Olvidado por el sistema, un profesor jubilado recoge latas en Holguín para sobrevivir



La situación de pobreza del profesor jubilado y su familia ha movilizado a exalumnos y vecinos para apoyarlos (imagen de referencia) Foto © 5 de Septiembre

Este artículo es de hace 1 año

Genildo era mucho más que un maestro: fue guía y consejero para generaciones de adolescentes y jóvenes que pasaron por el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) José Martí, en la ciudad de Holguín; pero hoy, jubilado y enfermo, sobrevive recogiendo latas vacías y realizando cualquier labor que le permita llevar algo a casa.

Así lo reveló en redes sociales Saydanys Góngora, exalumna, quien relató el impacto de reencontrarse con su antiguo profesor en medio de la calle: “Lo que vieron mis ojos, por mucho que me esfuerce, no lo puedo describir”.

“Hacia nosotras venía caminando un hombre mayor, ropa y zapatos rotos, un saco en la mano con algo adentro (probablemente latas y pomos vacíos), un pedazo de madera sucia en la otra (simulando un bastón). Era Genildo”, expuso Góngora en una publicación del grupo IPVCE José Martí Pérez en Facebook.

Captura del post en Facebook/IPVCE José Martí Pérez

“También vi desespero y resignación, tristeza, vergüenza”, confesó la exalumna. “Alcancé a saludarlo con un... ¡profe querido! Esquivó la mirada primero y luego me sonrió y solo dijo… aquí, mija, sobreviviendo”.

De acuerdo con el testimonio de Góngora, Genildo y su esposa, la profesora retirada Esther, “recogen latas, hacen de mensajeros, limpian casas, patios, cualquier cosa que les permita comer, viven el diario, como pueden, porque la salud no les permite más”.

Y añadió conmovida: “Viven mal, muy mal. ¡Y dieron tanto! No sé, hermanos, si todos unidos podemos hacer algo por ellos. Ojalá. Lo necesitan”.

Otra exalumna que visitó recientemente la casa de Genildo y pidió reservar su nombre, contó a CiberCuba que la familia “sobrevive el mes entero con unos 5,000 pesos (CUP): la chequera de Esther, su compañera por más de 50 años, es de 1,578; 1,500 la del hijo con discapacidad, y poco más de 2,000 el profe Genildo”.

“Algunos vecinos los ayudan con lo que pueden. Recuerdo que mientras hablábamos, llegó una vecina con un paquetico de café. Más tarde, otra con unos ajíes y unos plátanos burros. Son gestos mínimos que en ese contexto se sienten enormes”, ilustró.

Retribuir todo lo que hizo por nosotros

El drama del profesor Genildo, de 80 años, ha conmocionado a exalumnos, exprofesores y personas que lo recuerdan con admiración. Muchos lo describen como un educador que dejó huellas. Juan Carlos Reynaldo Espinosa escribió: “Tremendo profesor y excelente persona. Siempre lo recuerdo”.

Yosvany Batista lo consideró, además de su profesor, “mi amigo y como un padre… soy de la generación 1997-2000, mi grupo en general ha tratado de apoyarlo de diversas maneras”. Exhortó a reflejar no solo “esta situación sino también la de otros queridos profesores que nos dieron tanto y recibieron poco o simplemente nada, cuenten conmigo y que se sumen otros amigos y estudiantes a esta causa”.

La exalumna Aliuska García Cruz, también de la promoción de 2000, compartió un momento que la marcó: “Me topé al profe Genildo hace ocho años, me mencionó por mi nombre completo y el número del grupo… Lo que hagamos será poco para todo lo que entregó”.

Desde la vecina provincia de Granma, Estela Pérez Guevara expresó: “Estoy dispuesta a ayudar. Por favor, si algo podemos hacer, díganme”, al tiempo que Sara Liz Ricardo Suárez propuso coordinar ayuda colectiva: “Si nos facilitan una tarjeta podemos depositar dinero y visitarlos”.

Mahilen Montaña, otra exalumna, explicó que desde hace más de un año una red de antiguos estudiantes ofrece ayuda económica a Genildo y Esther, mediante algunas compras que llevan a su casa. “Este año celebramos su cumpleaños, sabemos que no es suficiente, pero sí una manera de retribuir todo lo que hizo por nosotros. El profe no está solo, nos tiene a nosotros y a todo el que lo recuerda”, detalló.

Otros comentarios, sin embargo, fueron más allá al señalar uno de los problemas que gravitan sobre centenares de miles de personas adultas mayores en Cuba. Maribel González Calzadilla criticó las jubilaciones miserables que tienen muchos: “Da pena, vergüenza, lástima que ahora sean indigentes estafados”.

En sintonía, Yanelys Castellano Elías aseguró que “todo lo que viven los jubilados es penoso, después de aportar a la sociedad lo mejor de su persona, se les paga con esa ingratitud, que sean abandonados a su suerte porque no pueden tener una jubilación digna”.

Yasmani MP y Harley Finalé Blanco fueron más duros. “La ‘revolución’ los explota y luego los desecha”, escribió el primero mientras que el otro apostilló: “Eso se llama Comunismo… Resultado de dar toda tu vida al magisterio por un sueldo miserable y por un retiro aún peor, Fidel los engañó y estafó a todos, con promesas de un mejor mañana… y dejó a la gente como Genildo que dieron toda su vida por una causa con las manos vacías”.

Entre la escasez y la desesperanza

Según datos oficiales publicados en octubre pasado, el 39% de los jubilados en Cuba recibe la pensión mínima de 1,528 CUP mensuales, equivalentes a unos cuatro dólares al cambio informal.

En el contexto de inflación galopante, escasez y encarecimiento de productos básicos, esa cifra no cubre ni una dieta mínima: una libra de arroz (200 CUP), una libra de frijoles negros (300 CUP), tres huevos (100 CUP cada uno), un paquete de picadillo (600 CUP) y dos dientes de ajo (40 CUP). De hecho, un kilogramo de leche en polvo puede costar hasta 1,800 CUP.

En febrero, el escritor cubano Eider Matos narró el encuentro con una anciana en La Habana que le confesó que su pensión de maestra no le alcanzaba “ni para el lujo de comer tomates”.

Hace un año trascendió el caso de dos ancianos cubanos que viven en extrema pobreza, también en la provincia de Holguín.

Miles de jubilados, sin apoyo del exterior ni recursos adicionales, recurren a buscar en la basura, recolectar materias primas para subsistir o dependen de la caridad de los transeúntes.

En fechas recientes, la prensa oficialista se ha referido a la creciente cantidad de mendigos en las calles, pero en vez de reconocer la parte de responsabilidad gubernamental en el crecimiento exponencial de la pobreza en Cuba, el régimen ha optado por trasladar tal responsabilidad a las familias cubanas.

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