El absurdo de ser vanguardia en Cuba: Premios mediocres por un sacrificio inútil



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Tienda Fin de Siglo, La Habana Foto © CiberCuba

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En la década de 1990 ser "vanguardia" significaba algo valioso para muchos trabajadores cubanos que todavía creían en los discursos del Estado, y estaban convencidos de que la crisis en el país se debía a la caída del campo socialista.

Muchas personas confiaban en que Cuba podría superar la difícil etapa económica y abrirse camino sola en el mundo. 

Sin embargo, el Período Especial dejó al descubierto un país donde la mayor aspiración de un trabajador era recibir un diploma, un apretón de manos de algún burócrata y el derecho a comprar en una tienda estatal un reducido número de artículos de primera necesidad como ropa, zapatos o electrodomésticos.

Uno de los símbolos más surrealistas de esa época fue la tienda "Fin de Siglo" y sus departamentos dedicados a la venta para trabajadores vanguardias.

Los cubanos vanguardias en Fin de Siglo

Los sindicatos le entregaban a los mejores trabajadores del país un ticket con el que iban a la tienda elegida en sus provincias y tenían acceso a comprar algunos artículos. El pago era en moneda nacional y a pesar de que era mercancía de baja calidad, los precios no eran precisamente baratos.

Había una gran escasez en el país y una inflación sin precedentes. El trabajador vanguardia muchas veces terminaba comprando en aquellas tiendas cosas que no era ni de su agrado, ni de su talla, pero no se podía dar el lujo de perder la "oportunidad", el "premio" que le daba el gobierno.

Entre las tiendas para vanguardias quizás la más conocida fue "Fin de Siglo". Existe un documental homónimo (1992) donde el procedimiento de estímulo a los trabajadores socialistas quedó magistralmente registrado por Madelin Waterlet y Simon Saleski.

La tienda Fin de Siglo está en el Boulevard de San Rafael, esquina a Águila, en Centro Habana. Fue fundada en 1897 por empresarios gallegos radicados en Cuba y su fama fue tan grande que se convirtió en la inspiración de los almacenes españoles que se conocen mundialmente como "El Corte Inglés".

El centro comercial fue nacionalizado en la década de 1960, y en el Período Especial se convirtió en un mercado exclusivo para los vanguardias, esos “héroes del trabajo socialista” que, en lugar de acceder a bienes básicos por derecho, debían ganárselos como premios por su obediencia y sacrificio.

"Fin de Siglo" no duró muchos años con esos servicios. Poco a poco la devaluación del peso cubano fue tal que la oferta desapareció de las tiendas estatales.

Los vanguardias comenzaron a ser estimulados con televisores Atec-Panda, con ollas eléctricas, o vacaciones en hoteles, pagadas en moneda nacional pero a unos altos precios.

Los vanguardias cubanos en el nuevo siglo

Lo que en los 90 se presentaba como un "privilegio" en la actualidad no le importa a nadie. ¿Quién quiere ser vanguardia en 2025? ¿Para qué? Han pasado 30 años y Cuba está peor que en el Período Especial.

En un país que se desmorona, empobrecido y con una economía dolarizada, ya nadie quiere trabajar con el Estado, ni ser vanguardia, ni dirigir empresas, ni comprometerse con quimeras socialistas. El foco de los cubanos está puesto en obtener dólares para gastarlos en comida y sobrevivir.

El reconocimiento social se ha evaporado junto con cualquier esperanza de que el esfuerzo individual signifique algo, en un sistema que premia la disciplina, la resignación, no el talento, ni la productividad.

La gente ya no compite por diplomas ni por medallas, sino por irse del país, por lograr que alguien les ponga una recarga, les pague un boleto de avión, o les envíe un paquete de comida desde el extranjero.

Nadie quiere pagar el Sindicato, ni se emociona por ser el "trabajador destacado del mes" porque pasan los años y todo sigue igual. La gente se cansó de las migajas del Estado.

Lo surrealista del régimen cubano ha sido su macabra manera de convertir derechos básicos en trofeos de consolación para los trabajadores. Ropa, zapatos, electrodomésticos... cosas que deberían estar al alcance de todos, transformadas en premios ridículos para quienes intentaron sacar adelante un país.

En Cuba, ser vanguardia nunca fue un privilegio. Es un recordatorio de lo poco que el gobierno está dispuesto a dar a cambio de todo lo que te exigen, de todo lo que te quitan, de la vida que te han robado.

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