“Todo el mundo me quiere”, dice Norberto Toledo Crespo con una sonrisa calmada, como quien ha aprendido a ganarse el cariño con acciones: lleva 51 años manejando taxi por los caminos de Cuba, sin intenciones de detenerse.
Eduardo Rodríguez Dávila, Ministro del Transporte, difundió en Facebook la historia de este hombre que comenzó en Holguín, durante el Servicio Militar, donde pasó un curso de chofer-mecánico.

Luego vino la oportunidad que marcaría su destino: la escuela de taxistas de San Diego de los Baños, en Pinar del Río.
“Desde entonces, soy taxista”, afirma sin vacilar, y hoy sigue trabajando para la Agencia de Taxis Viñales.
Cada día, a pesar del desgaste de los años y de los retos del país, Norberto cumple su jornada con la misma filosofía que lo ha acompañado siempre: tratar bien a todos.
“Como taxista, tienes que llevarte bien con el pueblo, para que todo el mundo te quiera”, asegura.
Cuando un cliente entra angustiado o descontento, él sabe cómo tratarlo: “Lo voy acomodando. Entra molesto, pero al final, cuando pasa un ratico, ya es como familia”.
Más allá del volante, Norberto ha sido una mano extendida pues en múltiples ocasiones ha llevado enfermos al hospital sin cobrarles un centavo, gestos de solidaridad que resultan en Cuba, donde la crisis económica creada por el régimen, convierte en escasos estos ejemplos.
“Aunque haya otros 15 taxis, soy yo quien lo lleva. Incluso le doy mi número por si necesita que lo regrese”, cuenta.
Durante años, donó sus propinas al pediátrico de Viñales, a través del sindicato de su agencia: “Lo que me daban de propina, lo entregaba para el hospital infantil”.
Ha recorrido toda Cuba con su taxi, pero lo que más lo marcó fue detenerse en la carretera para ayudar a un anciano o auxiliar en un accidente: “Eso me queda para siempre”.
En 2014, el régimen lo reconoció como Héroe del Trabajo, pero admite que esos “reconocimientos” no les interesa.
Para él, más importante que los galardones es el respaldo de su familia: “Con mi esposa y mis hijos, siempre he tenido apoyo”.
Es ese apoyo el que lo impulsa a seguir adelante: “Quiero seguir rodando, de eso puede estar todo el mundo seguro”.
Norberto tiene claro que los tiempos han cambiado: “La gente está agitada, molesta, con mal carácter… pero no por eso uno los puede ofender ni nada por el estilo”.
Y aunque su vehículo ya ha recorrido más de 830 mil kilómetros y lleva más de una década en explotación, él mismo se encarga de repararlo con sus manos.
“No es fácil. Hay que actualizar los carros, mejorar las condiciones. El servicio que doy ahora no es como el de antes”, admite.
Una historia similar es la de Ricardo Palmero Rodríguez, quien no es un taxista cualquiera. Es un hombre de 68 años que, desde hace casi cuatro décadas, ha puesto su volante al servicio de quienes más lo necesitan: los pacientes de hemodiálisis en Sancti Spíritus.
Su historia, revelada recientemente por el ministro de Transporte Eduardo Rodríguez Dávila en redes sociales, no necesita adornos oficiales para conmover. Habla por sí sola.
En medio de la actual crisis del transporte que padecen los cubanos, también por el triste panorama que se vive en los hospitales del país, este hombre trata de dar algo de consuelo a los pacientes que a diario transporta.
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