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La crisis estructural que atraviesa Cuba ya no solo golpea a los ciudadanos de a pie. También está arrastrando a grandes inversionistas extranjeros, en particular a empresas canadienses que durante décadas apostaron por la isla y hoy enfrentan un escenario marcado por deudas millonarias, apagones constantes y un creciente riesgo político.
Un reportaje de CBC News advierte que estas compañías podrían sufrir pérdidas significativas en medio de un deterioro económico acelerado, donde incluso se menciona la posibilidad de expropiaciones y demandas legales que pondrían en jaque sus operaciones.
Mientras el régimen intenta sostener el discurso de estabilidad, la realidad económica dibuja otro panorama.
Canadá, históricamente uno de los principales socios comerciales de Cuba, ha comenzado a tomar distancia. Ottawa ya alertó a sus empresas sobre los “riesgos de pago” derivados de una crisis de liquidez persistente, y la Corporación Comercial Canadiense (CCC) cerró a inicios de 2026 su programa de apoyo a negocios en la isla, tras reconocer el “creciente riesgo financiero y el deterioro de las condiciones económicas”.
El golpe es particularmente visible en sectores clave como el turismo y la minería. Hoteles gestionados por empresas canadienses operan en medio de apagones, escasez de alimentos y servicios deficientes, en un país donde el turismo no logra recuperarse tras la pandemia. “El entorno operativo está al borde del colapso”, advirtió la investigadora María Werlau, citada por CBC News.
La situación no es mejor en la minería. La empresa Sherritt International, que explota la mina de níquel de Moa —una de las mayores del mundo—, acumula una deuda de al menos 344 millones de dólares por parte del Estado cubano.
El pasado 17 de febrero, Sherritt suspendió temporalmente la extracción en Moa por falta de suministro de combustible notificado por las autoridades cubanas, entrando en modo de mantenimiento.
Desde meses antes, Sherritt ya había reconocido desafíos operativos significativos derivados de la crisis económica, la escasez de divisas y los problemas energéticos. La producción de níquel y cobalto en 2025 cayó por debajo de los niveles del año anterior y de las previsiones iniciales, afectada por la crisis energética, retrasos en insumos y los daños del huracán Melissa en octubre de 2025.
Para estabilizar sus finanzas, la empresa completó en abril de 2025 una reestructuración de deuda que extendió vencimientos hasta noviembre de 2031 y redujo su carga en 68 millones de dólares.
El contexto estructural agrava aún más el panorama. A finales de 2025, el régimen cubano formalizó el congelamiento de las cuentas bancarias en divisas de todas las empresas extranjeras, impidiendo retiros y transferencias al exterior. La medida afecta a 334 negocios con inversión extranjera directa, incluidos 56 con capital íntegramente foráneo.
"No hay claridad. Nadie conoce las reglas", resumió un inversor citado por The Economist. Se sospecha que el régimen redirige esos fondos para financiar importaciones ante la iliquidez absoluta del sistema bancario.
Pero el problema va más allá de lo económico. El riesgo político comienza a imponerse como la mayor amenaza. Muchas de estas inversiones están vinculadas a propiedades expropiadas tras la revolución, lo que abre la puerta a reclamaciones legales, especialmente en un contexto donde Estados Unidos podría influir decisivamente en cualquier transición futura en la isla.
A esto se suma la exposición de estas empresas a posibles demandas por explotación laboral y daños medioambientales, derivadas de prácticas estructurales del sistema cubano, como la retención estatal de salarios a trabajadores contratados por compañías extranjeras.
En paralelo, el régimen insiste en atribuir la crisis al embargo estadounidense, mientras crecen las voces que señalan la ineficiencia interna y décadas de mala gestión como causas centrales del colapso.
Para muchos analistas, el mensaje es claro: la crisis cubana ha entrado en una fase donde ya no solo expulsa a su gente, sino también a quienes apostaron por hacer negocios bajo un sistema que ahora muestra signos evidentes de agotamiento.
Preguntas Frecuentes sobre la Situación de las Empresas Canadienses en Cuba
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¿Por qué las empresas canadienses enfrentan dificultades en Cuba?
Las empresas canadienses enfrentan dificultades en Cuba debido a la crisis económica y energética que atraviesa la isla. Esta situación ha generado problemas como deudas millonarias, apagones constantes y el riesgo de expropiación. Además, el congelamiento de cuentas bancarias y la falta de claridad en las reglas del juego agravan el panorama para las inversiones extranjeras.
¿Cuál es el impacto de la crisis energética en el sector minero de Cuba?
La crisis energética ha obligado a la suspensión temporal de operaciones en la mina de níquel de Moa, explotada por Sherritt International. La falta de suministro de combustible y los problemas energéticos han afectado significativamente la producción de níquel y cobalto, vitales para la economía cubana. Este escenario ha llevado a una caída en la producción y a desafíos operativos para la empresa canadiense.
¿Cómo afecta la crisis cubana al turismo desde Canadá?
La crisis cubana ha provocado la cancelación de vuelos y el cierre de hoteles, impactando severamente el turismo desde Canadá. Aerolíneas como Air Canada y WestJet han suspendido vuelos debido a la escasez de combustible, lo que ha afectado el flujo de turistas canadienses, quienes representan un porcentaje significativo del turismo en la isla.
¿Qué riesgos políticos enfrentan las empresas extranjeras en Cuba?
Las empresas extranjeras en Cuba enfrentan riesgos políticos como la expropiación y reclamaciones legales. Estos riesgos están asociados a propiedades expropiadas tras la revolución y a la exposición a demandas por explotación laboral y daños medioambientales. La situación política y económica actual incrementa la incertidumbre para las inversiones extranjeras en la isla.
¿Qué medidas ha tomado Canadá frente a la crisis en Cuba?
Canadá ha alertado a sus empresas sobre los riesgos de pago y ha cerrado su programa de apoyo a negocios en Cuba. Además, el gobierno canadiense evalúa la posibilidad de enviar ayuda humanitaria debido a la crisis energética y económica que enfrenta la isla. Sin embargo, la cautela predomina ante las tensiones geopolíticas y las restricciones impuestas por Estados Unidos.
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