Cubanas dicen que marcharon el Primero de Mayo porque “así la gente olvida sus problemas”



Cubanas en desfile del Primero de Mayo Foto © Captura de Video/Youtube/TV Yumurí

Este artículo es de hace 1 año

Una cubana que participó en el desfile del Primero de Mayo en la ciudad de Matanzas afirmó que marchar la hizo sentir “super bien”, no por motivos políticos o sindicales, sino porque fue una vía para distraerse de las dificultades cotidianas.

“Veo que las personas no están pensando en sus problemas, están pensando en el trabajo que están haciendo, en lo que está haciendo el país por nosotros”, comentó durante una entrevista transmitida por el canal oficialista TV Yumurí.

Según su testimonio, el ambiente en Matanzas fue festivo y emocional. “Iba con un grupo de jóvenes y había uno que se paró altísimo y dijo: ‘¡Yo desfilo porque me da la gana, porque este es mi país, esta es mi Cuba!’. Eso te llena de júbilo, de alegría, de ver cómo mi pueblo, independientemente de todas las deficiencias y dificultades, sigue para adelante. Porque, mira, ¡somos Cuba!”.

Estas declaraciones han sido celebradas por los medios estatales como ejemplo de patriotismo y compromiso, pero también han suscitado cuestionamientos sobre el verdadero sentido de la movilización. Para muchos, el entusiasmo mostrado no es reflejo del sentir mayoritario, sino una respuesta aprendida en un contexto de control ideológico, miedo al señalamiento o simple evasión emocional.

Otra participante reforzó el discurso oficial al afirmar que la marcha fue una demostración de resistencia frente a las sanciones estadounidenses. “Este año le hemos dado, otra vez más, demostrando el pueblo matancero una contundente respuesta al bloqueo que tenemos en nuestro país”, declaró.

Este tipo de argumentación se inscribe en la narrativa promovida por el régimen, que atribuye la mayoría de las penurias internas al embargo económico. Sin embargo, esa explicación no convence a una parte creciente de la población, que percibe al Estado como el principal responsable de la mala gestión, el estancamiento económico y la represión política.

La idea de que marchar “responde al bloqueo” convierte el desfile en una performance política. En una sociedad donde hay poco margen para disentir públicamente sin consecuencias, esa “respuesta contundente” se ve como una escena dirigida desde arriba, más que como una postura popular genuina.

En sintonía con esta visión, Jorge Luis Broche Lorenzo, miembro del Secretariado y jefe del Departamento Económico Productivo del Comité Central del Partido Comunista, insistió en que la asistencia masiva a la marcha fue completamente espontánea.

“Desarrollar y tú ver expresiones de tanta alegría y de tanta pasión, que salen del corazón de las personas, eso habla por sí solo. ¿Qué obligado va a haber un pueblo en esto? Dice que no van a ir a la marcha, ¡eso está en nuestra sangre, eso está en nuestros corazones!”.

Broche argumentó que la participación es una “actitud consciente”, incluso en medio de las carencias materiales. “Eso se viene para expresar lo que sentimos, cada cual independientemente de las dificultades que tenemos que enfrentar”, sostuvo.

Este discurso, que remite a la épica de la resistencia y al sacrificio voluntario, busca mantener viva la narrativa de un pueblo unido en torno al socialismo. No obstante, puede observarse como un intento de disfrazar una realidad cada vez más insostenible bajo una retórica triunfalista.

El desfile del Primero de Mayo, tradicionalmente una vitrina propagandística del régimen cubano, ha dejado de ser, para muchos, una celebración del trabajo, para convertirse en un ritual obligatorio. Si bien algunos participantes lo viven con entusiasmo sincero, otros acuden por inercia, presión institucional o simplemente para evitar problemas. La exaltación oficial de la alegría y el júbilo contrasta con los testimonios cotidianos de frustración, carencias y hartazgo.

Como hace varios años, el desfile se realizó en medio de una severa crisis económica, marcada por apagones prolongados, escasez de alimentos y transporte colapsado.

El gobierno organizó el traslado masivo de trabajadores y estudiantes para garantizar la asistencia al acto político, a pesar de la falta de combustible que afecta al transporte público. Negarse a participar puede implicar represalias en centros laborales o educativos.

Mientras la televisión estatal mostraba imágenes de banderas ondeando y coreografías ensayadas, miles de usuarios en redes sociales denunciaban la desconexión entre el discurso oficial y la dura vida cotidiana. “Lo único que se respira en Cuba es apagón”, comentó un internauta ante la publicación del mandatario.

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