La despedida del año viejo en Cuba viene acompañada de las palabras que resumen el ciclo por parte del gobernante Miguel Díaz-Canel, una acción que, para muchos, ya se ha convertido en un ritual predecible.
Desde que asumiera la presidencia del país en 2018, el mandatario ha aprovechado cada cierre de calendario para dirigir palabras de aliento y esperanza al pueblo cubano, prometiendo mejoras significativas en el futuro.
Sin embargo, estas palabras, cargadas de optimismo, suelen chocar con una realidad marcada por la crisis económica, el desabastecimiento y la emigración masiva.
Una relatoría de las palabras del mandatario da cuenta que para 2020 dijo que ese tenía que ser el año “en que nosotros terminemos de quitar o proponer todo lo que hay que proponer para destrabar la economía, para realmente desatar las fuerzas productivas".
Al 2021 Díaz-Canel lo describió como un año de "pérdidas y duros aprendizajes, pero también de victorias". Invitó a los ciudadanos a emprender el 2022 con "optimismo y alegría", enfatizando la necesidad de trabajar juntos para construir un futuro mejor.
Este mensaje generó indignación en muchos cubanos, quienes consideraron que no reflejaba la realidad de escasez y represión que vivían.
En su discurso de fin de año del siguiente período, el mandatario calificó el 2022 como uno de los años "más desafiantes" en la historia del país y advirtió que el 2023 podría ser aún más difícil. A pesar de ello, llamó a los cubanos a enfrentar los desafíos con pasión y determinación, reiterando la importancia de la unidad y la resistencia creativa.
Para el final de ese año no fue diferente. Díaz-Canel instó a los cubanos a "entrarle al 2024 con toda la pasión y la alegría", culpando al embargo estadounidense de las dificultades actuales y repitiendo consignas optimistas similares a las de años anteriores.
Sin embargo, la realidad cotidiana de los ciudadanos, marcada por la escasez y la crisis económica, contrastó fuertemente con su mensaje.
Sus palabras no han cambiado a lo largo de 2024. En este año el mandatario reconoció en varias ocasiones la dureza del año, afirmando que "prácticamente vivimos al día" y apelando a la "resistencia creativa" como solución a los problemas, sin ofrecer concretas para resolver las dificultades estructurales de la economía cubana.
En diciembre de 2024, durante la clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Díaz-Canel afirmó que los cubanos son héroes que están "en la lucha y sin llorar", eludiendo la responsabilidad de su gobierno en la crisis e ignorando la situación que padece el pueblo.
Horas antes de finalizar el año, el gobernante compartió un mensaje de felicitación empleando su retórica “revolucionaria” habitual, desconectada de la triste realidad del pueblo cubano.
En la red social X, Díaz-Canel calificó al pueblo como “compatriota”, lo felicitó por su supuesto “heroísmo” y afirmó que “vencieron” en 2024, un año marcado por indicadores económicos desastrosos, que reflejan la profundización de la crisis que asfixia a Cuba y a sus ciudadanos.
La desconexión entre los discursos de Díaz-Canel y la realidad que viven los cubanos también ha generado una creciente frustración social. Lo que parece claro es que, mientras no se produzcan transformaciones profundas en la economía y la política de la isla, las palabras del mandatario seguirán siendo vistas como parte de un ciclo de expectativas que no logra materializarse en prosperidad real para el pueblo.
Archivado en:
