obra, aunque carezca de genialidad.

Cuando lo conocí, me pareció un hombre demasiado jovial con la gente, excepto conmigo, una actitud casi infantil, como niño con juguete nuevo. En un combate, en Mayarí, cuando el secuestro de los americanos, alardeó que era un asunto suyo y que Fidel no tenía nada que ver con eso.

Pero debajo de esa jovialidad esconde su crueldad, que lo llevó a cometer crímenes como el ahorcamiento de más de veinte haitianos y negros cubanos, acusados de ser informantes de los guardias de Batista; ordenado por Raúl Castro, con el propósito de imponer respeto.

En noviembre  de 1958, Bonifacio Hasa, jefe de la policía santiaguera, solicitó una entrevista con la dirección del 26 de julio; a la que asistimos, en casa de mi buen amigo Mariano Roca; Carlos Chaín, Valiente (dirigente sindical de estibadores y afiliado al M-26-7) y yo; planteándonos Asa la necesidad de que se le garantizara la salida de Cuba, junto a su familia; en el momento que Batista se fuera; por tanto, desde ese momento, la jefatura de la Policía no daría ninguna orden en contra de las fuerzas del 26 de julio en Santiago de Cuba.

Aceptamos la petición de Hasa, aunque luego supe que había contactado antes con Huber Matos, que había informado a Fidel Castro de la solicitud. ¡Tremenda sorpresa me llevé!, cuando vi a Hasa paseándose por los pasillos del Gobierno Provincial, con el uniforme de la policía  y un brazalete del 26 de Julio; tres días después, Armando, no recuerdo su apellido, chofer de una funeraria y miembro del 26 de julio, relacionado directamente con Vilma Espín, protestó y exigió la detención del que había sido jefe policial en Santiago, hasta la caída de Batista.

Hasa fue detenido y, desgraciadamente, fusilado junto a un grupo de personeros de Batista, por orden directa de Raúl Castro. Estando ya en Miami, pude hablar con Concha Alonso, ex capitana del Ejército Rebelde que, cumpliendo sus funciones de funcionaria de la justicia; viajó a La Habana, en enero de 1959, con una lista de 72 cubanos a fusilar para discutir, caso por caso, con el ministro de Justicia, pero no llegó a tiempo, porque Raúl mandó a fusilar al grupo, sin esperar al criterio del gobierno; y en ese crimen colectivo fue ejecutado Hasa, violando el pacto alcanzado en la reunión en casa de Roca.

Raúl decidió las ejecuciones de cubanos, sin dar tiempo a que llegaran las conclusiones del Ministerio de Justicia, alegando razones de fuerza mayor; pero creo que obedeció a la necesidad de silenciar un pacto secreto con Hasa.

Aparte de su crueldad; exhibía cierta originalidad; principalmente en el peinado al dejarse crecer el pelo hasta poder hacerse una cola de caballo. Fue una moda que, en el Segundo Frente, sustituyó y marcó diferencias con las barbas de la Sierra Maestra; donde se comenzó con jóvenes que provenían de las filas del autenticismo, de Temístocles Fuentes, en la ciudad; copiando al líder africano Jomo Kenyatta, creador del estilo Mau Mau.

Segundo Frente Oriental Frank País

El Segundo Frente estaba debidamente estructurado, se mantenían los suministros de carne, combustible, electricidad, el transporte funcionaban adecuadamente, al tiempo que la salud se protegía, por medio de un hospital móvil, enfermerías en campamentos; se mantenían los caminos, se tendían cables telefónicos, funcionaban varios aeródromos, entrábamos y salíamos del frente cada vez que fuera necesario; existía una Gaceta Oficial, se cobraban impuestos, se mantenía el comercio, se controlaban las carreteras, donde obteníamos petróleo sacado de pipas que nos suministraban combustible. Las tropas se mantenían en estado de preparación y listas para actuar, utilizando el sistema de unidades móviles, compuestas casi siempre por un vehículo en el que viajaban cuatro hombres armados con fusiles Garand, ametralladora, y también se hacían patrullas en pareja.

En el Segundo Frente se celebraron congresos como el del Frente Obrero Nacional Unido (FONU), en el que participaron comunistas; pero Raúl eliminó las bases creadas por Daniel (René Ramos Latour) siguiendo una estrategia trazada por Frank País. También supe de represión selectiva contra algunos individuos castigados, a los que no se encarcelaban ni amarraban, aunque se les prohibía salir del campamento porque no convenía al mando rebelde que se supiera que represaliaba a vecinos de la zona.

¿Cómo fue el proceso de destrucción de la estrategia de Ramos Latour, ejecutado por Raúl Castro?

Después del desembarco en las Coloradas y el combate de Alegría de Pío, Haydée Santamaría y Frank País elaboraron una estrategia que estableció un plan para proteger y sacar a Fidel de la sierra; en caso de necesidad; que no hizo falta porque la propaganda del periodista Herbert Matthews lo salvó.

En paralelo, Frank precisó la necesidad de crear otro frente en el cual pudieran desarrollarse luchadores, en su mayoría estudiantes y trabajadores que -espontáneamente- se opusieron al cuartelazo del 10 de marzo de 1952; donde no abundaban las personas de doctrina marxista; porque Frank se identificó siempre con el restablecimiento de la Constitución del 40, pensamiento mayoritario entre los jóvenes de la época y, especialmente, los estudiantes.

Frank dio pasos, junto con Daniel, amparado en el apoyo de los obreros de las zonas mineras y agrícolas; que se mantuvieron ayudando al M-26-7 con dinamita, dinero, recursos propios con los que mantuvo una independencia sin compromisos ni ataduras.

Fidel estaba obsesionado con el poder desde sus inicios. Frank era maestro, religioso y patriota; con ideas muy diferentes a las de un caudillo, y seguido incondicionalmente por hombres como los que protagonizaron el levantamiento del 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba. 

Fue Jorge Sotús, en el Uvero, quien primero confrontó las diferencias entre ambos grupos, incluidos los comunistas y Fidel -hábilmente- lo mandó a gestiones en el extranjero para evitar un posible choque con Ernesto Guevara y otros rebeldes con pensamiento comunista.

Frank, disciplinadamente, acató los acuerdos previos; hasta que se hizo necesaria una definición de propósitos; leyendo sus cartas podemos encontrar varias claves y cómo se convirtió en referente y un peligro para los planes hegemónicos de los Castro, apoyados por los comunistas.

Al fracasar la Huelga de abril, fuimos sorprendidos por la emergencia de Daniel para armar el nuevo frente y salvar los mejores cuadros de Acción y Sabotaje del M-26-7; pero -a la vez- Fidel aceleró su ofensiva para ocupar el área del Segundo Frente, que consideraba su zona natural, por raíces familiares. La muerte de Daniel (julio 1958) facilitó los planes hegemónicos del caudillo y su hermano.

Usted tuvo la oportunidad de combatir con figuras históricas del siglo XX cubano. ¿Qué opinión le merecen Frank País, Vilma Espín, Joaquín Méndez Cominches, Pepito Tey y Marcelo Fernández Font? 

Frank País. Un patriota verdadero, vinculado a una lucha por la libertad, inspirado en la historia leída y contada por los veteranos, quienes  narraban a los jóvenes interesados en las realidades de las guerras de independencia. Como maestro, tenía la preocupación por las futuras generaciones, se indignó cuando robaron la estatua de Federico de Capdevila, considerándolo un ultraje a la hidalguía de un español digno que defendió la justicia para los ocho estudiantes de Medicina.

Frank llegó a la conclusión que la solución al problema cubano consistiría en el uso de las armas porque no podría lograrse por la vía electoral; a menos que desapareciera la corrupción -surgida desde el mismo día de la independencia que- además, estaba siendo atizada constantemente por factores económicos beneficiarios de un status quo fabricado para el bien de una minoría con poder, similar a lo que Castro ha fabricado y dejado como herencia; controlando el poder y sometiendo a la población.

Vilma Espín. Sobre Vilma ha habido especulaciones sin evidencias, que la convirtieron en una persona de cuidado, pero de las que no me puedo hacer eco; solo si las bases de opinión lo hicieren personalmente. Para mí, fue un factor decisivo en el giro hacia la adopción de la línea marxista del proceso revolucionario. en compañía de Fidel, Raúl, Ernesto Guevara y la dirigencia del partido comunista.

¿Se refiere usted a las versiones de que Espín tuviera responsabilidad en el asesinato de Frank País?

Vilma pudo  haber sido una fiel militante secreta del partido comunista y cumplidora de las órdenes que sirvieran para preservar la influencia de una corriente revolucionaria garante que -al final- no hubiese forma de evitar que la revolución desembocara en el comunismo, por voluntad de una facción minoritaria; después de la huida cómplice  de Batista.

Recuerde que la policía que estaba en guerra con los grupos del 26 de Julio, guerra a muerte y a sabiendas que Frank País era el jefe de las operaciones; llegado el momento de las definiciones, Frank era un obstáculo a las aspiraciones de otros, creyendo que los otros serian del partido comunista, pero desde febrero de 1957, se desató una ola de exterminio para los dirigentes no afiliados al comunismo, empezando por José Antonio Echeverría, los mártires de Humboldt 7 y el propio Frank.

¿Cómo es posible que la policía batistiana llegara casi hasta mi escondite seguro, desconocido por todos, menos por Vilma Espín, que fue quien me proporcionó el refugio, cuando tuve que pasar al clandestinaje?

Pepito Tey. Asistía reuniones en la Universidad de Oriente, dirigidas por él y orientadas a la insurrección; enseñando el uso y manejo de armas a estudiantes de diferentes filiaciones políticas, en una de esas sesiones, conocí a Joe Westbrook, a Luis Carcedo, y a Omar Castañeda, en estos tres verías la diversidad de militancias de la juventud que se enfrentó a Batista, entre los cuales nunca se debatió sobre preeminencia de una ideología. Solo primaba la voluntad de derrocar al dictador.

Joe me dio datos de la frustrada conspiración de Rafael García Bárcenas; en la que había participado, y me confesó la poca confianza que tenían en Fidel Castro porque su actitud fue sospechosa en lo concerniente a la detención del doctor García Bárcenas, además, me dio a conocer la importancia de una gestión por la erradicación de las dictaduras en el continente y me  recomendó que nos viéramos; si yo tenía oportunidad de matricular en la universidad, estoy hablando sobre el año 1954-55.

Marcelo Fernández Font. Un impostor, un mentiroso, hombre sin honor y cómplice de la ignominia a lo que algunos llaman revolución. Lo visité en su casa, en junio de 1960, con un libro bajo mi brazo, el tomo 23 de las obras completas de Lenin, “El estado y la revolución”; le dije: Fidel ha puesto en práctica, sistemáticamente y al pie de la letra, todo lo que dice Lenin; lógicamente, esto es comunismo. Dame tu opinión.

Es cierto, me dijo; ellos tienen una capacidad y experiencia para gobernar que no tenemos nosotros, pueden contar con 300.000 hombres para controlar el gobierno, Fidel es un líder insustituible, capaz de enfrentar el momento actual, el marxismo está triunfando en el mundo, previendo que, en menos de cinco o diez años, será la filosofía del futuro. La única solución es adherirnos a ese movimiento mundial.

Le recordé la respuesta que me dio, en1956, en la universidad cuando juró por su honor que no era comunista. Por lo tanto, esta es tu verdad. Desde el momento que salga por la puerta de tu casa somos enemigos, mucho gusto en haberte conocido, esa es la frase que le he dicho a todo aquel que me enfrenta, al primero que se lo dije fue a Margosa, capitán del Buró de Investigaciones; quien me torturó en 1958.

José Joaquín Méndez Cominches. Un informante a Raúl de los pasos que yo estaba dando como dirigente estudiantil, como también me vigilaba el comandante devenido historiador, William Gálvez, quien ha hecho todo lo posible para evitar mencionarme como participe de la historia del Movimiento 26 de Julio, cosa que le agradezco mucho porque Gálvez es un engendro humano, antítesis de un hombre honorable como Pepito Cuza, que narra los acontecimientos con apego a la verdad; aunque tampoco me menciona, exclusión que también agradezco.

Méndez se casó con la joven Electra Fernández, que había sido mi compañera en quinto grado; cuando llegó a Santiago, desde Argentina, donde nació. Electra fue una luchadora extraordinaria que colaboró en el trabajo de la coordinación y en la formación de los Comités de base revolucionaria: el matrimonio tuvo siempre mucha cercanía con Raúl y Vilma; apoyo que disminuyó tras la destitución de Méndez al frente de la Dirección General de Inteligencia (DGI) por fallos en la isla de Granada, donde debía proteger a Maurice Bishop.

Usted fue combatiente del M-26-7 en la clandestinidad y en la sierra; ¿Qué diferencias había entre ambos escenarios y cómo eran las relaciones entre las células urbanas y la guerrilla?

La condición de combatiente, es una versión del gobierno de Cuba para las personas con antecedentes de haber participado en actividades como militantes del Movimiento 26 de julio (M-26-7). A mi me desagrada ese calificativo porque si participe en la lucha contra la dictadura de Batista, no fue como tal, sino como patriota cubano luchando por el restablecimiento de la Constitución de 1940, violada por candidatos políticos que -sin posibilidades de ganar elecciones- decidieron alterar el ritmo constitucional de la República, cometiendo un crimen de lesa patria.

Hubo una distinción entre la guerrilla y la lucha urbana o clandestinaje, como se le llamaba. Clandestinaje era todo lo civil, y con un solo enemigo: Los personeros del régimen, que podían dividirse en vigilancia policial y militar, control militar, inteligencia, represión, y civil, y los partidos políticos entre los que se distinguían; el Partido Acción Unitaria (PAU, batistiano) el partido comunista (PSP), el partido de Rolando Masferrer (MSR), el de Carlos Márquez Sterling (Partido del Pueblo Libre) y el nacionalista de José Pardo Llada, entre otros.

El concepto de células urbanas es muy atrevido para calificar a las células del movimiento 26-7; porque las que surgieron entre el 1956 y 1957 eran incapaces de constituir una fuerza popular organizada, aun  como minoría o mínima fuerza política. Eran más bien grupúsculos de contactos que se afinaban con el fragor de la lucha y la persecución, al tiempo que aumentaba la represión. Quiero decir con esto que el 26 de julio era una organización cerrada, no popular. La simpatía del pueblo iba surgiendo a medida que aumentaba la represión batistiana. La ciudadanía veía y sabía de los asesinatos, conocía a los destacados personeros que se distinguieron matando jóvenes.

Las células de base revolucionarias fueron la respuesta a la reacción de Fidel, después del fracaso de la huelga del 9 abril de 1958, pero no fueron desarrolladas adecuadamente porque Castro las boicoteó, actuando de acuerdo con Ernesto Guevara y el partido comunista. Desde entonces, ya sentían terror a que el pueblo cubano se organizara contra la voluntad de una minoría, organizada por ellos secretamente.

Usted es de los primeros combatientes del M-26-7 que se aparta de la revolución y se opone al castrismo. ¿Por qué?

Yo no me considero haber sido un combatiente del M-26-7; más bien, un joven preocupado por el futuro de Cuba. Esa fue mi respuesta, cuando Fidel Castro me preguntó quién era yo, de dónde venía, que origen político tenía; pese a que él tenía el expediente de mis actividades. Ciertamente tenía razones para preguntar porque la primera frase que pronunció, cuando le anunciaron de mi llegada a la columna, Carlos Rafael Rodríguez y Luis Mas Martín; a quienes había dado detalles de la organización del Segundo Frente Oriental Frank País; a lo que Fidel respondió con un alarido: ¡Eso es mentira!; grito al que no respondí.

Otro problema que tuve fue cuando rechacé la expresión del doctor Manuel Urrutia Lleó, cuando dijo a Fidel que estaba trabajando en todos los requerimientos legales para que no hubiera obstáculos constitucionales a su proyecto de Reforma Agraria. Inmediatamente, exclamé: ¿Quién es Urrutia para variar la Constitución?; y lo dije en presencia de Euclides Vázquez Candela, Carlos Franqui y Fidel. La respuesta fueron balbuceos de Franqui y argumentos baladíes de Vázquez.

¿Cómo su apresamiento a manos de la naciente Seguridad del Estado?

No fue un apresamiento sorpresivo, más bien calculado por mí, por informes recibidos de personas que entendieron mi primer mensaje en el periódico "Sierra Maestra",  en enero de 1959, titulado "Inquietud", donde yo alertaba y defendía la no centralización del poder y apostaba por la federalización; amparado en la Constitución y mi experiencia política.

Recibí un informe sobre los planes ejecutados por el partido comunista, desde agosto de 1958 hasta después de enero de 1959; y supe que, en los primeros días de enero de 1961 se impondrían los Tribunales de Guerra contra los potenciales enemigos de la “revolución”; incluidos listados, donde yo aparecía con el número 17 para ser fusilado. Como, teóricamente, me quedaban cuatro meses de vida, los aproveché para participar en la fundación del Movimiento 30 de noviembre, la elaboración de planes de acción primaria contra el gobierno y discusión con personeros norteamericanos sobre consecuencias y opciones para América Latina, si el comunismo se consolidaba en Cuba.

Fui apresado el 30 de diciembre de 1960, sabiendo que la nueva ley iba a ser promulgada a principios de enero y fui juzgado el nueve; salvé la vida porque, dentro de las filas de la revolución, había y hay personas que no están de acuerdo con el terror y los fusilamientos. Y quizá ahora sería largo explicar las veces que me salvaron estando ya en prisión; pero no quiero hacer una novela sobre las bajezas del régimen de Castro.

¿Cuántos años estuvo preso, en que cárceles y cuáles son sus peores y menos malos recuerdos?

Estuve 10 años entre paredes y rejas. Pero nunca preso porque siempre trascendí el encierro, salvando mi psiquis, cuidando mi mente. El enemigo gana cuando uno lleva su conciencia a la condición de preso. Yo nunca he estado preso.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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