Un reportaje de la Televisión Cubana afirma que “la migración externa en Cuba no es un fenómeno reciente ni exclusivo del periodo posterior a 1959” y que el país ha tenido un “saldo migratorio negativo constante desde 1930”.
Sin embargo, la historia desmiente esa narrativa. Antes de 1959, Cuba era un país receptor de migrantes, no emisor. Entre el siglo XIX y mediados del XX, recibió a miles de europeos, principalmente españoles, italianos y franceses, así como a caribeños procedentes de Haití y Jamaica.
La isla fue el refugio de perseguidos políticos, exiliados de guerras europeas y hasta de judíos que huían del nazismo. En 1958, solo unos 125.000 cubanos vivían fuera del país.
En la primera mitad del siglo XX no existía un fenómeno migratorio forzado ni estructural. Los jóvenes marchaban a estudiar a universidades de Estados Unidos y Europa y volvían a casa graduados, para trabajar en su tierra natal. Los cubanos viajaban al exterior y volvían a su país sin limitaciones, ni persecución ideológica.
El verdadero punto de quiebre fue 1959. A partir de ahí, la migración dejó de ser opcional para convertirse en necesidad o escape. El cubano comenzó a emigrar sin la posibilidad de volver, porque el Estado socialista lo prohibía.
El reportaje de la Televisión Cubana menciona olas migratorias como la Operación Peter Pan, Boca Camarioca, el Puerto del Mariel y la Crisis de los balseros en 1994. Ninguno de esos casos fueron "accidentes históricos", sino consecuencias directas de las políticas de Fidel Castro y el Partido Comunista de Cuba.
En palabras del propio reportaje: “1959 marcó un cambio de patrones migratorios, con factores políticos, económicos y la confrontación con Estados Unidos influyendo en la decisión de migrar”.
El régimen ha culpado numerosas veces al gobierno de Washington de "robo de cerebros", pero la realidad es que los cubanos llevan más de seis décadas escapando de la precariedad y la represión política en la isla.
Los datos oficiales son devastadores. Solo en 2024 emigraron más de 251.000 cubanos. A eso se suma que la natalidad cayó a su mínimo en 65 años. El país perdió más de 307.000 habitantes en 12 meses. El gobierno sabe que se agotan sus fuerzas productivas pues el 25,7 % de la población ya supera los 60 años.
Sin embargo, la estrategia de comunicación de las autoridades cubanas no es reconocer errores. El objetivo de la prensa oficialista es minimizar la responsabilidad del gobierno en la crisis demográfica, alegando que la migración masiva no comenzó con la Revolución.
El intento de reescribir la historia ocurre mientras se encarecen los servicios de Internet para que los cubanos en el exterior los financien, una admisión tácita de que millones han huido y el régimen pretende que esas personas sustenten el país con sus remesas y transferencias para los familiares que han quedado atrapados en la isla.
Cuba tiene pendiente un censo de población desde 2012. Los datos que podría arrojar ese estudio el gobierno parece preferir no conocerlos. Mientras, la isla sigue vaciándose aceleradamente y el Estado no ofrece soluciones, ni tiene voluntad política para revertir esta dura realidad.
Miles de familias han quedado fragmentadas por siempre, marcadas por el dolor de emigrar y no poder abrazar nunca más a un hijo, a un padre, a una abuela. Hay miles de cubanos que no pueden volver a su tierra porque serían juzgados por sus ideas políticas.
Cuba no fue siempre un país que se escapa. El castrismo convirtió la salida en el único destino para millones de personas y aún hoy, más de seis décadas después, sigue empujando a su pueblo al exilio.
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