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El escritor Eider Matos denunció la grave crisis que viven los jubilados cubanos, con pensiones de menos de cinco dólares al mes y muchas veces sin familiares que les ayuden a sortear la escasez y la inflación en la isla.
En un post de Facebook el internauta, quien ha hecho numerosas críticas a la situación del país, contó que se encontró en el barrio habanero de Santos Suarez con una anciana que, con lágrimas secas en su rostro y un monedero vacío, le confesó que su pensión no le alcanzaba ni para lo más básico.
“Mi pensión de maestra primaria no alcanza para esta el lujo de comer tres simples tomates”, le dijo mientras aceptaba una ayuda de $100 pesos.
Esta escena, que parece una triste cotidianeidad, revela la dura realidad que enfrentan muchos jubilados cubanos en un contexto de crisis económica y creciente inflación.
A pesar de haber dedicado toda su vida a la enseñanza, esta mujer, ahora de 79 años, vive con una pensión mensual de apenas 1,528 pesos (aproximadamente 4,5 dólares al cambio actual), explica Matos.
Según datos oficiales, el 39% de los jubilados en Cuba recibe esta pensión mínima, y la situación no es menos grave en las ciudades. En La Habana, cada vez es más frecuente ver a personas mayores revisando la basura, buscando materiales que les permitan generar ingresos adicionales o, simplemente, llegar a fin de mes.
La directora general de Seguridad Social, Virginia Marlene García Reyes, aseguró en una reciente entrevista que el gobierno destina 40 millones de pesos mensuales para cubrir las pensiones, pero estos fondos no logran paliar los efectos de una inflación que sigue superando el 30%.
Mientras tanto, la cifra de jubilados que no pueden permitirse una dieta balanceada crece, sobre todo entre aquellos que no tienen familia en el extranjero que los ayude.
El contexto se complica aún más con la reciente disolución del Instituto Nacional de la Seguridad Social, que ha sido criticado por su descentralización, ya que muchas de estas medidas no hacen más que trasladar la responsabilidad a los municipios, sin ofrecer soluciones claras o efectivas.
En medio de este panorama, muchos jubilados se ven atrapados en un ciclo de pobreza extrema, incapaces de satisfacer ni lo más básico.
Para ellos, las promesas oficiales de mejoras en el sistema de pensiones y ayudas parecen cada vez más lejanas e inalcanzables, mientras la necesidad de cambios urgentes se hace más apremiante.
"Gracias por todo, Maestra", le dijo Eider a la anciana, mientras la acompañaba en su andar lento y titubeante, según relató.
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