¡Ni el pan se salva! Prensa oficialista denuncia anarquía de precios en La Habana



Panadería de La Habana (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Este artículo es de hace 1 año

La prensa oficialista cubana ha vuelto a descubrir el agua fría en el caos económico cotidiano: esta vez, la periodista Ana Maura Carbó lo evidenció en un artículo titulado “Hablamos de precios… ¿Y el pan?”, publicado en Tribuna de La Habana.

En el texto, Carbó denunció la anarquía de precios en productos agrícolas y panificados en zonas como Alamar, en La Habana del Este.

Aunque señala que hay una ligera tendencia a la baja en algunos productos como el tomate, la cebolla y la col, lo que realmente dispara las alarmas —y la frustración popular— es el comportamiento volátil del precio del pan, un alimento básico en la mesa cubana y en peligro de extinción en unos cuantos hogares.

En su recorrido por el reparto Alamar, Carbó evidencia cómo los precios cambian arbitrariamente en cuestión de días: “Hay un precio para el pan cuando amaneces y una semana después otro; pero no a la baja, más bien aerostático”, ironiza la periodista.

Según relata, los vendedores ambulantes, muchos de ellos con pan elaborado en panaderías estatales y sin condiciones higiénicas adecuadas, ofrecen piezas diminutas, sin gramaje claro ni control de calidad, a precios cada vez más elevados y con una excusa habitual: la harina y los insumos subieron.

La nota también critica que no haya pizarras visibles con los precios, como exige la regulación, y que no exista control efectivo pese a las normativas oficiales que regulan rubros como el pollo, el aceite o la leche.

“Cada quien señala el coste que le conviene”, apunta Carbó, aludiendo a la total ausencia de fiscalización por parte de las autoridades.

Con un tono agudo y sarcástico, la autora compara la situación con la astucia de Odiseo ante el cíclope Polifemo, denunciando la invisibilidad de los responsables.

“Nadie ha osado revisar y poner tope”, dice, señalando la falta de acción del aparato estatal frente a la especulación.

En un país donde la inflación desborda el bolsillo del ciudadano común, la variabilidad del precio del pan —acompañada de su reducción de gramaje y baja calidad— es solo una muestra más de un sistema desbordado, donde ni siquiera los alimentos más esenciales escapan del caos y la improvisación.

Desde septiembre de 2024, la producción y distribución del pan en Cuba ha sufrido un deterioro sistemático que refleja el colapso de la gestión estatal sobre un alimento esencial.

En septiembre pasado, el régimen cubano anunció la reducción del tamaño del pan de la canasta básica, pasando de 80 a 60 gramos, con una rebaja de precio de un peso a 75 centavos.

La medida se justificó por la escasez de harina de trigo y la necesidad de “garantizar el abastecimiento”, aunque las autoridades admitieron posibles atrasos debido a dificultades logísticas y energéticas.

Días después, se viralizaron imágenes en redes sociales denunciando el tamaño ridículo del pan normado, incluso inferior a 50 gramos. La distribución, en provincias como Matanzas, debió realizarse con carretillas y carros eléctricos de ETECSA, lo que evidenció el colapso del sistema de transporte estatal para productos básicos.

A pesar de las inspecciones ordenadas por el Ministerio de la Industria Alimentaria, las críticas persistieron por la mala calidad y peso insuficiente del pan.

En los meses siguientes, la situación no hizo más que empeorar. En marzo pasado, el jefe de producción de la Empresa Cubana del Pan en Matanzas admitió públicamente que solo había pan para un día, y que dependían de envíos urgentes de harina desde La Habana.

A esto se sumaban constantes fallas de combustible, infracciones en el peso de las piezas y una creciente dependencia del mercado informal, donde los precios del pan se disparaban.

Casos extremos marcaron abril. A inicios de mes, se reportó desde Holguín que consumidores recibieron pan con olor y sabor a cucaracha, sin que se ofreciera una explicación técnica creíble.

Este lunes, un usuario de redes sociales denunció que salió en la madrugada a buscar pan en bodegas y regresaban con las manos vacías, frente a un sistema incapaz de garantizar siquiera una unidad diaria por persona.

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