Mientras en Cuba varios ciudadanos enfrentan multas, hostigamiento o incluso prisión por emitir opiniones en redes sociales contra el régimen, el nieto del dictador Fidel Castro, Sandro Castro, ha convertido sus plataformas digitales en una tribuna de burla pública, completamente impune.
En su más reciente “entrega” en Instagram, el joven volvió a provocar indignación al publicar un video en el que habla del supuesto “modo hidropene”, una expresión sin sentido en la que asegura, entre risas y gestos burlones, que se trata de un líquido que altera el cerebro y “y solamente quieres dar pene, pene, pene, pene…”.
El video fue compartido en tono jocoso, como parte del estilo exhibicionista y provocador que ha mantenido en redes.
Lejos de ser una rareza, esta actitud forma parte de una larga cadena de publicaciones en las que Sandro Castro, desde su vida de lujos, fiestas y autos de alta gama, se burla abierta o indirectamente de las carencias del pueblo cubano, mientras se beneficia de su apellido y del blindaje social y legal que le ofrece ser descendiente directo de la familia que ha gobernado la isla por más de seis décadas.
En contraste, en el mismo país donde él difunde su “contenido” sin consecuencia alguna, otros jóvenes han sido condenados por escribir frases en Facebook, por subir una canción crítica o simplemente por compartir memes.
La impunidad de Sandro Castro no solo expone el desequilibrio de poder dentro de Cuba, sino que alimenta el resentimiento social en una nación marcada por la censura, la escasez y el castigo a quien se atreve a pensar distinto.
Su “modo” parece no ser más que el reflejo de una élite desconectada, arrogante y blindada frente a la represión que recae sobre el pueblo.
En una de sus más recientes apariciones, compartió una imagen en Instagram flanqueado por dos hombres con apariencia de guardaespaldas, escribiendo en tono burlón “con los power ranger”, lo que fue interpretado como una nueva provocación desde su posición de privilegio blindada por la impunidad.
Unos días antes, el joven causó indignación al afirmar en redes que si una medicina “puede faltar, que falte”, aludiendo a carencias en el sistema de salud con un tono que ridiculiza las necesidades básicas del pueblo cubano en medio de una crisis estructural.
Este tipo de mensajes se suman a otros contenidos que ha compartido, como una peculiar felicitación a la juventud cubana con frases incoherentes, nuevamente envueltas en su habitual tono de jactancia y desconexión con la realidad nacional.
La constante actitud provocadora de Sandro Castro no es nueva. En semanas previas, continuó alimentando la polémica con publicaciones absurdas o participaciones en tendencias virales donde derrocha cerveza Cristal frente a su bar EFE, ubicado en El Vedado, mientras la población enfrenta apagones y escasez de productos básicos sin mayores alternativas.
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