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Lo que comenzó como un viaje soñado a una isla paradisíaca terminó convirtiéndose en una amarga experiencia para Daría Shevchenko, una turista rusa de la ciudad de Barnaúl, quien visitó Cuba en febrero junto a su familia.
En declaraciones al medio ruso NGS22.RU, Shevchenko compartió su testimonio sobre las condiciones que encontró durante su estancia de casi dos semanas en Varadero, una de las zonas turísticas más promocionadas del país caribeño.
Entre el paraíso y la realidad
La familia esperaba disfrutar de playas de arena blanca, cócteles tropicales y un ambiente relajado. Sin embargo, según la turista, la realidad fue muy distinta: deficiencias en el servicio hotelero, escasez de alimentos, apagones y edificios en ruinas marcaron su experiencia.
“Siempre viajo con la mente abierta, sin expectativas. Pero la primera noche, después del largo vuelo, me senté a la mesa del buffet y no pude evitar llorar de decepción”, relató Shevchenko.
El primer encuentro con la gastronomía local fue, según cuenta, “bastante pobre”: solo había algunas verduras y pescado. Varias personas del grupo de turistas, incluso, se fueron a dormir sin cenar. En los días siguientes, la situación mejoró ligeramente: el desayuno ofrecía huevos, salchichas, panqueques y, para alivio de muchos, helado ilimitado con diversas coberturas.
Escasez, tarjetas de racionamiento y contrastes sociales
Shevchenko también describió con asombro la situación en las calles y tiendas de la isla: edificios deteriorados, barrios marginados y estantes vacíos en los comercios.
“Las tiendas estaban prácticamente vacías. Lo poco que había se entregaba por cartillas de racionamiento. No encontramos ni helado ni chocolate. Solo algunas latas de conservas o paquetes de salchichas, si había suerte”, explicó al citado medio.
Además, señaló que productos básicos como medicinas, toallas sanitarias, tampones y pantimedias son difíciles de conseguir y muy valorados por la población local.
Frente a la escasez generalizada, Shevchenko notó que los trabajadores del sector turístico viven en condiciones algo mejores, gracias a las propinas y regalos que reciben de los visitantes. “Nosotros dejábamos chocolates y sandalias al personal del hotel, y ellos lo agradecían mucho”, contó.
Lo positivo: el mar, los delfines y la calidez de la gente
Pese a las carencias, la familia destacó varios aspectos positivos del viaje: la amabilidad de los cubanos, la música y el baile diario, y sobre todo, la experiencia de nadar con delfines, que fue un momento inolvidable tanto para adultos como para niños.
También disfrutaron de las playas tranquilas y casi vacías de Varadero, con aguas cálidas y cristalinas. “Era como leche tibia”, describió la turista. El clima agradable, sin frío ni excesivo calor, fue otro punto a favor.
No obstante, las nubes de mosquitos al anochecer se convirtieron en una molestia diaria. A pesar del uso de repelentes y espirales antimosquitos que entregaba el hotel, Shevchenko afirmó que muchas noches resultaron insoportables.
Un viaje costoso para una experiencia agridulce
El viaje a Cuba tuvo un costo total de 415,000 rublos (aproximadamente 4,500 dólares), incluyendo alojamiento en régimen todo incluido, excursiones y vuelos con escalas.
Aunque la familia valoró algunos momentos del viaje, Shevchenko concluyó que Cuba no es un destino ideal para viajeros exigentes, debido a las limitaciones y las condiciones actuales del país.
“Cuba es una isla de contrastes: gente alegre y amable, pero viviendo entre la ruina y la escasez”, resumió en sus declaraciones al citado sitio de prensa ruso.
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