El régimen cubano celebró este miércoles, con escasa asistencia popular, el 64 aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, en un acto encabezado por Miguel Díaz-Canel en la emblemática esquina de 23 y 12, en el Vedado habanero.
En el evento, que tuvo lugar al amanecer, participaron altos dirigentes del Partido Comunista y el gobierno, además de funcionarios militares y civiles. Según imágenes difundidas por la cuenta de la Presidencia de Cuba y el propio Díaz-Canel en redes sociales, la asistencia fue visiblemente reducida, lo que contrasta con la magnitud simbólica que las autoridades otorgan a esta fecha.
“La Habana. A 64 años de aquel histórico amanecer en 23 y 12, testigo de importantes acontecimientos, el presidente Díaz-Canel encabezó el acto por el aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución Cubana”, publicó la cuenta oficial de la Presidencia.
Por su parte, el mandatario escribió: “Hace 64 años, en esta misma esquina de 23 y 12, el pueblo enardecido, fusiles en alto, junto a Fidel, juró defender la patria socialista de la inminente invasión. También es el Día del Miliciano y del Partido Comunista de Cuba. Unidad fue el principio fundacional y es la clave hoy”.
Rechazo ciudadano y crisis de legitimidad
A pesar del esfuerzo propagandístico por proyectar unidad y respaldo popular, el acto se enmarca en un contexto de creciente descontento ciudadano y de desgaste de la narrativa oficial. Las imágenes del evento, que muestran una audiencia limitada y en su mayoría integrada por funcionarios, reflejan un vacío simbólico difícil de ocultar.
Este tipo de actos ha sido objeto de fuertes críticas en redes sociales, especialmente tras la convocatoria a la "Marcha del Pueblo Combatiente" en diciembre pasado. En aquella ocasión, miles de cubanos expresaron su indignación por lo que percibieron como una maniobra política desconectada de la realidad del país, afectado por una aguda crisis económica, apagones constantes y una alarmante escasez de alimentos.
En respuesta a la convocatoria de esa marcha, ciudadanos afirmaron que se trataba de una puesta en escena obligatoria. “Van con hambre y desesperanza. A esa marcha solo asisten los obligados”, fue uno de los muchos mensajes que circularon entonces.
Aunque las autoridades cifraron la participación en medio millón de personas, análisis independientes y testimonios en redes sociales estimaron una concurrencia mucho menor, lo que puso en duda la credibilidad de los datos oficiales y avivó las denuncias sobre manipulación propagandística.
Una narrativa que pierde fuerza
La conmemoración de este 16 de abril parece seguir el mismo patrón. Con recursos limitados y una creciente apatía social, el gobierno cubano enfrenta dificultades para sostener la ilusión de un apoyo masivo. El contraste entre el discurso oficialista y las imágenes reales del evento alimenta el escepticismo de una población cada vez más crítica y menos dispuesta a participar en actos que no resuelven sus necesidades más urgentes.
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