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El recluso Ramón Alayo Anglada, conocido como “Palmita”, falleció el pasado miércoles en la prisión de Boniato, en la provincia de Santiago de Cuba, según denunció la organización independiente Cubalex.
El prisionero cubano, que se encontraba en el destacamento 11, llevaba varias semanas solicitando asistencia médica por una masa visible que tenía en el lado derecho del cuello, pero nunca obtuvo respuesta de las autoridades.
El reporte de Cubalex precisa que, por el agravamiento de su situación, fue trasladado el 17 de marzo al hospital Ambrosio Grillo, en el poblado de El Cobre, y allí falleció el miércoles 19 de marzo. Hasta el momento, las autoridades no han revelado las causas oficiales de su muerte.
Cubalex enfatizó que no se trata de un caso aislado, pues en fechas recientes otros reclusos han muerto sin haber recibido atención médica para salvar su vida.
En lo que va de 2025, la organización ha registrado al menos nueve muertes en la prisión de Boniato. En el reclusorio, considerado el más peligroso para las vidas de los presos en la Isla, los cubanos se exponen al hacinamiento, la desnutrición, la falta de atención médica y las condiciones insalubres.
El 1 de marzo trascendieron los decesos de Giovanis Ferrer Verdecia, de 46 años, y de Israel Cabrera, en “condiciones inhumanas”.
Estas personas privadas de libertad están bajo la custodia directa del Estado, por lo cual las autoridades penitenciarias son responsables de garantizar su vida, integridad y acceso a servicios básicos como la salud y la alimentación, según destacó Cubalex.
Es por ello que la muerte de un recluso no constituye un accidente, sino una "grave violación de derechos humanos y de una falla institucional que debe ser investigada y sancionada".
En Boniato ocurrió la muerte de los presos Giovanis Ortega e Irai Nieto, a inicios de febrero, presuntamente debido a desnutrición extrema y abandono, en el destacamento No. 2 del penal de Boniato, conocido como el “piso de los bajo peso”, donde los prisioneros enfrentan condiciones de hambre extrema y desatención médica.
Unas semanas después, el recluso del destacamento No. 13 Osbety Girón, de 51 años, perdió la vida a causa de tuberculosis, luego de permanecer varios días ingresado en un hospital. El destacamento fue puesto en cuarentena ante el riesgo de propagación de la enfermedad entre la población penal.
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