Cuando la gasolina casi mata a la Seguridad

La crisis económica reduce capacidad represiva de la dictadura y genera malestar entre oficiales del Ministerio del Interior; rendijas que deben ser aprovechadas inteligentemente por la oposición cubana.

Cola para comprar gasolina en La Habana Foto © CiberCuba

El aparato represivo tardocastrista acaba de recibir un gancho en el hígado de sus andanzas represivas, con la decisión del Ministerio del Interior (MININT) de reducir la cuota de gasolina y descontar su costo de los salarios de oficiales de la Seguridad del Estado y el Departamento Técnico de Investigaciones; haciendo de tripas, corazón; como sugirió el ya silente ministro Sobrino, con aquella ocurrencia cantinflesca de gallina vieja.

Como es habitual en la Cuba irreal que pretende perpetuar la baba sin quimbombó, los políticos y jefes de unidades arengarán a los perjudicados con la consabida necesidad de hacer más con menos, en medio de la resistencia creativa sin naranja dulce ni limón partido.

Con menos gasolina y malos almuerzos, los oficiales tendrán que apelar más a las confidencias de sus fuentes territoriales, vía teléfono, y calcular cada desplazamiento como si fuera un viaje a lo desconocido, pues la exigencia de resultados operativos y la ambición de jefes por ser ascendidos para vivir por encima del resto de los cubanos, son inversamente desproporcionales a las condiciones de trabajo del primer anillo represivo; llamado enfrentamiento, por los cursis del G-2.

La crisis del aparato represivo y el desencanto lógico de muchos de sus oficiales, son rendijas que deben ser aprovechadas inteligentemente por la oposición cubana, intentando tender puentes con algunos de sus verdugos; sobre todos aquellos que dudan y les gustaría saber que pasará con ellos en una Cuba democrática.

La muela bizca ya no cala entre hombres y mujeres que forman el primer escudo de la dictadura más vieja de Occidente porque son seres humanos que asisten en silencio al general deterioro, el militar más victorioso de Cuba, y en sus casas sufren privaciones materiales parecidas a la de sus vecinos sin uniformes, que los desprecian en silencio.

Un oficial de Villa Marista, el único colegio que la revolución convirtió en cuartel, sin cargos adicionales, cobra mensualmente, 10.040 pesos cubanos (menos de 58 dólares, según la tasa de cambio paralela); tras la entrada en vigor de la postergada Tarea ordenamiento, que disparó la inflación, entronizó el dólar estadounidense y una anotación contable; el MLC, y dejó sin resolver la gran asignatura pendiente de la contabilidad post revolución.

La economía de guerra no es novedad en las filas del MININT, que casi siempre trabajó operativamente con austeridad, una de las causas de su desproporcionada respuesta a indicios de "actividad enemiga"; a diferencia de otros servicios de Contrainteligencia que -contando con mayores y mejores recursos- abren sus jamos operativos para que vayan cayendo pejes, como hizo el FBI con la fracasada Red Avispa; mas agujereada que un colador viejo, desde el inicio de sus acciones contra Estados Unidos.

El MININT siempre fue prioridad de Fidel y Raúl creó el FARINT a su imagen y semejanza; pero exceptuando los dispendios para contribuir a campañas políticas en países democráticos, incluido Estados Unidos; tarea ejecutada por la Inteligencia, y la etapa de Ladas azul ministro, importados de Panamá, con aire acondicionado, caja quinta, llantas y timones cómicos, cristales calobares y tres antenas para impresionar a empobrecidas jevitas; la institución más secreta de la revolución cubana trabajó austeramente, bajo el influjo bodeguero de Ramiro Valdés y la casi desconocida decencia de Sergio del Valle. 

Los presupuestos tardocastristas y la Oficina Nacional de Información y Estadística (ONEI) no ofrecen información detallada de los gastos e ingresos de las instituciones armadas y represivas, aun sobredimensionadas para el tamaño y las necesidades operativas de Cuba, pero afincadas en el miedo creciente de la casta verde oliva y enguayaberada a un aldabonazo popular que los saque del poder.

Cuba no produce nada, padece un estado jinetero y las noticias reales que llegan de Argelia y Moscú no son alentadoras porque cada nación y gobierno tienen sus prioridades y dificultades económicas, por encima de rejuegos políticos y croniquitas almibaradas para seguir emborronando cuartillas con las aventuras de los piratas del Caribe.

La Seguridad del Estado y el DTI empiezan a parecerse a Lorenza, la novia quincallera del Guayabero que, de cada sobaquera se podían hacer dos trenzas; si así era en los sobacos, como será en la quincalla.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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