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Apenas acaba de terminar mayo y algunas zonas de costa en Matanzas ya presentan un panorama preocupante: restos de plásticos, latas, nailon y hasta electrodomésticos desechados invaden las arenas, dejando al descubierto la falta de una cultura ambiental efectiva y una gestión responsable de residuos.
Las imágenes se repiten en cada rincón del litoral, desde el río Canímar hasta la conocida como playa de El Tenis, las huellas visibles no son sólo pisadas de veraneantes, sino montones de basura que desentonan con el paisaje natural y exponen a la fauna, la flora y a los propios bañistas a un alto riesgo de contaminación.
“Basta dar una vueltecita por el litoral matancero para lanzarle una patada a una lata, ver volar un nailon de galletas y quién sabe si hasta coincidir con aquel trozo de nevera vieja que alguien desechó y no imaginas cómo”, apuntó un comentario publicado en el periódico oficial Girón.
Mientras algunos justifican el panorama con la “falta de colectores”, lo cierto es que la evidencia apunta a un desdén generalizado por el entorno. La negligencia ciudadana se suma al abandono institucional, dejando al descubierto una alarmante falta de acción efectiva frente a un problema que crece con la misma rapidez que sube el termómetro en el verano cubano.
Datos globales refuerzan la urgencia: cada segundo se arrojan más de 200 kilogramos de plástico a los océanos; cada día, el equivalente a 2,000 camiones repletos de desechos va a parar al mar. Según estimaciones, para 2040 podrían llegar a 29 millones de toneladas anuales.
A nivel mundial se diseñan estrategias, pero en la práctica local, en Matanzas, la realidad parece caminar en sentido contrario.
Según el medio de prensa, preocupa que “a la basura de las costas le espere la misma suerte que a las montañas de suciedad dispersas por la urbe yumurina y sus arterias, por los municipios vecinos”.
Queda por ver si, con el verano en la puerta, las playas seguirán recibiendo turistas y locales con la misma indiferencia con que son tratadas. Porque lo que está en juego no es solo el paisaje, sino la salud colectiva y la dignidad del espacio común.
Organizaciones no gubernamentales, junto con niños y jóvenes voluntarios, sobresalen por promover con regularidad las limpiezas de segmentos de litorales en Cuba, a fin de educar sobre la importancia de proteger el medio ambiente y los ecosistemas marinos, promoviendo mediante actividades de concientización el valor de reducir, reutilizar y reciclar.
La acumulación de basura se ha convertido en un problema recurrente en las ciudades cubanas, con graves implicaciones para la salud pública.
Recientes denuncias en Matanzas alertaron de la crítica situación de insalubridad que enfrentan vecinos de una comunidad, mostrando calles llenas de basura, fosas desbordadas y un basurero colapsado justo al lado de una escuela.
La ciudad de Cienfuegos, considerada por muchos como la más limpia de Cuba, muestra una cara sucia y descuidada cada sábado tras la popular Feria de La Calzada, un espacio de abastecimiento y comercialización que termina convertido en un foco de desechos y abandono.
En Santiago de Cuba, el antiguo Hotel Venus fue convertido en basurero por falta de gestión estatal, en medio del abandono del patrimonio arquitectónico. Mientras, en el Vedado, La Habana, residentes han denunciado la proliferación de focos insalubres incluso cerca del Instituto de Hematología e Inmunología, lo que ha generado plagas de roedores y preocupación por una posible crisis sanitaria mayor.
En el caso de la capital cubana, la llegada de camiones donados por Japón en 2019 ayudó a estabilizar temporalmente el servicio de recogida de desechos durante aproximadamente dos años. Sin embargo, el deterioro gradual de estos vehículos, agravado por la falta de piezas de repuesto, ha vuelto a generar un caos en la recolección.
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