Camioneros en Florida reaccionan a orden que exige que hablen inglés: "De que va a afectar, va a afectar"



Camiones en USA (Imagen de referencia) Foto © YouTube Screenshot / CBS Miami

Este artículo es de hace 1 año

Una nueva orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump ha encendido el debate en la industria del transporte al exigir que todos los conductores de vehículos comerciales en Estados Unidos demuestren dominio del idioma inglés como requisito para mantenerse en servicio.

El decreto no introduce un nuevo requerimiento, sino que ordena aplicar de forma estricta una normativa federal ya existente, que exige que los conductores de vehículos comerciales puedan leer y hablar inglés. Según la Casa Blanca, las administraciones anteriores no hicieron cumplir adecuadamente esta exigencia, lo que habría contribuido a comprometer la seguridad vial en el país.

La orden instruye al Departamento de Transporte a implementar una prueba de idioma que evalúe la capacidad de los choferes para leer señales de tránsito y comunicarse con oficiales de seguridad vial, la Patrulla Fronteriza y puestos de control agrícola. Quienes no superen el examen podrían ser retirados de sus funciones.

Además, el decreto ordena una revisión de las licencias comerciales emitidas por los estados, en busca de posibles irregularidades o patrones anómalos.

Preocupación y división en el sector camionero

La medida ha generado reacciones mixtas entre los camioneros del sur de Florida. En declaraciones a CBS News Miami, el conductor Russell Rocha, con 17 años de experiencia, expresó su respaldo a la iniciativa: “Si no puedes leer o entender una señal, eso es peligroso; podría afectarnos a todos.”

Sin embargo, otros transportistas ven la norma como una amenaza injustificada. Yoman Rivera, camionero radicado en Miami con 15 años en el sector, opinó que “es una ley horrible” y advirtió que, aunque tiene limitaciones con el idioma, nunca ha tenido problemas para entender la señalización ni comunicarse con agentes.

Sherry Fairchild, conductora desde hace seis años, señaló que aún no se sabe cuántos trabajadores se verán forzados a abandonar la industria. “Depende de cuántas personas se vean afectadas y de cuántas decidan salir por esta causa”, comentó.

Rivera alertó también sobre las consecuencias para los consumidores: “El consumidor es el que va a sufrir”, apuntó, al prever retrasos en las entregas si disminuye la disponibilidad de conductores. Rocha coincidió en que podría haber demoras significativas en las cadenas de distribución.

Por su parte, Telemundo 51 conversó con otros camioneros que manifestaron inquietud por el impacto de la norma. Miguel Campos expresó que “de que va a afectar, va a afectar.” Hermes Durán señaló que “sí va a traer sus problemas”, especialmente para quienes no dominan el inglés de forma fluida, aunque comprenden lo necesario para operar con seguridad.

El experto en seguridad vial Rigo Díaz, presidente de la consultora Simplex Group, declaró al medio que “va a crear una crisis en el transporte.” Según sus estimaciones, hay actualmente 70,000 vacantes en la industria que no logran cubrirse, y relacionar la seguridad vial con el dominio del idioma sería un error: “Puedes tener un chofer que no domine el inglés y que sea un conductor seguro y profesional.”

Impacto sobre la comunidad cubanoamericana

La comunidad cubanoamericana podría ser una de las más afectadas. Se estima que entre 20,000 y 25,000 camioneros de origen cubano están activos en Estados Unidos, muchos de ellos con dominio limitado del inglés. La exigencia de aprobar una prueba oficial podría representar un obstáculo adicional para su estabilidad laboral.

Uno de los casos que ha sido citado como referente es el de Rogel Lázaro Aguilera-Mederos, un camionero cubano condenado tras un accidente fatal en Colorado en 2019. Aguilera-Mederos necesitó intérprete durante su proceso judicial y su empresa había sido sancionada por emplear conductores sin suficiente dominio del idioma.

Contradicciones en la estrategia federal

La orden ejecutiva también resalta una contradicción en la política de transporte de la administración Trump. Mientras por un lado se promueve el desarrollo de vehículos autónomos y se flexibilizan las regulaciones para su implementación, por otro se refuerzan exigencias para los conductores humanos, lo cual podría dificultar la transición tecnológica.

La industria se enfrenta así a un momento de incertidumbre, en el que miles de conductores, especialmente inmigrantes con dominio limitado del idioma, podrían ver amenazada su permanencia en un sector que ha sido clave para su progreso económico.

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