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Rodrigo Álvarez Cambras abrazó la revolución, fundó y consolidó una escuela de ortopedia reconocida mundialmente, que fue decisiva para el deporte y las relaciones internacionales de Cuba.
Fidel lo mimó, sabiendo sus valores humanos e hipocráticos, pero su hijo Antonio Castro Soto del Valle fue tratado con igual exigencia y rigor que el resto de los alumnos, durante su paso por el hospital Frank País, que dirigía el insigne galeno.
Kico Álvarez Cambras atesoraba la constancia y buen hacer de muchas familias cubanas de la etapa republicana y -tras su paso por África y otras regiones pobres- engrandeció su bondad y generosidad, pero supo combinar la nobleza con capacidad de gestión y de relaciones públicas.
Álvarez Cambras fue a la medicina cubana lo que Eusebio Leal a La Habana Vieja y jefes de estados extranjeros tan dispares, como el peruano Juan Velasco Alvarado y el iraquí Sadam Hussein confiaron sus huesos a sus manos y en su discreción a prueba de bombas.
Pero nada de eso le valió ante el entonces ministro de Salud Pública, Roberto Morales Ojeda; hoy ascendido al Buró Político y secretario de Organización del Partido Comunista, que pretendió zarandearlo a él y a otras eminencias médicas como el profesor Aldereguía y Kico lo puso en su sitio, tras descubrir que el relevo de Machado Ventura es mala gente.
Álvarez Cambra pagó caro su valentía; casi fue expulsado del hospital que había fundado y pese aque había solicitado jubilarse con 82 años, no fue invitado al siguiente congreso de su especialidad y la Sociedad Cubana de Ortopedia y Traumatología, que presidió durante 40 años, obvió su nombre en una reseña histórica sobre esa rama de la medicina.
La ciencia cubana, el deporte y los cubanos de bien están de luto; incluidos sus miles de pacientes anónimos que llegaban al Frank País desde todos los rincones de Cuba y eran atendidos y curados; como hizo con los lisiados de Cuito Cuanavale y otras contiendas.
El desastre tardocastrista ha pretendido reducir a la nada a la generación histórica; excepción hecha de Raúl Castro, Ramiro Valdés y Machado Ventura; quizá la mayimbada actual no haya descubierto todavía que quien a hierro mata a hierro muere y Álvarez Cambras tiene asegurado un lugar en la historia médica y el cariño de la gente; Morales Ojeda nanina jabón candao.
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