Sacerdote cubano Alberto Reyes: "Somos un país en bancarrota y sin voz para los más pobres"



Sacerdote cubano Alberto Reyes Foto © Captura de video de YouTube de Martí Noticias

Este artículo es de hace 1 año

El sacerdote Alberto Reyes Pías denunció en su cuenta de Facebook lo que calificó como una "espiral de la miseria" en Cuba que arrastra a un número creciente de personas hacia una situación límite, marcada por el hambre y la desprotección.

En un mensaje cargado de crudeza, Reyes, reconocido por su postura frontal a la dictadura castrista, asegura que la pobreza estructural se ha extendido por todo el país, mientras el hambre se hace cada vez más presente.

El párroco camagüeyano denuncia que muchos cubanos trabajan durante meses sin recibir pago alguno, en especial en el sector agrícola, mientras otros -trabajadores y pensionados- se ven forzados a cobrar su salario en tarjetas que los bancos no pueden convertir en efectivo.

La situación, apunta, no solo afecta a los más pobres: incluso quienes tienen ahorros en divisas enfrentan restricciones para acceder a su dinero, en una especie de "corralito financiero" donde los bancos admiten que no tienen cómo entregar la moneda dura depositada.

"Somos un país en bancarrota", afirma Reyes sin rodeos, alegando que la planificación socialista prometida en ridículos discursos del pasado fracasó en su propósito de garantizar prosperidad.

En su análisis, el sacerdote señala a la falta de libertades económicas como causa profunda del estancamiento nacional. "Olvidamos que cuando un país respeta la libertad de sus ciudadanos para intervenir en la economía, cuando las personas de a pie progresan, entonces el país tiene recursos para avanzar", escribió.

A continuación, CiberCuba comparte el texto íntegro de la publicación.

"He estado pensando… (108) por Alberto Reyes Pías

He estado pensando en la espiral de la miseria

Hace muchos años, en una peregrinación al santuario del Cobre, a pie desde Bahía de Nipe, fuimos acogidos en un poblado. Me tocó quedarme con un matrimonio tan acogedor como pobre.

Esa noche, sólo tenían para comer un poco de arroz y unos pescaditos escuálidos que el señor de la casa había logrado pescar esa misma tarde.

Fue la primera vez que comprendí lo que significaba 'miseria insuperable'. Fue la primera vez que entendí que hay personas que nunca podrán salir de la miseria mientras no se produzca un cambio social, un cambio de estructuras, un cambio de sistema.

Han pasado los años, y esa experiencia se ha ido repitiendo una y otra vez, haciéndose más frecuente con el paso del tiempo. Podría hacer una lista interminable de nombres: nombres de poblados enteros, de barrios, de personas… nombres que llevan sobre sí la carga del hambre, de la desprotección, de la vulnerabilidad silenciosa, esa de la que nadie habla porque en su miseria insuperable no tienen ni siquiera una voz que los defienda, una imagen que mostrar al mundo que los ignora.

Y a esta situación ya precaria de por sí, se une ahora el impago a tantos trabajadores, sobre todo de la agricultura. Meses y meses trabajando sin cobrar, aferrados a una promesa de pago que no llega.

Algo parecido pasa con trabajadores y pensionados, obligados a recibir su dinero en una tarjeta que los bancos no pueden convertir en efectivo, mientras la vida sigue y el hambre se hace cada vez más parte de esa vida.

Pero tampoco los más favorecidos están exentos de esta tragedia.

Hemos entrado ya en la lista de países que han aplicado el 'corralito', donde la moneda 'dura' depositada en los bancos ya no puede extraerse, donde oficialmente tienes dinero fuerte en tu cuenta pero los bancos te dicen que no pueden dártela, y no pueden porque esa moneda ya no está allí, alguien que debía ser tu garante, que debía custodiar tu dinero, se lo ha llevado, y los bancos no tienen cómo reponerlo, y sólo pueden ofrecerte un cambio desventajoso o una promesa de devolución que puede ser eterna.

Somos un país en bancarrota, donde el cerco se cierra cada vez más sobre los más vulnerables, sobre aquellos que no tienen quienes los sostengan con una ayuda externa.

Captura de Facebook / Alberto Reyes

Muy atrás quedan aquellos ridículos discursos donde nos hipnotizaban con la seguridad de la 'planificación socialista', aquella que impediría toda carencia mientras nos sentaríamos a mirar cómo el liberalismo hundiría para siempre a los que no eligieron el camino socialista.

Tal vez identificamos erróneamente liberalismo con libertad, tal vez no tuvimos en cuenta que los gobiernos no producen riquezas, que las riquezas las producen los ciudadanos, y que los ciudadanos necesitan libertad para poder producir. Olvidamos que cuando un país respeta la libertad de sus ciudadanos para intervenir en la economía, cuando las personas de a pie progresan, entonces el país tiene recursos para avanzar y salir adelante, ofreciendo todos los puentes posibles para abandonar la miseria".

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