Prohíben histórica procesión del Cristo de la Humildad en Trinidad



Procesión en Trinidad en septiembre de 2024 (Imagen referencial) © Facebook / Lester Rafael Zayas Díaz
Procesión en Trinidad en septiembre de 2024 (Imagen referencial) Foto © Facebook / Lester Rafael Zayas Díaz

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Este artículo es de hace 1 año

El régimen cubano ha vuelto a dejar clara su postura autoritaria y hostil contra la libertad religiosa al prohibir la procesión del Cristo de la Humildad y Paciencia en Trinidad, Sancti Spíritus, una tradición con más de 100 años de historia profundamente arraigada en la devoción popular del pueblo.

La negativa, denunciada con firmeza por el sacerdote Lester Rafael Zayas Díaz, revela una vez más la sistemática represión contra las expresiones públicas de fe que no se ajustan a los dictados ideológicos del Partido Comunista.

El sacerdote, al frente de la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, denunció en una valiente publicación en Facebook el atropello de las autoridades, cuya respuesta estuvo llena de argumentos contradictorios y falsos.

Captura de Facebook / Lester Rafael Zayas Díaz

El régimen alegó que la procesión "no es costumbre en Trinidad" -aunque ha existido por más de un siglo- y que la solicitud fue tramitada fuera de plazo.

Sin embargo, Zayas Díaz dejó claro que el pedido fue hecho con 58 días de antelación, superando por casi un mes el requisito oficial de 30 días, y señaló que fue la negligencia de las autoridades la que impidió su tramitación.

El gobierno no solo ignoró la solicitud, sino que, mientras cientos de feligreses esperaban para salir a la calle, llenó el parque frente a la Iglesia de agentes de vigilancia vestidos de civil y otros con motos sin matrícula, una amenaza que dejó claro el verdadero temor del Estado: no a un tumulto ni a un desorden, sino al poder de la fe y su capacidad de convocar.

Zayas Díaz, conocido por su compromiso pastoral y sus mensajes críticos pero profundamente humanos, calificó el hecho de "atropello irresponsable" y de acto que "laceró la dignidad" de la comunidad creyente.

Más que un trámite, una humillación

La negativa de las autoridades no solo representa un atropello a una manifestación centenaria de fe católica, sino que profundiza la desconfianza entre la Iglesia y el Estado en un país que sigue criminalizando la espiritualidad fuera del dogma oficial.

Zayas no se quedó en la denuncia burocrática.

Fue más allá: cuestionó el trasfondo político de esas decisiones y el doble rasero de un gobierno que promueve fiestas como el Canchacharazo: un festival improvisado en honor a una bebida alcohólica repleto de ruido, vulgaridad y propaganda, sin raíces culturales en Trinidad y que sin embargo recibe todo el respaldo oficial con logística y promoción.

Mientras, se reprimen las expresiones públicas de fe, incluso aquellas profundamente arraigadas en la historia y cultura del pueblo cubano.

"Negar el ejercicio de un derecho atenta en definitiva contra todos los derechos, y esto hace injusta a una sociedad", escribió Zayas en un texto que rápidamente se viralizó.

¿De qué tiene miedo el poder?

La pregunta que sobrevuela todo este escándalo es la misma que planteó Zayas en su carta: ¿Qué hubiera pasado si se hubiera realizado la procesión? Nada, probablemente. Un pueblo rezando, cargando una imagen, afirmando su fe.

Pero para un régimen que necesita el control total del espacio público y simbólico, incluso una expresión de devoción puede parecer subversiva si no está controlada desde el poder.

En su reflexión, Zayas eligió un versículo poderoso para titular su carta: "Es horrendo caer en manos del Dios vivo" (Hebreos 10,31). Con estas palabras no solo interpela a sus feligreses. Es un recordatorio directo a quienes hoy, desde las oficinas del poder, pisotean derechos con la arrogancia de quienes se creen impunes. Porque el silencio y el miedo que siembran no durarán para siempre.

Hoy, ese "Dios vivo" al que temen no es el que reprime ni el que vigila. Es el que camina en los pasos frustrados de una procesión negada, el que arde en las gargantas de quienes no pudieron cantar, y el que sostiene, en la oscuridad de la injusticia, la luz invencible de la fe.

Más de un siglo de fe vs. censura de Estado

La procesión del Cristo de la Humildad es una tradición centenaria que solo fue interrumpida tras el triunfo de la Revolución, cuando el Estado cubano emprendió su cruzada ideológica contra la religión.

Aunque en los últimos años se había logrado, al menos parcialmente, recuperar ciertas manifestaciones litúrgicas en espacios públicos, la reciente oleada de prohibiciones demuestra que el rechazo hacia la Iglesia católica sigue siendo una constante del aparato de poder cubano.

Este nuevo caso no es aislado. Por segundo año consecutivo, el gobierno prohibió la realización del Solemne Viacrucis del Domingo de Ramos en El Vedado, La Habana, una actividad organizada por la Vicaría de la Arquidiócesis.

El mismo padre Zayas informó de la suspensión, alegando que las autoridades simplemente no aprobaron la solicitud, como ya ocurrió en 2024 con el Santo Entierro, también en El Vedado.

No es nuevo. El régimen cubano ha temido históricamente todo lo que no puede domesticar: el arte libre, la prensa independiente, los derechos humanos… y también la religión, cuando se vive con libertad y sin miedo. Porque la fe, como la dignidad, no se encierra en una sacristía ni se apaga con motos sin chapa.

La represión contra las manifestaciones religiosas ha sido una constante en los últimos años. La Iglesia Católica en Cuba ha enfrentado burocracia, vigilancia, amenazas y negaciones sistemáticas a sus intentos de visibilizar su fe en el espacio público.

En 2019, por ejemplo, se reportaron prohibiciones similares en Camagüey y Holguín, y en 2021, el Relator Especial de la ONU sobre Libertad Religiosa alertó que la legislación cubana permite penalizar la práctica religiosa, especialmente cuando no está alineada con los intereses del Estado.

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